Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 27 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LOS CUERNOS DEL VILLANO A política española necesitaba un villano con el que sustituir al malhumorado Arzallus cuando éste decidió, alabado sea el Señor, abandonar las candilejas. Lo encontró pronto y, como es natural, en las filas del nacionalismo, cantera de tipos hoscos, mal encarados, retadores e insolidarios. Carod- Rovira era todo eso, y además practicaba una chulería antiespañolista, como si para afirmar su ser catalán tuviese que faltar al respeto a los que no lo somos. Felipe llegó a decir de él que sólo podría ser más tonto a base de entrenamiento. El café con los etarras en Perpiñán le llevó a cruzar la frontera de la felonía, y desde entonces es por mérito propio la besIGNACIO tia negra favorita de la CAMACHO escena pública nacional, aupado sobre un inexplicable protagonismo que Zapatero le concedió para sostenerse en un poder desde el que al fin parece haber comprendido que tenía alternativas menos desestabilizadoras. Para soltar ese lastre ha necesitado el presidente verse bajar en picado en las encuestas, y aún no se atreve a dejarlo caer del todo para no arrastrar de golpe a un Maragall que también sufre horas bajas. A Maragall y a Carod les ha puesto Zapatero unos cuernos muy vistosos con Artur Mas, que es como el yerno presentable y guaperas de Pujol, con su cara cuadrada de maniquí de grandes almacenes, y ahora los dos andan llorando por las esquinas o haciendo mohínes de enfado, pese a que a los de ERC no les llegan las camisas negras al cuerpo, empavorecidos como están de pensar que si hay elecciones anticipadas en Cataluña se pueden quedar fuera del calorcito presupuestario. Maragall, que fue el primer rehén de Carod y ha adquirido un lamentable síndrome de Estocolmo, está ya destinado al jubileo: le darán palmaditas y una medalla, y lo mandarán en vida al panteón de los ilustres como su abuelo. Esta tardía caída presidencial del caballo que ha supuesto la coyunda estatutaria con el nacionalismo moderado de Convergencia no le redime a Zapatero, sin embargo, de la responsabilidad de haber dado alas y vara alta a la arrogancia rupturista de ERC. Nadie obligó a los socialistas a firmar ese monumento antidemocrático que fue el pacto del Tinell, ni a otorgar a Esquerra una lacerante prioridad en las negociaciones del Presupuesto, ni a recibir al villano oficial en La Moncloa con honores preferenciales. Que se lo haya acabado sacando de encima con una finta que lo ha arrojado del tálamo para hacer sitio a otros inquilinos de mejor pinta sólo indica que el poder no obedece a otras razones que las de su propia supervivencia. Pero los vientos del desencuentro ya han salido de la caja de Pandora- -que se lo pregunten a los empresarios que han sufrido el boicot navideño- y a ver quién los encierra de nuevo ahora que se han acostumbrado a viajar en coche oficial y volar en bussines. L EL SÍNDROME RUBIANES D ESCONOZCO el contexto concreto en el que fueron hechas las declaraciones desmedidas y ofensivas de Pepe Rubianes que hoy comenta medio país, pero me extraña sobremanera que de la boca de un hombre normalmente cordial puedan salir exabruptos como esos sin haber pasado antes por el inevitable ceremonial de la cerveza caliente o del güisqui de garrafa. No reconozco en esas palabras al artista inteligente y creativo que siempre he visto en este gallego recriado en Cataluña, que ha labrado su carrera al margen de inventos prefabricados o de modas televisivas. Pepe ha sido siempre puntiagudo y provocador, pero, a la vez, original y brillante, desternillante a veces, profundo en ocasiones, desconcertante cuando menos. El trato que yo recuerdo es el de un tipo afable y colega, nada endiosado, que hace de la normalidad su seña de identidad. Y, en cambio, va y me CARLOS sale con eso de que hay que revenHERRERA tar los cojones de los españoles y otras estupideces como las que soltó en un programa de TV 3 que, lógicamente, le rió las gracias y aplaudió a rabiar. No acabo de comprenderlo. Me cuesta pensar que esté estructurando una promoción gratuita de algún nuevo espectáculo y que piense que un ruido semejante a una ventosidad mediática le vaya a proporcionar beneficio propagandístico: le tengo por más inteligente. Puede haber sido un calentón decirles a los extremeños que los catalanes les pagan la mitad del sueldo o que, más o menos, les dan de comer- -como si los extremeños estuviesen todo el santo día acariciándose el escroto- puede haber sido un calentón pedir que reviente la puta España en la que, teóricamente, trabaja; puede haber sido un calentón manifestar su desprecio por los miles de españoles que han abonado las entradas de sus espectáculos. Puede. Pero no lo entiendo. O ha sido abducido por esa poderosa burbuja naciona- lista desde la que es imposible vislumbrar el exterior y en la que todo aire se recalienta hasta el estallido, o, lamentándolo mucho, estamos ante un imbécil de libro que ha vivido agazapado durante no pocos años. Al no creer lo segundo, prefiero considerar que es un claro caso de Síndrome de Sant Just descrito como aquel que se da en individuos ansiosos de superar las marcas de estulticia de los profesionales del desprecio que aparecen en la muy estupenda televisión de Sant Just d Esvern- -TV 3- -y que se pasan de frenada ante el regocijo general de los gestores de la excepción catalana. El desternillante Maki Navaja- ¿se escribe así? -que protagonizó Pepe en la odiosa televisión de todos los odiosos españoles tenía mucho de iconoclasta, de rompedor, pero dudo que hubiese hecho suyas las palabras eructadas anteayer por su entretenedor artístico. Un ejemplo tal de valentía antipatriotera, en cualquier caso, está por darse en los territorios últimos: cuán fácil es decir eso de España y de los españoles, pero cuán difícil decirlo de los catalanes, de los aragoneses, de los andaluces, es decir, de los que conforman España. La ventaja de decirlo del conjunto de los nacionales es que muchos de ellos pueden no querer darse por aludidos, pero si lo dice de los particulares que conforman la españolidad entonces se enfrenta al orgullo entretenido de las patrias menores, y eso se paga con otro precio. Me parece magnífico que un andaluz o un catalán desbarren improperios sobre la patria supuestamente común, pero ¿por qué no oigo a ningún catalán decir algo así sobre su patria próxima? ¿Gozaría Pepe Rubianes de la misma risotada simplista del público si dijese que ojalá les revienten los cojones a los catalanes ¿Qué hace diferentes a los catalanes del resto de los españoles para que a unos les tenga que reventar la bolsa escrotal y a otros no? ¿Ese es todo el talento que es capaz de mostrar? Será el Síndrome Rubianes no sé. www. carlosherrera. com