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ABC DOMINGO 29 1 2006 Los domingos 63 Matanza del cerdo y cena familiar lejos de Pekín Xiao Fen Yuan, de 40 años, y con dos hijos de 18 y 12 años, trabaja limpiando en casas en Pekín y se saca unos 2.000 yuanes (220 euros) al mes. Va a quedarse ahora cuatro meses en su pueblo. Antes sólo podía permitirse uno durante las fiestas del Año Nuevo Lunar. A Xiao Fen Yuan no sólo la estaban esperando sus familiares, sino una serie de costumbres que ha cumplido durante la celebración del Año Nuevo Lunar, que coincide con la segunda luna nueva después del 21 de diciembre y en esta ocasión ha caído en el 29 de enero. Uno de los ritos más interesantes en vísperas del Año del Perro fue la matanza del cerdo, similar a la que se celebra en España. Por 10 yuanes (1,2 euros) un matarife profesional sacrificó a un cochino de 200 kilos y, en el embarrado patio de la casa, lo despiezó para que nutra a toda la familia durante, al menos, un año. Por ese motivo, no es de extrañar que, nada más morir, prendiera incienso por el espíritu del cerdo. No en vano, este animal se encuentra tan íntimamente ligado a la cultura china desde tiempos inmemoriales que el caracter en mandarín de la palabra casa representa a un marrano bajo un tejado. Buena parte del mismo fue servida en la cena que tuvo lugar anoche para saludar la llegada del Año del Perro, y en la que se sirvió pescado, como símbolo de la abundancia que se espera lograr en 2006, y pollo, cuya pronunciación en chino es igual a la de la palabra suerte Junto a dichos platos, otra comida propia de estas fechas son los dumplings una especie de grandes raviolis hervidos y rellenos con carne y verdura. Tras el banquete tampoco faltaron los fuegos artificiales, por lo que toda la familia de Xiao Fen Yuan se subió a una montaña cercana para saludar la entrada del nuevo año tirando petardos y confiando en que se cumplan sus predicciones, que vaticinan una época de renacimiento y notables mejoras económicas a pesar de las fuertes tensiones internacionales que se vislumbran en el horizonte. Matanza del gorrino en el patio de la casa de Xiao Fen Yuan, en una aldea de Sichuan. alicatado es el cuarto de baño, situado junto a la pocilga donde conviven cerdos y aves y en el que el inodoro se reduce a un agujero en el piso que obliga a hacer las necesidades en cuclillas. A pesar de su aspecto tan rudimentario, este aseo es todo un lujo en la zona, puesto que el esposo de Xiao Fen Yuan ha instalado una ducha previendo la visita del huésped occidental. Sin duda, una muestra más de la hospitalidad y generosidad de este pueblo, que se desvive por agasajar al forastero con copiosos banquetes e innumerables atenciones. Aunque no hay más muebles que varias sillas y una mesa alrededor de una estufa de carbón, no falta el gran televisor en color que todo chino se compra en cuanto ahorra. En la pantalla, las noticias informan de que el gigante asiático superó el año pasado a Francia como quinta potencia económica mundial al crecer su Producto Interior Bruto un 9,9 por ciento. Mirando alrededor, nadie lo diría. Igual o peor que Xiao Fen Yuan, viven 800 millones de campesinos. Todos ellos llevan una vida de perros, que es precisamente el animal al que honrarán desde hoy en este Nuevo Año Lunar. La familia de Xiao Fen Yuan celebra la llegada del Año del Perro ros de Sichuan necesitan cada mes unos 300 yuanes (30,40 euros) para sobrevivir con estrecheces. Con el fin de ayudar a sus parientes a salir adelante, 16 de los 80 millones de habitantes de esta paupérrima provincia eminentemente agrícola- -el 20 por ciento de la población- -se han visto obligados a emigrar a las grandes y prósperas ciudades. Allí pueden ganar entre 1.000 y 2.000 yuanes (entre 101,27 y 202,57 euros) por un trabajo que, como confiesa Xiao Fen Yuan, es mucho más fácil que las labores del campo A cambio de permanecer alejada de los suyos durante un año entero, la mujer vuelve a casa con los 12.000 yuanes (1.216 euros) que ganó durante todo 2005, que le servirán para pagar el préstamo con el que ha edificado su nuevo hogar. Aquí más que nunca, se puede decir que la vivienda es un techo bajo el que cobijarse, puesto que la morada es tan humilde que las paredes ni siquiera están pintadas y el suelo sigue siendo de cemento. En cambio, lo que sí está El baño está junto a la pocilga donde conviven cerdos y aves y en el que el inodoro se reduce a un agujero