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ABC SÁBADO 28 1 2006 Cultura 59 TEMPLOS DE LA CULTURA Mañana, los lectores podrán adquirir con ABC la tercera entrega de la colección Museos del Mundo que está dedicada a la Galería de los Uffizi de Florencia, por tan sólo 10,95 euros más Muy cerca de la belleza suprema TEXTO: JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Para quien no haya estado nunca en el cielo, una visita a Florencia y a la Galería de los Uffizi es lo más cercano a la belleza suprema que puede encontrarse en la tierra. El síndrome de Stendhal que dejó al escritor francés sin respiración y sin habla cuando recorría las calles de la ciudad, está al acecho de quien atraviese la Piazza della Signoria y cruce las puertas de la Galleria degli Uffizi. El famoso Cosme I de Médicis ordenó la construcción de esos edificios en 1560 para albergar las oficinas uffizi más importantes de la magistratura, la diplomacia y la administración del Gran Ducado de Toscana, el estado de mayor creatividad artística de Europa y el vivero de genios del Renacimiento. En 1581, el gran duque Francisco I destinó el palacio a escaparate de los tesoros artísticos de la familia Médicis. Nacía así el museo más visitado de Italia, segundo tan sólo a los Museos Vaticanos, que es un imán sin par en el mundo. El arquitecto Giorgio Vasari construyó el palacio en forma de una u muy larga que va desde la Piazza della Signoria hasta el río Arno, creando así una esplendida plaza porticada que permite empezar a disfrutar serenamente la belleza del lugar antes de subir el primer peldaño de la escalera que lleva a 42 salas donde los mejores artistas actúan como anfitriones que rivalizan en artes de encantamiento. Si Giotto sirve de introducción Piero della Francesca y Filippo Lippi son los dos porteros de un Renacimiento en el que giran y giran en torno al visitante Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, Botticelli y Rafael. La Sagrada Familia (1456) de Miguel Ángel, por ejemplo, sorprende por el movimiento de la escena. Cansado de ver representaciones de la Virgen con el Niño en el regazo, Miguel Ángel pinta una escena de juego y alegría fami- La calumnia de Botticelli es una de las grandes obras maestras que alberga la Galería liar. La Virgen está sentada y, desde detrás, José le pone al Niño encima del hombro derecho mientras María se gira cariñosamente para recogerlo sin que corra peligro. El sentido del movimiento, de un movimiento dulce y amoroso, llega al máximo en la Sala de Botticelli, donde el dios del viento de Poniente, Céfiro, sopla sobre el Nacimiento de Venus (1485) empujando a la diosa del amor hacia la orilla. El largo cabello pelirrojo de la diosa se mueve bajo el viento de una escena que simboliza el nacimiento de la belleza y la transformación divina de la materia. Poco más allá, la Alegoría de la Primavera (1480) muestra un jardín paradisíaco con las tres Gracias, un Cupido, la diosa y una muchacha que arroja flores sobre toda la escena. Después de haberse detenido en la gloria de Botticelli, el visitante podría emprender satisfecho el regreso a su patria si no fuera porque un poco mas allá está la sala de Leonardo da Vinci, con la Anunciación (1475) y la Adoración de los Magos (1481) entre otras muchas telas que compensan el viaje desde cualquier lugar del mundo. Pero tampoco allí hay que terminar, pues quedan todavía las salas de Caravaggio, con su Baco (1589) la de Rembrandt, con su Retrato de viejo (1665) y las salas de Canaletto, Goya, Tiépolo... Y después de la Galería comienza el museo de escultura clásica. En ese momento, el síndrome de Stendhal es ya irreversible.