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ABC DOMINGO 29 1 2006 Cultura EL PESO DE LA LITERATURA EN ESPAÑOL EN CATALUÑA 71 Entre las grandes firmas de ABC Pío Baroja escribió en la Tercera de ABC grandes artículos. Cuatro de ellos en 1905 bajo el título: París (El barrio latino, El domingo, Bien o mal, y Antoine en El Rey Lear Dos, en 1916: Los germanófilos y Nuestra Guerra Civil Y en 1917: El tipo psicológico español y El prestigio del libro español Eugenio d Ors, entre 1923 y 1931, escribe sus Glosas cada semana Blas de Otero publica poesías en 1969 Gabriel Celaya, varios poemas en 1970, 1987 y 1990 ñola: Montaner Simon, Gallach, Espasa, Salvat, Seix, Gili... En los años veinte, el catalán recupera protagonismo, pero al castellano le va la literatura de consumo; D Ors se lleva el glosario a Madrid, pero las vanguardias son vasos comunicantes: Gasch, Dalí y Montanyà lanzan el Manifest Groc y Giménez Caballero recoge el testigo en La Gaceta Literaria Los intelectuales españoles elogian la Barcelona del 29. La Guerra Civil y el franquismo son una losa, pero una larga lista de creadores transmiten una cosmovisión catalana en castellano. En Destino Josep Pla compone su Calendario sin fechas Ignacio Agustí escribe Mariona Rebull Advierte Sebastián Juan Arbó: Nuestros escritores, nuestros poetas más grandes han usado indistintamente las dos lenguas; han escrito en castellano y en catalán, casi todos, y sobre todo, los buenos, los mejores La conjunción editorial- literaria alumbra el Nadal. SALAS NUEVAS EN EL MUSEO DEL PRADO EUGENIO D ORS H ¿Éramos morenos u oscuros? Carmen Laforet pergeña Nada la nómina de escritores catalanes en castellano prosigue: José María Gironella, Ana María Matute, Luis Romero, Carmen Kurtz, Mercedes Salisachs... Más editores: Vergés, Janés, Caralt... Allá por los 50 departen Gil de Biedma, Carlos Barral, Enrique Badosa, Alfonso Costrafreda, José Agustín Goytisolo, Corredor Matheos: sus versos brotan en castellano. Como los de Lorenzo Gomis, Cirlot o Lentini. Sigue el recuento: Luis y Juan Goytisolo, Juan Marsé, Félix de Azúa, Terenci y Ana María Moix; savoltas de Eduardo Mendoza y bartlebys de Vila- Matas... Barcelona activa el boom hispanoamericano. En el Barrio Chino, Vázquez Montalbán dibuja Carvalho y el mestizaje. ¿Eramos morenos u oscuros? Me lo pregunto cada vez que repaso las escasas fotografías que conservo, llenas de muertos que no siempre recuerdo, que han muerto definitivamente con mis padres o mis tíos, con aquella memoria la suya llena de parientes con nombres, apellidos, árbol genealógico incluido, un bosque de ramas entrelazadas que crecía desde raíces murcianas, andaluzas, gallegas... Así, hasta ahora, con La sombra del viento de Ruiz Zafón, los soldados de Cercas, El Acantilado, del editor Vallcorba y la escudería Herralde. La coexistencia de dos tradiciones literarias- -en catalán y en castellano- -no tiene naturaleza de prótesis o de una falla histórica, sino de posibilidad de dos cánones y de dos categorías del gusto apunta Valentí Puig. ¿A quién molesta esa bidimensionalidad? emos oído repetir, en ocasión de inaugurarse las nuevas instalaciones del Museo del Prado, aquella broma casi tradicional que relaciona la impertérrita asiduidad de sus concurrentes con la virtud confortadora de sus caloríferos. En la España de 1923, ya semejante broma se ha vuelto impía. Desconoce y desagradece con su calumnia el valor del rápido cambio de ambiente consumado en torno del Museo en el curso de lo que llevamos de siglo. Todavía nuestra infancia pudo saber de aquellas horas cuando la clientela de la pinacoteca magnífica se limitaba, aparte de los extranjeros, a cuatro pálidos distraídos isidros y a los domingueros curiosos que, en grupos familiares y malolientes, recorrían, con tardo y arrastrado pie, sala tras sala, en designio de enseñar a la alborotada chiquillería o a la parentela indocta los retratos de los Reyes de España, los fusilamientos del 2 de Mayo o aquella un tiempo famosa Piedad romana en que la hija da el pecho al padre, recluído en una prisión- por deudas según escuché un día decir a un visitante excesivamente informado... Pero todas esas bachillerías quedaron ya muy lejos. Intereses distintos, estéticamente mejor o peor orientados, pero ya de orden espiritual auténtico, conducen hoy allí a nuestras multitudes. Gusta el pueblo de la visita- -y gusta por razones aproximadamente válidas- la pedagogía extiende y acrecienta cada día el culto a los clásicos del arte allí venerados; lo atiende el Estado sin demasiada mezquindad; la elegancia social mantiénelo a flor de las corrientes de la moda... En verdad que ésta es una de las escasísimas hogueras de cultura que entre nosotros han prendido bien, y donde cada chispa se vuelve lengua de fuego y se multiplican las llamas y crecen ellas solas sin necesidad de echar los bofes soplando encima. Síntoma de la pasión es la afluencia. Más de tres mil setecientos visitantes entraron en el Museo del Prado el pasado domingo. Jamás había éste conocido cifra semejante. El artículo apareció en ABC el 21 de diciembre de 1923 bajo el título Glosas la colaboración semanal de Eugenio d Ors ta que tan bien le sentaba al Beato Angélico? El Giorgione (he escrito el Giorgione sin interrogante, marqués) entraba en filas en la Galería Larga. ¿No habrá tenido la Galería larga, con todo su tantas veces vituperado hacinamiento, más sabor renacentista- -también el Renacimiento fué en todo una época muy hacinada- -que todas las demás salas y gabinetes de los viejos y los nuevos? Dice un antiguo decir de mi tierra: El vi, usat, i el pà, mudat Gusta en el pan el cambio, el sabor nuevo, imprevisto; en el vino, al revés: el sabor de siempre, lo reconocido y avezado... No es imposible que la fruición de los Museos se parezca más en este respecto a la del vino que a la del pan. Un poco de nuestra vida se ha quedado enterrado allá abajo, en la penumbra de las Salas Alfonso XII hoy cerradas como un sepulcro... Mañana las salas se abrirán de nuevo. Otras figuras han de poblarlas, extrañas a nuestro pasado, tal vez hostiles. Aquello tenue, impalpable, que era allí nuestro- ¡y tan nuestro! -se habrá evaporado para siempre. ayer nefando que con ella acaban de barrerse. Y el peor, la supervivencia de una especialidad en las Salas de retratos -último residuo de una clasificación por géneros- -anecdotismo del Museo de ayer, paralela al anecdotismo de su bachillera clientela... Sección de retratos pintores de retratos! ¡Y al lado, cuadros religiosos cuadros de historia pintores de paisajes pintores de animales pintores de marinas En homenaje a esquemas tan escolásticos, la obra de Goya anduvo siempre dispersa. Para que los retratos no se mezclaran con los asuntos el estudioso que buscaba una síntesis de la personalidad de Tintoretto debía multiplicar sus viajes, renunciar a ciertos cortejos que únicamente la vecindad facilita. ¡La barrera infranqueable del género separaba a Elena Fourment de Elene Fourment, porque la representación de su rubia juventud opulenta era retrato o no, según que a Rubens se le hubiese ocurrido pintarla cubierta de unos bollos de velludo a nivel del estómago o únicamente por un velillo de gasa volante un poco más abajo! Toda la clasificación anecdótica ha desaparecido hoy en la ordenación del Prado. Y aquí sí, que nuestro entusiasmo por la mejora no deja lugar a la nostalgia. La sala del Cristo de Velázquez ero la anécdota se introduce a veces tan de soslayo! Hombre de acabado buen gusto como fué Aureliano de Beruete- -a quien se debe el inicio de la reforma que hoy está a punto de completar su realización- no pudo, sin embargo, sustraerse a una debilidad literaria, a la ordenación de las salas de Velázquez; y pensó en destinar una de ellas exclusivamente a sus cuadros religiosos, presididos por el Cristo admirable, solo en su pared y colocado en un a manera de altar. Esto significaba una caída. Volvíamos así a hundirnos en turbia y falsa literatura. El Prado se manchaba con ciertos contagios de barraca de feria, de teatralidad impura, de exhibición con argumento; de orden no muy lejano a las que tanto dieron que alborotar, cuando Julio Antonio y luego Victorio Macho, nos enseñaron sus esculturas funerarias, metidas en una especie de capilla ardiente... La proximidad de una talla policromada, la Magdalena penitente de Pedro de Mena, la vecindad de otros Santos de palo puestos, siquiera interinamente, en una sala contigua, parecían agravar el riesgo de que se perdiera o debilitara en un ambiente de sugestiones ambiguas aquel carácter de secularidad perfecta, aquel carácter profano y mundano, que tiene el Museo, que es tal vez esencial al mismo concepto civil de Museo. El peligro a que Beruete lo sometiera, hoy Sotomayor y González Cantón lo han desvanecido ya. Cuadros de diverso asunto, obra del máximo pintor, o atribuidos a él, alójanse ya en la sala del Cristo. Y parece que las tallas policromadas pararán dentro de poco- -pese a las mezcolanzas del esnobismo- en un departamento especial y aislado. ¡P Las Salas de retratos El museo doblado y los hábitos rotos ígase que la última reforma cumplida merece de sobras tal incremento en el interés. La primera impresión que el habituado recibe al hallarse en las salas nuevas es que le han doblado la casa y las colecciones. Tal vez si el habituado lo es en exceso, con punta de viciado, no podrá impedir que a esta impresión se junte otra de sorda y compungida nostalgia al echar de menos, con la situación nueva de tal o cual capillita de devociones, las dulzuras aterciopeladas de la costumbre... El Beato Angélico estuvo hasta anteayer en una especie de cripta. Todos lo llorábamos. Hoy nos preguntamos, tal vez: ¿Qué tenía, sin embargo, la luz de aquella especie de crip- D P or mucho que la ampliación del Museo halague nuestro amor propio, como propietarios que somos al fin del mismo; por mucho que la adecuación, dignidad y lujo de las nuevas instalaciones hayan venido a honrarnos; por grande enseñanza y fino goce que nos reserven ciertas apariciones y reapariciones de obras exquisitas (el retrato de Lucrezia di Baccio, por Andrea del Sarto, o aquel paisaje de azul y verde tan misteriosos, de Patinir) que nunca habíamos visto bien o que habían desaparecido para nosotros en algunos de los trasiegos anteriores, todavía lo que nos parece más importante en la reforma de hoy es su aspecto negativo; quiero decir las molestias que destruye y quita, los restos de un