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66 VIERNES 27 1 2006 ABC FIRMAS EN ABC ÁLVARO VALVERDE ESCRITOR CARTA DE PARLA En la tradición de bibliógrafos españoles como Gallardo y Barrantes, Moñino da un paso más y se define, ante todo, como lector... E L pasado domingo nos acercamos a Parla. El Centro Cultural Extremeño Carolina Coronado había organizado un homenaje a don Antonio Rodríguez- Moñino en el teatro Jaime Salom de esa localidad del cinturón sur de la capital de España, uno de los locales donde se celebra el Festival Madrid Sur de José Monleón y el IITM. Quiso la casualidad que el día anterior escucháramos una extensa entrevista con su alcalde, Tomás Gómez, lo que redobló el interés por visitar una ciudad de 100.000 habitantes (de los cuales casi un tercio son extremeños) que va a poner en marcha un proyecto estimulante: el tranvía. De Moñino hablaron, con sobrada solvencia, dos miembros de Beturia: Ricardo Hernández Mejías y Alejandro García Galán. Hubo música (culta, por parte de Nuviana, y popular, a car- go del pianista Alberto Lebrato) y entrega de premios (los Carolina Coronado de poesía) y de placas, entre otras, a la sobrina del homenajeado, Julia Rodríguez- Moñino Serrano. Honra al Carolina Coronado la elección de Moñino. No es frecuente que en ese tipo de centros se salga del cansino círculo de los gabrielesygalanes y los chamizos. Don Antonio, que fue un extremeño cabal, representa la mejor Extremadura, la que en rigor debería elogiarse. Como suele ocurrir en los de verdad grandes, a su altura intelectual se unía su bonhomía personal. Fue una persona íntegra y con criterio. Hubo ocasión de recordar en Parla que, durante la Guerra Civil, la defensa de lo mejor de nuestro patrimonio cultural estuvo en manos de dos extremeños: Timoteo Pérez Rubio (salvando los cuadros del Museo del Prado) y Antonio Rodrí- guez- Moñino (haciendo lo propio con las bibliotecas, entre ellas la Nacional) Tras esa guerra, que perdió, depurado y con su carrera profesional truncada, este ciudadano de la Tercera España vivió un prolongado exilio interior que sobrellevó con una intensísima labor en sus especialidades, la bibliografía y la bibliofilia Príncipe de los Bibliófilos le llamó Bataillon) tanto aquí como en el extranjero (como LOLA SANTIAGO ESCRITORA SUEÑOS C UANDO llega el tiempo de las verdes manzanas o de los tiernos higos o de las uvas esparcidas en suaves racimos salgo a contemplar la tarde, una tarde larga en sensaciones que se arremolina a mi alrededor de forma grata, dulce y tranquila, como agua del estanque. A veces quisiera ser un mirlo para cantar con esmerado canto a su orilla y otras, sin más, yo misma. Y pasear en ella. Despacio, sin prisa, sin objetivo alguno o tal vez sí, uno, el placer de recorrerla entera. Aunque no importe cuando termine. Las sensaciones placenteras dan ganas de alargarlas. Y si se consigue, eso que hemos ganado. Hoy soñaba que estaba a la orilla de un río montada en un potro de negras crines, hacía viento, éste sonaba en mis oídos, entonces yo espoleaba a mi caballo hasta coger un trote largo y el aire pasaba a zumbar a mi alrededor de forma machacona runruneando despacio. Y luego me pregunté por qué soñamos escenas como éstas sin aparente sentido. No, no estoy dispuesta a consultar La interpretación de los sueños del señor Freud. Prefiero seguir con mis cábalas. Tengo en un plato tres especies de frutas: Una manzana, un racimo de uvas y un higo tierno. Me dispongo a comerlas; pelo la manzana, lavo las uvas y abro el higo. ¿En qué orden? En este. Paso de la textura fresca de la primera al sabor dulce ambarino de las segundas hasta la frondosidad sensual de la tercera. Y ahora entiendo el por qué de tantas canciones picaronas pasando por chistes, etc. que se hacen en su honor al compararlo con el órgano sexual femenino. Un amigo al que le hablo del tema me canta un chotis con su aquél muy expresivo en sus dobles sentidos. Ahora mismo en la época que estamos es difícil de encontrar las uvas y no digamos ya los higos, tarea casi imposible. Las manzanas sí. Si nos olvidamos de internet, claro. Como dijo un americano una vez, en internet se puede encontrar de todo y sin moverte de casa. Y no sólo lo dijo sino que lo intentó demostrar encerrándose con su ordenador y su tarjeta visa bien visible por un tiempo indefinido. Después le perdí la pista al buen hombre pero estoy segura que lo consiguió. Por eso aunque aún no sea el tiempo propiamente dicho de estos productos, se puede pensar en ellos, recrearte en su sabor, su textura y hasta su color, pues de cara a formar buenos jugos gástricos está el que nos entre mejor o peor por los ojos, cosa imprescindible para que se nos abra el apetito y asegurar una buena digestión. La otra noche me preparé para pensar en un futuro sueño de una escena vista la tarde antes en el cine: dos vaqueros se tiran desnudos desde lo alto de un risco al río que pasa a sus pies, en un paisaje nevado. La escena entonces me pareció grandiosa, quise repetirla en mis sueños, pero no pude conseguirlo, sólo me desperté de madrugada con frío pero fue porque al dar una vuelta en la cama, me llevé toda la ropa hacia el otro lado, pero nada de sensación de mojadura o de algo de emoción en la caída por la altura. Porque no había existido, sin más. Enderecé la ropa de cama, bebí un poco de agua, me acurruqué y al poco estaba feliz durmiendo a pierna suelta, con mi pijama y calentita. De las cosas que pasan en la ficción o que nos imaginamos nos separa la sensación de realidad, y esta sensación de realidad puede llegar a ser tan fuerte, que no nos deja pasar la frontera hacia la imaginación o lo meramente ficticio. Y creo que, aunque a priori nos parezca más aburrido, es mejor para todos- -historia incluida- que así sea. conferenciante y profesor de universidades de todo el mundo, en especial las norteamericanas) además de dedicarse a la edición (fue fundador de Castalia) y, cómo no, a sus tertulias en los cafés (lo que da cuenta de su carácter conversacional y dialogante) Tras un primer intento fallido (por motivos políticos) ingresó en 1966 en la Real Academia Española. En esa institución está la mayor parte de su legado. En la biblioteca cacereña que lleva su nombre y el de su mujer y compañera infatigable, María Brey, por decisión de ésta, se depositaron los fondos extremeños y en la Academia, como digo, está el resto, que es tanto como decir la mejor colección de libro antiguo del país. Como me comentaba un especialista en su obra, José Luis Bernal, esa entrega desinteresada (y eso que había ofertas sustanciosas de universidades foráneas) es el primer acto trascendente de restitución bibliográfica que tiene lugar en España en mucho tiempo, siglos incluso. Y ya que hablamos del profesor Bernal, bueno será recordar que la Editora Regional le publicó en 1991 un Cuaderno Popular titulado Dos casos de marginación: Antonio Rodríguez- Moñino y Francisco Valdés donde, entre otras cosas interesantes, se analiza su poesía, desconocida para muchos, algo que salió a colación en el acto de Parla. En la tradición extremeñísima de bibliógrafos españoles como Gallardo y Barrantes, oportunamente recordada por Juan Manuel Rozas (estos días, veinte años ya de su muerte) Moñino da un paso más y se define, ante todo, como lector. Tal vez, escribió, para desgracia de ese papel de bibliógrafo, tengo la debilidad de no considerar el libro sólo como unidad catalográfica, sino como expresión material de pensamiento y sensibilidad: quiero decir que los leo Porque uno admira a Moñino, le hice aparecer como personaje en mi última novela. Dije en Parla que tenía la certeza de que a Rodríguez- Moñino le hubiera gustado conocer la Extremadura de hoy. La del Año del Libro y la Lectura y la exposición Extremadura en sus páginas (recordamos esa tarde, unos y otros, a Fernando T. Pérez) la del Plan de Fomento de la Lectura y las sucesivas ediciones de Un libro, un euro (en la segunda campaña, precisamente, se editó y regaló su obra Historia Literaria Extremeña, una gentileza de otro bibliófilo, Joaquín González Manzanares) la del mayor índice de bibliotecas por habitante de España; la de la Biblioteca Regional y la de Barcarrota; la de la Unión de Bibliófilos Extremeños, la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura y la Academia Europea de Yuste (que le tendrían entre sus miembros) la de las Aulas Literarias de la Asociación de Escritores y la de los Talleres de Relato y Poesía, etc. No me cabe la menor duda de que se sentiría feliz. Esta es la Extremadura que sigue su ejemplo. Sí, por suerte, aludiendo a sus propias palabras, cada vez quedan menos venerables fósiles aquí.