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32 DOMINGO 29 1 2006 ABC Internacional Militantes armados de Al Fatah tomaban ayer el Parlamento de Gaza para protestar por la derrota sufrida en las elecciones legislativas del miércoles pasado AFP La fiebre amarilla de Al Fatah contagia a tiro limpio los Territorios Ocupados Palestinos Centenares de milicianos armados asaltan la mukata de Ramala, con Mahmud Abbas dentro b Barghuti insta desde la cárcel a los suyos a que entreguen el poder de manera responsable a Hamás mientras la Seguridad Preventiva destruye sus papeles JUAN CIERCO. CORRESPONSAL RAMALA (CISJORDANIA) Desde Rafah a Yenín, de sur a norte, de este a oeste, la fiebre amarilla de Al Fatah, contagiosa, enfermiza, amenazadora, perniciosa, recurrente se extiende a tiro limpio por todos los Territorios Ocupados Palestinos, como muro de contención nada democrático ni eficaz a la marea verde que ha inundado el Parlamento de Ramala. El mismo Parlamento que fue tomado ayer al asalto por milicianos armados de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, escondidos detrás de sus negros pasamontañas y de sus fusiles de repetición que descargaban una y otra vez contra el cielo plomizo que dominaba el frío y húmedo ambiente no lejos de la mukata de Mahmud Abbas. La misma mukata con su principal inquilino en su interior, en la que irrumpieron centenares de milicianos, también armados, también enmascarados, también irritados, también decididos a casi todo con tal de no extender la alfombra roja a sus enemigos de Hamás, al grito de Abu Amar, te defenderemos con nuestra sangre y nuestra alma en referencia a Arafat. El mismo Arafat que yace en su tumba, alrededor de la cual construyen un mausoleo valorado en un millón de dólares, ante la que rezaron ayer los milicianos iracundos, muy cercana a lo que fuera su cuartel general, desde el que El Viejo rodeado, aislado, acorralado por los carros de combate israelíes, dominaba con puño de hierro Al Fatah. El mismo Al Fatah que hoy, tras perder ante Hamás de manera humillante las elecciones legislativas del pasado miércoles, se desmorona sin remedio, en una lucha fratricida entre la vieja y la joven guardias que amenaza con llevar la sangre, en este caso amarilla, al río Jordán y que ya ha provocado se- rios enfrentamientos en casi todas las sedes institucionales palestinas. Las mismas sedes, en Ramala, en Nablus, en Belén, en Gaza, en Hebrón, ante las que se han concentrado miles de militantes de Al Fatah con la nada sana intención de tomarse la injusticia electoral por su mano y cortársela a los actuales dirigentes de un movimiento nacional que fue siempre hegemónico y que ahora se desangra sin capacidad ni posibilidad ni remedio para poner freno a la hemorragia. La misma hemorragia que se ve en Cisjordania se observa en Gaza; que se padece en los campos de refugiados se sufre en las grandes urbes; que se sigue con extrema preocupación desde Israel se mira con lupa desde Europa y Estados Unidos. La misma comunidad internacional que no ceja en sus exigencias de desarme a Hamás, de reconocimiento integrista hacia Israel, de aceptación de los principios de la Hoja de Ruta ya caduca pero a la que se aferran casi todos faltos de ideas con las que sacar al minotauro del laberinto, mientras los dirigentes del Movimiento de Resistencia Islámico se aprestan a recibir el poder. Otra democracia El mismo poder que desde la cárcel exige Barghuti a los suyos le sea transferido a Hamás responsablemente (no destruyendo los papeles más comprometidos como hacen los agentes en Gaza de la Seguridad Preventiva) para honrar los deseos democráticos, ya no es Israel la única democracia de Oriente Próximo, del pueblo palestino. El mismo pueblo palestino que asiste, todavía sin recuperarse del terremoto político sufrido, a las luchas intestinas de Al Fatah pero también a localizados enfrentamientos con Hamás, que se han saldado con una decena de heridos en Jan Yunis, uno de los Miles de activistas invadieron también las sedes de Al Fatah para exigir la dimisión de la vieja guardia