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ABC JUEVES 26 1 2006 Cultura 59 TEATRO Que me abreve de besos tu boca Texto, dirección y espacio escénico: Carlos Marquerie. Compañía Lucas Cranach. Intérpretes: Paz Rojo, Estela Llovet y Getsemaní de San Marcos. Lugar: Sala El Canto de la Cabra. Madrid. Piazzolla se instala en el repertorio berlinés con su operita más famosa El tango argentino entra por vez primera en un teatro de ópera de Alemania de Buenos Aires montada por Katia Czellinik en la Ópera Cómica de la capital alemana, cosechó grandes ovaciones del público GUILLEM SANS, SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. María de Buenos Aires la operita- tango de Astor Piazzolla con textos de Horacio Ferrer, hizo furor en Suramérica a partir de su estreno en 1968, pero en Europa su recepción fue b La producción María LA CARNE DEL VERBO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN R itos de amor y de muerte, dos conceptos que se tocan, piel con piel, y por cuya frontera se desliza el nuevo espectáculo montado por Carlos Marquerie bajo la enseña de Lucas Cranach, su compañía, con la que ha comparecido anteriormente con trabajos vertebrados obsesivamente en torno a ese binomio y que llevaban los nombres de El rey de los animales es idiota (1997) Lucrecia y el escarabajo disiente (2000) 120 pensamientos por minuto (2001) y 2004 (tres paisajes, tres retratos y una naturaleza muerta) (2004) Que me abreve de besos tu boca remite a El cantar de los cantares y, al igual que los encendidos versos atribuidos a Salomón, visita el cuerpo de la amada, lo explora, se recrea en él, lo celebra, lo sufre, lo exprime y lo respira en una constelación de pequeñas muertes en las que el ritual se agota y se renueva: Me muero en mi deseo y mi deseo me da la vida dice uno de los versos que salpican la representación, recorridos por un insistente juego de contrastes entre el blanco y el negro. Marquerie pone en pie una ceremonia de la desnudez y de la contemplación, que el público sigue en un silencio estremecido, casi sin respirar, secretamente turbado; sólo transcurrido cerca de un cuarto de hora de representación, una música tenue suaviza el instante; más tarde surgirán las palabras, breves parlamentos, poemas que acotan ese paseo por el amor y la muerte, la carne del verbo, unidos en un todo lo externo y lo interno. El ara es una playa de arroz, dunas blancas sobre las que sucesivamente tres mujeres se desvisten, se palpan, se muestran, miman los ritos de apareamiento de las ranas, se confunden en un nudo tumultuoso, se estremecen, se aproximan a los mudos reinos de la muerte... Tres mujeres serenas, un punto inquietantes, seductoras, que visitan los ritmos de la pasión muy cerca de los espectadores que rodean el pequeño ámbito, protegidas por un halo de distancia y misterio. Un espectáculo emocionante y muy bien medido, con la contundente belleza de un paisaje nevado o una caricia. Paz Rojo, Estela Llovet y Getsemaní de San Marcos, las tres oficiantes, realizan un arriesgado y hermoso trabajo a cuerpo descubierto en un territorio en que teatro y danza se confunden, y superan la prueba con sobresaliente. Una imagen de la ópera lenta. En Alemania fue el violinista letón Gidon Kremer el último en llevarla de gira, en versión concierto. A la directora Katja Czellnik debemos el primer intento de montarla aquí en una sala de ópera. Fue en Kiel en 1999. Ese montaje, en estricta provincia, pasó desapercibido. Czellnik amplía ahora su idea de entonces y estrenó este domingo su nueva versión en la Ópera Cómica de Berlín. Piazzolla se instala así por primera vez en el repertorio de una gran sala de ópera de Alemania. Su director, Andreas Homoki, ha tenido la deferencia de romper la tradición de ofrecer todas las producciones en versión alemana. Ya resultaba extraño oír a Madama Butterfly profiriendo en esa lengua sus exabruptos de amor traicionado en el montaje de Calixto Bieito el año pasado. Pero con los intrincados textos lunfardos de Ferrer, afortunadamente, no se ha atrevido. Un bandoneón psiquiatra Para Astor Piazzolla, el bandoneón era su psiquiatra, su pulmón, su aliento vital y su motor. María es el fracaso, la pérdida, el aislamiento y al mismo tiempo el paraíso perdido Así justifica Czellnik su apuesta por multiplicar la presencia de ese instrumento en una gran caja blanca sobre el escenario, en cuyo interior se desenvuelven los intérpretes, acompañados de un buen número de extras no profesionales para los que la directora inventa una coreografía con bandoneones de mentirijilla. Y sugiere así, de refilón, la filosofía del tango que esconde esta operita en su parco argumento: María es la forma humana de una forma musical barriobajera y burdelesca que la elite argentina destestaba y que llegó a Europa en un envoltorio folclorístico que banalizaba sin remedio su duende original. La protagonista muere en la segunda parte para resucitar después. Las intenciones del artífice del tango nuevo tenían algo que ver, ciertamente, con alguna forma de resurrección. María es, también, la patrona de Buenos Aires y la encarnación de esa ciudad. No sé cómo pasa en otros sitios, pero con Buenos Aires sus habitantes tienen una relación carnal. Nadie está solo si está con ella, y sabe hacerse sentir incluso desde lejos explica el escritor argentino Javier Argüello en el prólogo a su antología de tangos El día que me quieras (Lumen, 2004) De ello da perfecta cuenta esta producción berlinesa, para la que Czellnik ha reunido a un reparto multinacional con la argentina Julia Zenko, el alemán Matthias Klein y el portorriqueño Daniel Bonilla Torres, que suple a Ferrer en el papel de recitador.