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ABC DOMINGO 29 1 2006 77 FIRMAS EN ABC JUAN SÁNCHEZ SÁNCHEZ JEFE DEL SERVICIO REGIONAL DEL LIBRO, ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS DE CASTILLA- LA MANCHA ramos a los municipios sólo el 68 por ciento de los municipios cuentan con algún tipo de servicio bibliotecario o están atendidos por bibliobuses, mientras que el 38 por ciento de los municipios españoles carece de cualquier acceso a servicios bibliotecarios. El dato es más escalofriante así: más de 3.000 municipios españoles no tienen acceso a servicios bibliotecarios de ningún tipo. Podríamos enunciar el problema de esta forma: a los españoles residentes en pequeños municipios se les sigue negando en muchos casos el derecho a leer y a la información. Pero las ciudades tampoco se salvan de los graves problemas. Muchas localidades, que deben tener una verdadera red de lectura pública que atienda a los ciudadanos de los distintos barrios, cuentan sólo con un centro bibliotecario. Como faltan obligaciones legales precisas y la cuestión de la financiación municipal sigue sin resolverse, encontramos ciudades con planes modélicos de desarrollo del servicio de biblioteca pública junto a casos verdaderamente dramáticos en muchas de las ciudades españolas. Siendo estos indicadores preocupantes, es más grave la falta de una política de Estado para afrontar el reto de las bibliotecas públicas en la actual sociedad de la información y el conocimiento; pero la actual ministra de Cultura, como sus antecesores, mantiene un cierto complejo que le incapacita para ofrecer soluciones estructurales. La Constitución española reconoce el acceso a la cultura como un derecho de todos los españoles (art. 44) y también el derecho a recibir libremente información veraz (art. 20.1. d) o, genéricamente, el derecho a la educación (art. 27) y estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública. Aunque defiendo el Estado de las Autonomías e incluso hay quien proclama que el Ministerio nada tiene que hacer en esta tarea, nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: El Estado tiene competencia exclusiva sobre... la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos... (art. 149.1.1 que incluso podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general... (art. 150.3) Consiguientemente, la ministra de Cultura, que no destaca por iniciativas que puedan dar idea de que el Ministerio va a tener entre sus prioridades una política bibliotecaria acorde con las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, no puede seguir argumentando que este problema compete sólo a las Comunidades Autónomas. La biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos, y al Ministerio de Cultura corresponde abordar un plan coordinado con los gobiernos autonómicos que garantice este derecho al conjunto de la población española. POR UNA POLÍTICA DE ESTADO EN BIBLIOTECAS PÚBLICAS Más de 3.000 municipios españoles no tienen acceso a servicios bibliotecarios de ningún tipo... N los últimos tiempos afloran nuevas desigualdades entre los ciudadanos por motivo de su lugar de residencia. Una de las que menos sale a la luz es la de la biblioteca pública: a pesar de los notables avances experimentados en el desarrollo de servicios bibliotecarios durante las últimas décadas, España presenta un variado mosaico en este servicio público derivado de la inexistencia de una Ley de Coordinación Bibliotecaria que sirva de marco básico para la prestación de servicios de biblioteca pública en el conjunto de nuestro país. Si a esta carencia añadimos la dispar situación de las legislaciones autonómicas y la insuficiente regulación del servicio de biblioteca pública para los municipios, la desigualdad está servida. Y aunque altos responsables públicos insisten en que todos los españoles tenemos los mismos derechos o debemos velar para que todos los españoles tengan los mismos derechos referido normalmente a temas como la educación, la sanidad, la vivienda... son sin embargo pocos los políticos que se pronuncian sobre el derecho de todos los españoles a leer, a informarse, a educarse permanentemente mediante la biblioteca pública. Este desigual gasto, que sitúa a regiones tradicionalmente pobres como CastillaLa Mancha a la cabeza en muchos de los indicadores, refleja las políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a regiones en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica. El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Por ejemplo, en préstamos por habitante, Castilla y León tiene la primacía, con 2,5, mientras que es la cuarta comunidad por gasto en bibliotecas; Castilla- La Mancha es la segunda en préstamo (2,16) y también es la segunda en gasto; Cataluña es la tercera en préstamo (1,726) y la primera en gasto. Igual ocurre si analizamos las actividades culturales de las bibliotecas: con una media del 74 por ciento de bibliotecas que organizan actividades, están en los puestos más altos País Vasco, Cataluña (96 por ciento) Baleares (89 por ciento) Castilla- La Mancha (85 por ciento) y Canarias (84 por ciento) frente a Aragón (63 por ciento) Castilla y León (67 por ciento) y Galicia y Andalucía (ambas con el 68 por ciento) La biblioteca pública, con todas las luces de los últimos años, sigue siendo una asignatura pendiente en las políticas culturales. Aunque la cifra aceptada de población atendida es teóricamente del 97 por ciento mientras que el 3 por ciento carece de servicios bibliotecarios, si mi- E Los indicadores (año 2003) son expresivos de esta desigualdad: En cuanto a colecciones, con una media nacional de 1,21 libros u otros soportes por habitante, las comunidades autónomas oscilan entre 0,751 de Murcia y 2,318 de CastillaLa Mancha, con muchas regiones que siguen sin alcanzar la media de 1 documento por habitante. En cualquier caso, pese a los avances, estamos demasiado lejos de los países europeos más avanzados, con medias en torno a 10 libros por habitante. El gasto en adquisición de colecciones es también significativo: con una media de 1 euro habitante, también está a la cabeza Castilla- La Mancha con 1,91 euros frente a 0,43 euros de Andalucía, 0,51 en Canarias y otras seis regiones que no llegan al gasto medio. Respecto al gasto total en bibliotecas por habitante, paulatinamente va ascendiendo, pero las cifras son francamente bajas. Continúan a la cabeza Cataluña y Castilla- La Mancha, respectivamente con 14,75 y 14,38 euros por habitante, mientras que Galicia (4,20) Andalucía (4,27) Baleares (4,34) Canarias (4,89) Comunidad Valenciana (5,08) Murcia (5,25) y otras comunidades están con unas cifras no sólo muy bajas sino con crecimientos anuales escasos y lentos. OCTAVIO AGUILERA DOCTOR EN CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN BENJAMÍN FRANKLIN, EL PODER DE LA LECTURA C ADA día se lee menos, aunque paradójicamente se publica más, tal vez incluso en exceso. Este actual desafecto por la lectura hace que se empobrezca el nivel cultural e intelectual de las masas, puesto que está probada científicamente la relación desarrollo lingüístico- desarrollo de la inteligencia, o dicho de otro modo, la inteligencia humana ha ido creciendo y potenciándose sobre la estructura del lenguaje. Ya en los albores del siglo XIX Carlyle afirmaba que el lenguaje es el ropaje del pensamiento y también que la verdadera Universidad de estos días es una colección de libros Si tuviéramos que poner un ejemplo de las bondades y ventajas de la lectura, tal vez el paradigma sería Benjamín Franklin, de quien este pasado día 17 de enero se ha cumplido el tercer cente- nario de su nacimiento, acaecido en Boston. Porque este portentoso hombre, al que como es sabido se debe la invención del pararrayos y de las lentes bifocales, que maravilló a sus coetáneos por su fecunda dedicación a saberes tan dispares como la física, la filosofía, la tipografía, el periodismo, la literatura y la política, este hombre, digo, consiguió su sabiduría a través de su pasión insaciable por la lectura. Porque se vio obligado a dejar de asistir a la escuela a la edad de diez años para pasar a ser aprendiz primero con su padre, un modesto fabricante de velas de sebo, y luego con su hermano John, tipógrafo. Gracias a esta dedicación a la lectura consiguió llegar a ser quien fue, un héroe semimitológico según lo calificó Stanley Geist. La dedicación de Franklin a la cien- cia se vio continuamente entorpecida, sin embargo, por las misiones y cargos que sus compatriotas le encomendaban, confiados en su conocido altruismo y generosidad: comisario de relaciones con los indios, director del servicio postal, embajador oficioso en Inglaterra y en Francia, fundador entre otras instituciones del mencionado servicio postal, de un hospital, de una universidad... Todo esto, además de haber figurado entre los hombres decisivos de la independencia norteamericana, de cuya Declaración fue coautor. Por otra parte, sus textos filosóficos, morales, epistolares, literarios y científicos ocupan numerosos volúmenes. Su extraordinaria fecundidad tan vez se entienda por uno de sus Advine to young tradesmen Recuerda que el tiempo es dinero (el clásico time is money de los ingleses) Y en esta misma línea: ¿Amas la vida? No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha Y, en fin, para concluir con los pensamientos de Franklin no me resisto a recordar esta otra idea suya: Nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz Lástima que a lo largo de la Historia los hombres lo hayamos olvidado tantísimas veces.