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ABC DOMINGO 29 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA BETADINE E EL TEMPRANILLO AL REVÉS N O, imaginación sí le están echando: cambiar la Constitución por medio de un Estatuto; acabar con la igualdad entre las regiones y con el principio de solidaridad. Dicen que es lo más progresista que hay, pero en los dineros me parece que se han pasado de imaginación. Han inventado a José María el Tempranillo, pero al revés: El que a los ricos socorre y a los pobres avasalla No, como paradoja no deja de ser insólito. Será histórico. Un Gobierno socialista, en una nación europea, bien entradito el siglo XXI, consigue que los ricos como Cataluña reciban más, justamente por ser más ricos, y a los pobres, que les vayan dando por debajo del PIB. Es como la pregunta que acerca de las diferencias sociales y económicas me hacía un amigo a la vuelta de Estados Unidos: -Los negros, ¿son negros porque son pobres, o son pobres porque son ANTONIO negros? BURGOS Y con respecto a los territorios patrios y al nuevo método de meter la cuchara en el perol común que consagrará el Estatuto catalán, lo mismo: -Los catalanes, ¿son catalanes porque son ricos o son ricos porque son catalanes? Un poco de memoria histórica. Se silencia que Cataluña fue la gran beneficiaria de los privilegios del desarrollismo franquista. Cuando en Andalucía teníamos carreteras de macadán, en Cataluña ya había autopistas. Franco lavó su mala conciencia de vencedor beneficiando a las regiones derrotadas en la guerra civil. Se le fue la mano ayudando a la que había sido la España republicana: a Cataluña, a las Vascongadas. Incluso en Andalucía la máxima beneficiaria del desarrollismo franquista fue la republicana Málaga, a la que se le dio el boom de la Costa del Sol: o el republicano Jaén, al que Franco le hizo un Plan especial; no la fiel Sevi- lla de Queipo. ¿Por qué Franco puso la Seat en Barcelona y los andaluces tuvieron que emigrar allí buscando trabajo? Y como desde el proteccionismo arancelario y desde el desarrollismo franquista son tan ricos, no se van a conformar ahora con el café para todos de las autonomías. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Si pagan más impuestos, ¿cómo van a recibir menos? Yo también me apunto a eso: que me den servicios públicos según mi IRPF. Pues si se rompe el principio de igualdad entre territorios, ¿por qué no entre individuos? Todo el mundo querrá ser como los catalanes: que le apliquen el mismo criterio fiscal y de acceso a los bienes públicos. Usted, rico potrico por su casa, que gana un fortunón y paga una burrada de impuestos, ¿cómo va a tener la misma carretera que ese tío que va ahí con un Ford Fiesta de segunda mano, que apenas paga los impuestos del salario mínimo? Usted no puede padecer el mismo embotellamiento en la misma carretera, puesto que usted paga muchos más impuestos. Y como la letra del hombre del 600: la carretera nacional es suya, porque casi la ha pagado usted. Ergo cuando haya un atasco en la A- 6, usted debe exigir alfombra roja para que pase su Bentley, y el tío del Ford Fiesta, a la cuneta para que le deje paso. Y en la Sanidad, igual. Con los impuestos que usted paga, ¿cómo va a estar en la misma habitación que ese albañil que no contribuye casi nada? ¡Que echen al albañil inmediatamente, que lo devuelvan a la sala de triaje, porque no va a ser igual que yo, que pago tantísimos impuestos y que me merezco una suite! Y en la enseñanza, ni te cuento. ¿Cómo su hijo va a ir a la misma Universidad pública que el hijo de un fontanero, con lo que paga usted? Nada, nada, volvamos al siglo XIX, cuando el primer contribuyente de la provincia tenía sus privilegios. Por falta de imaginación no será. Han inventado los desfasados privilegios del primer contribuyente en forma de territorios insolidarios y desiguales. El Tempranillo, pero al revés: robar a los pobres para dárselo a los ricos. L humillante episodio de Azcoitia, ese homenaje municipal al asesino etarra que, de todos los locales del universo, eligió para poner una cristalería precisamente la casa de la viuda de su víctima- de todos los cafés de todas las ciudades del mundo, tenías que venir al mío le decía Bogart a Ingrid Bergman en Casablanca acaso no sea más que la experiencia piloto de lo que puede ocurrir al cabo del fantasmal proceso de paz que sigue presidiendo la agenda de Zapatero. Al menos, resulta más que probable que ése sea el modo en que algunos entienden lo que el presidente llama, con su meliflua solemnidad, cicatrizar las heridas un concepto que parece compartir la idea de que las secuelas del terrorismo afecIGNACIO tan por igual a las víctiCAMACHO mas y a los verdugos, como si se tratase de un conflicto civil en el que los dos bandos se han agredido mutuamente. La última vez que el presidente deslizó en público esta apelación a la amnistía moral que debe suceder a sus ansiadas negociaciones pacificadoras fue el jueves ante Iñaki Gabilondo, casualmente muy pocas horas después que el ayuntamiento azcoitarra fuese escenario- -con la abstención de un concejal socialista- -de la penúltima vejación a la memoria de un asesinado y al dolor de su familia. Pues si el camino de la reconciliación es el de Azcoitia, habrá presos que al salir pedirán una subvención y exigirán un empleo para cicatrizar con cargo al presupuesto. Por esa vía no vamos hacia la paz, sino hacia la derrota. Porque derrota sería aceptar sin más que los asesinos nos hacen un regalo dejando de asesinar. La paz no puede lograrse pidiendo a las víctimas que agachen la cabeza ante la prepotente chulería de sus verdugos y los abracen en la plaza del pueblo, alborozadas porque al fin han decidido no matar a más gente. Para eso no hay suficiente generosidad en la tierra. Y menos, para olvidar; nadie olvida un crimen cuando se tiene que cruzar con el criminal en la puerta de su casa. Hasta ahora da la impresión de que Zapatero está dispuesto a pagar un precio político a cambio de que ETA deje las armas, y ya es eso asunto discutible, pero tenemos derecho a conocer si también habrá que pagar un precio social. El terror etarra no es un conflicto bilateral, sino una ristra de asesinatos, extorsiones, coacciones y chantajes perpetrados desde una sinrazón totalitaria y sangrienta contra una sociedad civil que ha tenido la decencia de no responder más que con la ley. Ese drama no se cierra por las buenas, sólo a cambio de que cese la carnicería, ni esa herida tan honda se cura con unas gotitas de Betadine, como parece creer Zapatero en su infinita levedad. Sobre todo porque las heridas de los muertos ya no cicatrizan, y las de los vivos necesitan una compensación moral para no quedarse abiertas supurando dolor, indiferencia y miedo.