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ABC SÁBADO 28 1 2006 55 Los Thyssen- Bornemisza reclaman el derecho a registrar su apellido como marca en un tenso Patronato Salzburgo, cuna de Mozart, fue el eje de las celebraciones del 250 aniversario del nacimiento del músico vacaciones, pero cada vez me cuesta más tiempo volver a ponerme en forma. Y más aún ahora, con los problemas de mi rodilla. -Bailar tiene que ser un dolor... -El dolor lo siento cuando estoy en las clases, en los ensayos. En la función la adrenalina es una anestesia. Salís, disfrutás y no sientes nada. Es esa magia que tiene el escenario. Sientes a la gente, haces lo que te gusta, y te olvidas de todo. ¿Qué le ha llenado más en tu carrera: la danza en sí o todo lo que la rodea? La gente que ha conocido, los viajes... -Lo que me llevé me lo dio el escenario. Aunque las cosas de fuera, el ser reconocido, tener el respeto y el cariño de la gente, son también muy gratas. Es lindo e importante saber que hay un respeto del público. -Ha conocido mucha gente a lo largo de estos años. ¿Ha habido alguien que le haya impresionado especialmente? -He tenido la suerte de poder compartir el escenario con Liza Minnelli, de pasar las Navidades con Isabella Rossellini, de cenar con Julia Roberts... He conocido a la Reina, a Lady Di... y he encontrado a personas que tienen calidad, a gente maravillosa. Yo vengo del sur de Buenos Aires, y veía a estos personajes en la televisión, en el cine, leía sobre ellos. Y tener la oportunidad de estar con ellos así como estamos ahora vos y yo, comprobar que son gente de carne y hueso... A mí me sigue produciendo mucho respeto, e incluso a veces siento que molesto. Pero es maravilloso. Y eso es algo que ya guardo para mí y para mis recuerdos. ¿Qué hace para que no se le suba todo esto a la cabeza? ¿Se acuerda del Julio Bocca de la infancia? -Cuando uno ya ha aprendido a mantener los pies en la tierra y a estar seguro de quién eres, de saber lo que uno vale arriba y abajo del escenario, todo eso no se te sube a la cabeza. Se toma como algo natural. Al final, el artista está solo en su habitación... Puede ser una sensación horrible, pero hay también ocasiones en que lo único que te apetece al terminar una función es encerrarte en tu cuarto, tomar una copa de vino y cenar solo. Se puede disfrutar muchísimo de la soledad. ¿Mantiene muchos amigos de la infancia? -Sí, me sigo viendo con mis amigos del barrio. Estas navidades últimas, que las pasé en Buenos Aires con mi familia, me pasaron a buscar con un Impala rojo, antiguo, que se paraba cada cinco cuadras. Estuvimos cerca del río, tomando algo y lo pasamos muy bien. Trato de mantener la relación porque son personas que me conocen de toda la vida, con las que salía a las nueve de la noche a jugar al fútbol a la plaza, cuando se podía todavía jugar en la calle... Me fueron conociendo según crecía. Fuí el primero del grupo que salía del barrio y que viajaba al tren. Son geniales y me siento feliz de poder mantener esa relación. ¿No tuvo problemas por el hecho de querer ser bailarín? -No, no, para nada. Al contrario. Te cargaban más quizás en la Escuela del teatro Colón los mismos bailarines que en el barrio. Al contrario, yo era allí una curiosidad. Además, yo era el chico de la provincia que iba a la capital, que a los 12 años viajaba en avión, en micro. Algo que no era normal para un chico de esa edad en aquella época. -Ha hablado de comprarse un barco. ¿Tanto le atrae el mar? -Es algo que me da mucha tranquilidad, seguridad, placer. Yo puedo estar sentado frente al mar durante muchos días y me siento bien. Desde hace cuatro años vivo en Puerto Madero, en Buenos Aires, frente al Río de la Plata, que es como el mar, y paso horas sólo mirándolo. Me da mucha energía. Espero incluso poder vivir en el barco. Es una forma de poder estar aislado de todo y moverme adonde yo quiera y como yo quiera. ¿Qué le gusta hacer cuando está en casa? -Me obligo mucho a leer. No es algo que me guste demasiado, pero cuando engancho un libro no lo suelto. No sue- lo prender la televisión, ni en casa ni en los viajes. No encuentro nada que me atraiga. Hay canales especiales que sí son interesantes, pero no es lo común. Me gusta el cine. Quizás otra de las cosas que quiero hacer cuando... cuando deje de bailar, es ir al teatro. Hay obras maravillosas y actores geniales que no puedo ver por falta de tiempo. Y me da mucha bronca. En Argentina puedes ir a diario a ver teatro. No lo hago por falta de tiempo o porque quiero disfrutar de mi casa. Cuando estoy en Buenos Aires siempre organizo planes, pero a las seis, cuando uno está tranquilo en casa, con una copa de champán o de vino... Y ahora tengo que salir Sobre todo en el invierno. Pero me gusta salir a cenar, a bailar... disfruto muchísimo. ¿Tienen ganas los bailarines de bailar fuera del escenario? -Salir por la noche, tomar unas copas y bailar es una manera de desconectar y de limpiar la cabeza. Suena raro decir que el alcohol y el boliche limpian la cabeza, pero es una manera de huir de la organización. Julio Bocca, durante la entrevista Hay fans que me han pedido esperma para tener un hijo mío -En todo el mundo es un bailarín admirado, pero en Argentina es un ídolo. -Allí he trabajado mucho para hacer que la danza sea algo popular, y el cariño es mayor. Incluso ha habido épocas en que ha sido peligroso. Ahora no, se me trata con mucho respeto. ¿Ha llegado a vivir el fenómeno fan? -Existe un Club de amigos de Julio Bocca. Cuando lo crearon no quería saber nada de ellos. Pero ahora para fin de año les invitamos a tomar algo, y en Navidades compro comida y juguetes y ellos las llevan a los comedores y a las escuelas donde se necesitan. -Hay gente que le sigue a todas partes. -Hay una jubilada que ahorra durante todo el año para poder ir a verme a Nueva York. Me escribe porque no quiere molestarme ni siquiera para conocerme. Hay japoneses que te siguen a todos lados... Pero no hay problemas con ellos. Al principio sí los tuve. Aunque hay cosas increíbles. Una fan se ha hecho un tatuaje igual que el que yo tengo. Hay gente que me ha escrito pidiéndome esperma porque quiere tener un hijo mío... He recibido cartas proponiéndome relaciones sexuales. Es increíble. Por eso procuro mantener las distancias. Mis tiempos son mis tiempos. Es una manera de no ser de ellos.