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ABC VIERNES 27 1 2006 Espectáculos 59 MENCIÓN ESPECIAL Mariano Haro, reportero El atleta Mariano Haro recuerda perfectamente el drama muniqués. Yo les compré a los rusos una cámara fotográfica que parecía un bazoka señala a ABC. Y tiró con ella dos carretes de lo que sucedía en el edificio israelí atacado. ¿Qué fue de esas fotos, don Mariano? Se las di a un amigo de la agencia Efe y perdí el rastro Tristeza y desolación cubrieron la Villa Olímpica, cuenta Haro: Los deportistas nos preguntábamos si continuarían o no los Juegos. Habíamos ido a competir y nos encontramos con la tragedia Les preocupaba también el destino de Mark Spitz, el nadador de origen judío que acababa de conseguir siete oros. Días antes, el domingo 3 de septiembre, a las 5 y 10 de la tarde, Mariano Haro legó a los aficionados una actuación memorable en la final de 10.000 metros. El deportista de Tierra de Campos se metió de salida en el grupo de cabeza (junto a los favoritos: el finés Viren, el belga Puttemans, el etíope Yifter, el británico Bedford... A los 5.000 metros (13: 43: 8) Viren choca con un rival y cae al suelo, pero se reincorpora de inmediato y alcanza al grupo. Hasta los casi 7.000 metros encabeza el pelotón Bedford, pero el ritmo de Viren, que aplica su táctica de aceleración progresiva y el de Puttemans pasan factura al grupo, salvo a Haro, que persiste en cabeza. El español se mantiene en el cuarteto que principió la batalla final, pero no pudo ante el sprint final de Viren. Fue una estupenda carrera. A falta de 600 metros iba el primero, pero el acelerón de Viren resultó inalcanzable Haro superó el récord de España e hizo la quinta mejor marca de todos los tiempos: 26: 47: 2. Después, la tragedia acalló el Olímpico... de a Avner que abandone a su esposa embarazada, olvide su identidad y borre su faz de la faz de la tierra para cazar y asesinar a los once hombres acusados por los servicios secretos de Israel de haber planeado la matanza olímpica. Imberbe e inexperto, Avner se convierte en líder de un cuarteto de chacales: un surafricano temerario, un judío alemán experto en falsificar documentos, un juguetero belga reconvertido en fabricante de explosivos y un tipo silencioso y metódico. Avner y sus secuaces viajan de incógnito por medio mundo en carros de fuego: ojo por ojo buscan a los ideólogos del ataque. Al margen de la ley, sin hogar ni familia, empiezan a discutir y sus almas comienzan a corroerse: ¿A quién matamos exactamente? ¿Es posible justificarlo? ¿Detendrá esto el terror? Atrapados en terribles dudas, la misión les asfixia las entrañas. Spielberg, de raíz judía, reta a los que le acusan de haber traicionado al pueblo israelí y así proclama que, si fuera necesario, estaría dispuesto a morir tanto por Israel como por Estados Unidos. Y a quienes le acuchillan con carnívoros cuchillos les advierte: Critico a mi país porque lo amo Una imagen de la película de Steven Spielberg Múnich Spielberg y el temple maldito EE. UU. 2005 Director: Steven Spielberg Intérpretes: Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ualquier mirada sobre esta película de Spielberg tendrá ya como objetivo prioritario (y en ocasiones, único) el medir, pesar, calibrar el lugar exacto, al milímetro, en el que se sitúa ante el conflicto (guerra) entre palestinos e israelíes. Hasta ahora, a Spielberg le han disparado desde las dos trincheras. El libreto que propone no merecía menos: presentar, primero, a los asesinos de Septiembre Negro que masacraron con frialdad de serpiente a once atletas judíos durante los Juegos Olímpicos de Múnich; y presentar, después, a los asesinos judíos que prepararon y realizaron la réplica Venganza se llama el libro en el que está basado) en otros tantos dirigentes palestinos que operaban en distintos puntos de Europa, con un inolvidable y crucial postizo estos asesinatos se organizaron al amparo de las más altas instancias del Estado de Israel de forma tan evidente como inconfesable. Bien, todo esto está contemplado en las intenciones y en la película de Spielberg, pero, lógicamente, está contemplado no desde el centro del universo, sino desde un lugar muy concreto: el ser judío, que debiera ser un lugar tan apreciable como cualquier otro para intentar ver las cosas con amplitud. La mirada de Spielberg hacia el terrorismo palestino es pétrea, intransigente, tal y como debe ser hacia cualquier terrorismo, y cuenta los asesinatos de los atletas de un modo C ABC rescate remata Luyk. El penúltimo día de competición, el atleta Mariano Haro (que fue cuarto una semana antes en la final de 10.000 metros, considerada como una de las mejoras carreras de todos los tiempos) disputó la de 5.000 metros. ¿Sintió miedo escénico? Una vez sobre la pista, no; sabíamos que el estadio olímpico estaba controlado por las fuerzas de seguridad Tras la lectura del Clifford Luyk: libro Venganza de George Jonas, Steven En la villa Spielberg rodó Múniolímpica ch con detalles de comíamos gran realismo dice. escuchando El protagonista es un los balazos joven agente secreto israelí: Avner (interpretado por Eric Bana) Este personaje está basado en Juval Aviv, descrito por Jonas en su obra. Es el testigo de cargo con el que Spielberg y su guionista, Kushne, se han reunido varias veces para pergeñar la historia. Un jefe de Avner, Ephraim (al que da vida Geoffrey Rush, ex pirata del Caribe) le propone una misión: la operación de venganza conocida como La cólera de Dios que los servicios secretos israelíes nunca reconocerían. Ephraim pi- directo, cruel, periodístico, donde se mezcla la entrevista con el reportaje y las imágenes ficticias con las más veristas de la televisión. La mirada posterior a la venganza israelí es al tiempo clara (su mensaje es inequívoco: el contraterrorismo no aporta ventajas y diluye una supuesta superioridad moral) y de temperatura más cálida: el protagonista, Avner (Eric Bana) tiene un corazón y una moral, y se los muestra al público, del mismo modo que los del resto del comando terrorista israelí... Y también es evidente que Spielberg filma los atentados del comando israelí de un modo diametralmente distinto: más cinematográficos, más ficticios, hollywoodienses, quitándole de ese modo esquirlas del hierro de la realidad... Y que no puede evitar un falsh- back constante que delimite los territorios morales, y al presente vuelven con insistencia las imágenes del asesinato de los atletas. La película llega hasta donde se pretende: la ineficacia de ese punto del Código de Hammurabi que se conoce como la Ley del Talión; ese inagotable ojo por ojo que nos aboca a un absurdo mundo tuerto. Lo dice la historia y lo sentimos en las pesadumbres y penitencias del protagonista, acosado por mil fuerzas oscuras y difusas. Y todo este complejo mundo interior y las bifurcaciones morales que pugnan en la película (y en la cabeza) de Spielberg están en cierto modo reflejados en su forma y en su estructura. Además de la mencionada manera opuesta de filmar, o contar, los asesinatos palestinos y judíos, se aprecia en las dudas que trasluce como película de intriga y en un tic algo mecánico en el modo de resolver las escenas de acción. Cambios de ritmo, hilos sueltos, personajes sin pulir (su amigo Andreas) saltos más allá de la mera elipsis... En definitiva, la sensación de que Spielberg la ha rodado con el botón del cuello de la camisa demasiado prieto.