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54 SÁBADO 28 1 2006 ABC Cultura y espectáculos JULIO BOCCA Bailarín Los artistas no pertenecemos al público, sino a nosotros mismos Julio Bocca es un bailarín atípico. Ídolo en Argentina, su país natal, lleva bailando con regularidad en nuestro país desde hace casi veinte años. Mañana concluye dos semanas de actuaciones en Madrid, en las que ha bailado con Tamara Rojo a teatro lleno TEXTO: JULIO BRAVO FOTOS: IGNACIO GIL MADRID. Hace diecinueve años, cuando vino a Madrid para bailar por vez primera en nuestro país, Julio Bocca era un chico extremadamente tímido. Ya no es tan chico, pero sigue mirando al suelo con azoro y hablando a media voz. Es una de las grandes estrellas de la danza internacional, pero ahora se muestra más a menudo como Julio y menos como Bocca. Se le nota relajado dentro y fuera del escenario, feliz con su vida, pero ha puesto fecha de caducidad a su carrera. El 22 de diciembre de 2007 está prevista su última función en Buenos Aires. Quizás sea unos días antes, porque si ese día llueve luego llegan las Navidades y no hay quien haga venir al público -No es algo muy normal decir con tanta antelación la fecha de su retirada. -Yo no suelo hacer cosas normales, así que una más... He querido poner un límite. Yo me sigo sintiendo bien en escena y quiero retirarme así. Es lindo que el público te quiera seguir viendo sobre el escenario, pero uno no es del público. Es de uno mismo. A mí me fascina estar arriba del escenario. Pero a veces, por la carrera que he llevado, he dejado de hacer un montón de cosas, las más simples, como estar sentado en un banco en una plaza, tranquilo, sin pensar en la clase que tienes que hacer, en el entrenamiento que estás obligado a hacer para estar en forma. Aunque cada vez me gusten menos las clases y los ensayos, tengo que trabajar cada vez más para estar bien físicamente. Y ahora quiero disfrutar de las cosas pequeñas. De levantarme una mañana y no tener nada que hacer, de poder irme con mis perras al parque, de estar en casa tranquilo sin pensar en el próximo programa, en los coreógrafos, en el repertorio... Llevo veinticinco años de giras, trabajando con diferentes compañías. El año que viene cumplo cuarenta años, y quiero pasar los otros cuarenta que me puedan quedar disfrutando de la vida. -Pero usted podría seguir bailando, físicamente se le ha visto bien. -No quiero estar arrastrándome en el escenario. Nunca entendí a la gente que lo hace. Admiro su esfuerzo y las ganas que tienen de seguir en escena, pero quiero que la gente me recuerde bien, en plenitud, que lo que vieron sea digno de un bailarín. -Usted empezó a los cuatro años. -Siempre me recuerdo bailando. A los ocho años entré en la Escuela del Colón y ya estaba en las funciones del Ballet juvenil. A los doce empecé a viajar por el interior del país con la Escuela. A los catorce tuve mi primer contrato, y empecé a trabajar y a vivir de mi sueldo. A esa edad empecé a vivir como si tuviera veinte años. Ya era una persona ubicada, que sabía cómo pagar sus cuentas, que viajaba. No viví lo que viven la mayoría de los chicos de los catorce a los veinte. Crecí más rápido que la gente de mi edad. Y hay cosas que quiero recuperar ahora. Quizás, si pudiera cada tanto hacer alguna actuación, no hubiera hablado de retirarme. Pero me cuesta mucho subir al escenario. Y yo no me veo caminando o arrastrándome en él. Es una falta de respeto hacia mí y hacia el público. Y por eso creo que es mejor cortar por lo sano. Tengo, además, que operarme de nuevo de la rodilla... -Sería la octava operación... -Sí, la octava. Me falta un trozo de cartílago, y me molesta bastante. Me cuesta mucho estirar la rodilla, Cada vez No quiero caminar o arrastrarme por el escenario. Es una falta de respeto hacia mí y hacia el público Me encanta el mar, me proporciona paz. Puedo pasarme horas mirándolo. He pensado incluso en comprarme un barco y vivir en él En mi barrio no tuve nunca problemas por ser bailarín. Era más bien una curiosidad que la estiro es como si me tocaran una herida que está en carne viva. ¿Las operaciones han influido en su decisión de retirarse? -No... Lo que pasa es que el cuerpo se va resintiendo, pero no sólo por las operaciones. Yo he llegado a hacer ciento treinta funciones al año. Más los viajes, los cambios de clima, los horarios... Con la edad lo vas sintiendo más. Cuando era más chico podía llegar de un viaje y hacer la función directamente. Ahora necesito un día de tranquilidad para acomodarme. Hay muchas cosas en las que estoy cambiando. ¿Ha planeado lo que va a hacer? -Tengo una escuela, una fundación, soy socio del teatro Maipo de Buenos Aires, está la compañía... Hay muchas cosas, pero la verdad es que no quiero ni pensar... No quiero programar mi vida. Voy a disfrutar estas funciones que me quedan y después lo que salga. -Pero algo tendrá en mente. -Tengo ganas de tener un barco, y recorrer el mundo tranquilo, irme al mar. Me gustaría también poder sentarme a tomar una cocacola tranquilo en un bar... A veces sales del teatro y ves a la gente sentada en un bar tranquilamente tomando una copa, y les envidias, porque muchas veces no puedes hacerlo. Esta profesión requiere que cuides el cuerpo, y a menudo no puedes hacer cosas tan sencillas como quedarte por la noche a ver una película en tu casa o charlando con los amigos porque sabes que al día siguiente tienes que madrugar y el cuerpo necesita descansar. Y no es que reniegue de mi vida... La elegí yo, pero sí quiero ahora disfrutar de estas otras cosas. -Cuando uno empieza tan joven quizás no es consciente de lo que de verdad quiere. ¿Nunca se ha planteado si de verdad quería seguir bailando? -No, no... Pasé un momento, a los 24 o 25 años, en que llevaba mucho tiempo sin vacaciones, y no hacía más que bailar. No me atrevía a decir que no a nada. Hasta que aprendí, gracias al psicoanálisis, y llegó el momento en que dije basta. Decidí tomarme dos meses de vacaciones, aunque a los quince días ya estaba otra vez trabajando. A partir de entonces me obligo a tomar Julio Bocca, esta semana en Madrid