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18 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN RESPUESTA DE ERC DOMINGO 29 1 2006 ABC Carod se aferra al tripartito, elogia el papel de Maragall y acusa a CiU de hundir el Estatuto ERC podría abstenerse en el referéndum si el PSOE no cede en materia de financiación b El líder independentista advierte ÁLVARO DELGADO- GAL ÓRDENES DE MAGNITUD C a CiU que lo pagará caro en las urnas y se pregunta por qué el País Vasco pactó su financiación en 1979 y Cataluña no la ha resuelto MARÍA ANTONIA PRIETO BARCELONA. Convergència i Unió se ha cobrado la deuda que tenía pendiente. Hace algo más de dos años era ERC quien traicionaba a los nacionalistas colocando a un socialista al frente de la Generalitat y ahora es CiU quien- -con la colaboración del presidente del Gobierno- -ha dejado fuera de juego a los republicanos atribuyéndose la paternidad del futuro texto estatutario. El líder de la formación independentista, Josep Lluís Carod- Rovira, se encomendó ayer a Pasqual Maragall y pidió apoyo a la militancia de su partido ante el difícil momento que atraviesa Cataluña tras el acuerdo alcanzado entre CiU y el PSOE en torno al nuevo Estatuto de autonomía. Pero, dado el bajo tono y el semblante circunspecto del dirigente republicano, cualquier militante pudo estar tentado de pensar que quien realmente pasa por un momento difícil es la dirección de Esquerra. Aunque la formación independentista intenta transmitir el mensaje de que será CiU quien pague electoralmente el Estatuto de mínimos que ha pactado con Zapatero, lo cierto es que ERC se encuentra ante una encrucijada que puede determinar su futuro. Por ello, los republicanos esperan del PSOE un gesto de última hora que les permita apoyar el Estatuto- -el gran proyecto de la legislatura- -y salvar el tipo ante unas bases que ya se andan preguntando cómo es posible que su partido haya quedado relegado en este proceso. Carod, ayer, en Barcelona ELENA CARRERAS Pendientes del teléfono Carod- Rovira insinuó que ERC podría decantarse por la abstención en el referéndum sobre el Estatuto y, si bien aseguró que con el texto pactado hace una semana Cataluña lo pagará caro insistió en que Esquerra negociará hasta el último momento para poder incorporarse al acuerdo. Esto nos duele más que a nadie, pero no podemos presentar como una victoria lo que no lo es. Aún así, estamos las 24 horas pendientes del teléfono y cogeremos el puente aéreo tantas veces como haga falta, porque no buscamos la foto, sino un buen Estatut apostilló en alusión a la reunión entre Zapatero, Mas y Duran. Carod agradeció al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, su apuesta por incluir a ERC en el pacto sobre el Estatuto. Ha estado a la altura en los momentos cruciales y no ha jugado un papel de partido, sino institucional recalcó. Añadió que la negociación ha vivido sus mejores momentos siempre que Maragall ha tomado parte activa en la misma. Enterado de que ciertos sectores de CiU, del PSC y del PSOE están explorando ya futuros acuerdos de gobierno, Carod dejó claro que el Pacto del Tinell abarca toda la legislatura y que, pese a los intentos de Mas y Duran, no romperá el tripartito. El líder independentista acusó a CiU de hundir el gran proyecto de ilusión colectiva que era el nuevo Estatuto y le advirtió que lo pagará caro en las próximas autonómicas. Incluso se atrevió a amenazar, a largo plazo, a la federación que lidera Artur Mas, por si algún día necesita su apoyo: ¿Qué quieren estos? ¿Hundir también el Gobierno de Cataluña? ¡Que se lo ganen ellos por mayoría absoluta! Carod se preguntó por qué Cataluña, por la vía política y pacífica no ha podido acercarse a un modelo de financiación como el del País Vasco. Y no quiero ni imaginarme la respuesta concluyó. onsideren el enunciado siguiente: Guadalajara se encuentra a cuarenta kilómetros y quince milímetros de Madrid, kilómetro arriba, kilómetro abajo La precisión milimétrica es estúpida, puesto que ha quedado desautorizada por una previa imprecisión kilométrica. O si se prefiere: las incertidumbres que afectan a un orden de magnitud superior, excusan toda especificación referida a un orden de magnitud inferior. Este principio, básico en ciencia, no suele observarse en política. En política, al menos en la española, aunque me temo que no sólo en ella, los profesionales de la cosa propenden a ajustar los milímetros y tasar a bulto los kilómetros. Lo demuestra el bodrio estatutario catalán, y el increíble itinerario que hasta la fecha ha recorrido. Empecemos por los contenidos. La fórmula acordada para el Preámbulo reza así: El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía catalana, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como una nación Se añade después: La Constitución, en su artículo 2, reconoce la realidad nacional de Cataluña en forma de nacionalidad La primer cláusula no afirma, en rigor, que Cataluña sea una nación. Lo que asevera, es que el Parlamento autonómico la ha definido como una nación. Esta oblicuidad esconde un efecto cómico. Es como si un deportista, en lugar de decirnos que ha ganado los cien metros valla, nos informara de que su periódico local ha publicado la noticia de que ha ganado los cien metros valla. Los normal es que repliquemos, extrañados: Oiga ¿ha ganado o no ha ganado usted los cien metros valla? La segunda cláusula nos remite a la Constitución, y señala que ésta acoge a Cataluña como nacionalidad, y por tanto, como nación. Pero ni la Constitución enumera las nacionalidades, ni se sabe lo que es una nacionalidad, salvo por un matiz negativo: una nacionalidad es algo que no es una nación. La conclusión es que Cataluña, en vista de que es una nacionalidad, y por ser nacionalidad, no es nación, resulta que es nación. Ignoro cuánto Mas no ha tardado un minuto en anunciarnos que el Estatut es sólo un rellano en la escalera de caracol que conduce a la soberanía real de Cataluña. Sobran comentarios tiempo habrán estado dándole al magín Rubalcaba y sus interlocutores catalanes. Pero no parece que hayan logrado descubrir la pólvora. Ahora, pongamos un trémolo solemne en la voz. Este estatuto debería confirmar, según Zapatero, a la nueva España, una España que por fin habría adivinado un encaje territorial fructífero y estable. El caso, sin embargo, es que Mas no ha tardado un minuto en anunciarnos que el Estatut es sólo un rellano en la escalera de caracol que conduce a la soberanía real de Cataluña. Sobran comentarios. ¿Y el itinerario? CIU no quería el Estatuto, por instinto y también porque había sido idea de ERC y Maragall. Cuando todo el mundo lo daba por difunto, Zapatero lo resucitó en un encuentro sorpresa con Mas. Ha vuelto a repetirse la operación, con consecuencias que todavía no estamos en grado de calibrar. El perjuicio infligido a la cúpula instalada en la Generalitat ha roto de momento la unanimidad entre los firmantes del documento, y provocará reacciones transversales y quizá serias. Peor aún: el contenido del acuerdo es secreto- obscenidad incomprensible en una democracia regida por el principio parlamentario- Y no sólo secreto sino, por lo poco que se sabe de él, caótico y probablemente incoherente. Pero los actores de esta intriga grotesca estaban atentos a los milímetros. El Gobierno ha podido fingir, durante unos días, que se cerraba un proceso conflictivo para los socialistas y enojoso para la opinión. Y Mas ha recuperado el protagonismo y robado la cartera a sus rivales. Lo de Mas, de acuerdo, no son milímetros. Son centímetros, y hasta decímetros. Las averías ocasionadas se miden, no obstante, en kilómetros. En esencia, se ha tenido la sensación penosa y justificada de que un solo partido podía iniciar, a cencerros tapados y con la complicidad del Presidente del Gobierno, aunque no necesariamente de su Gabinete ni de sus diputados, una transformación irreversible de la estructura estatal. Esta sensación deslegitima al sistema y estimula el caos. Mientras el PSOE daba señales patentes de postración clientelista, los presidentes autonómicos nos han servido un anticipo de lo que será la España confederal: una pugna de emulaciones, en que todos pretenderán contar con los recursos comunes y nadie cederá un ápice de los propios. En medio del desconcierto fabuloso, Rajoy ha propuesto un referéndum inviable, sin otro propósito que subrayar gestualmente un compromiso con la nación que sus barones miran con recelo y que, bien mirado, tampoco están en situación de asumir. Los padres de la patria, la grande y las chicas, están dando el espectáculo.