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6 Opinión JUEVES 26 1 2006 ABC AD LIBITUM EL SUEÑO DE PIQUÉ UANDO el verano pasado la negociación del estatuto catalán zozobraba con Maragall a la caña y Montilla hacía horas extra en el puente aéreo para restablecer el rumbo, en tanto que ERC ensayaba un paso a dos con CIU a espaldas del PSC, Josep Piqué tenía una teoría. Nos la contó a otros dos comensales en un restaurante madrileño, y la verdad es que no sonaba mal. A saber: estaba fuera de duda que no habría estatuto, razón por la cual de lo que se trataba era de encontrar la mejor manera de imputar el fracaso a los nacionalistas de CiU. A tal efecto, explicaba, mantenía conversaciones fluidas con los socialistas catalanes, para quienes la siEDUARDO tuación se había converSAN MARTÍN tido en inmanejable y sopesaban esa salida. CiU saldría estigmatizada del lance y ambas fuerzas, PP y PSOE- PSC, obtendrían un claro beneficio de su descenso a los infiernos. Sonaba bien; pero no había que ser un lince, ni esperar a la primera escena del sofá Zapatero- Mas, aquella en la que se cerró el acuerdo que supuso la aprobación del estatuto en Cataluña, para sospechar que las cosas podrían muy bien no ir por ahí. Ante la incredulidad de muchos, este periódico desveló hace exactamente un año los deseos coincidentes de sectores del PSOE y de CiU de provocar un cambio de las alianzas en Cataluña y en España. Los primeros, porque empezaban a no soportar la carga de ERC; los segundos, porque pretendían recuperar la centralidad en Cataluña, para lo cual necesitaban restablecer su influencia en los asuntos de España. Ambos coincidían en que la negociación del estatuto facilitaría la ocasión, pero los dos confesaban que era el otro el que debía dar el primer paso. Con estos antecedentes, no era nada aventurado deducir que las dos visitas giradas por Mas a La Moncloa en septiembre podrían haber ofrecido esa esperada oportunidad. El cálculo de Piqué obedecía a una ensoñación. El presidente del PP catalán fantaseaba con la posibilidad de enviar a CiU a las catacumbas y ocupar una parte sustancial de su espacio con un PP sensible a las pulsiones territoriales. Y creía que podría contar con la complicidad del PSC en esa operación de derribo. Pero los socialistas le han dado un lección que no deben olvidar ni él ni un PP nacional que nunca terminó de creer que iba a haber nuevo estatuto, sí o sí. En política, las coaliciones son simples matrimonios de intereses que sólo obligan a lo que se firma. El PSOE ha gobernado con ERC hasta ahora, y lo podrá hacer en el futuro con CiU, como los liberales alemanes pactaban alternativamente con socialdemócratas y democristianos sin necesidad de abjurar de sus convicciones. Y como lo hizo el propio Aznar en un pasado muy reciente. La llave para gobernar es la posibilidad de construir alianzas. La foto de Núñez Feijóo con Anxo Quintana debería invitar a la reflexión en Génova. FALTARÁN NUEVAS NORMAS ni tener en consideración, como olvidamos que Al- Qaida A hemos entrado en una fase azarosa de la vida está aquí, aunque la Policía vaya deteniendo a sospechopolítica en la que el juego de sombras se distingue sos con empeño metódico digno del mayor elogio. Segurademasiado poco de los cuerpos reales. De hecho, mente en mayor medida que la traslación del PP de Azvemos cuerpos sin sombra y sombras sin cuerpo, en un nar a Rajoy, el viaje de Rodríguez Zapatero hacia otra ejercicio casi convulso de la confrontación entre los dos izquierda no es un factor menor en la descompensación grandes partidos, PP y PSOE. Esa no puede ser una fase de los equilibrios propios de nuestra vida política, de corta duración porquehemos llegado a conceppor radical que fuera la lucha partidista en el pasatos límite y en tales circunstancias se hacen necedo. Zapatero suspiraba por presenciar la sucesión sarias nuevas normas internas, un nuevo código de Aznar, pero en aquellos momentos tal vez no de tráfico para que los partidos políticos circulen había descubierto con tanta pasión la voluntad de con más naturalidad por las interacciones de la poder, la creencia en que conservar el poder convida colectiva. No parece que la opinión pública, lleva la posibilidad de alterar los componentes de por volátil o por escindida, pueda presionar para la realidad o de simular una nueva realidad. que los partidos políticos vuelvan a la senda habi Dejad que las naciones periféricas se acerquen tual: por otra parte, la vieja fuerza del interés naVALENTÍ a mí dijo Zapatero. Comenzaba la construcción cional hoy claudica, precisamente porque su conPUIG de un circuito de alternancias que necesitaría de cepción es antitética según la calibren el PP o el nuevas normas. La perspectiva distinta sobre la familia PSOE. Veamos, por ejemplo, el modelo territorial de Estao la religión también propone normas nuevas. El revisiodo o la idea de política exterior. nismo histórico propiciado por la izquierda y la puesta Ambos partidos han forzado mucho sus percepciones en cuestión del gran pacto de 1978 trastocan en profundide la realidad, en un proceso que se remonta a tiempos ya dad el telón de fondo, el decorado general de la convivenlejanos, que comenzó por acumulación de detalles dispacia política. El modelo de Estado acaba siendo, a ojos del res y ha ido sedimentando en contraposiciones de chociudadano espectador, un elemento de quita y pon. Las que y rechazo literal. Pro domo sua cada partido sabe nociones de bien común se han encarado de tal manera contar esa historia, ese efecto de concatenación, como que el mismo ciudadano puede acabar sospechando que quien refiere sus reyertas familiares al precedente del ésos son males intrínsecos de la partitocracia. Caín y Abel. El GAL, la campaña del Doberman lo que Con mayor o menor justificación, el instinto político se sea: cada mención a un episodio del pasado agrava la crisha instalado en la sospecha y en el recelo. Han quedado pación, le da vuelta y vuelta sobre la parilla, la dora y depreciadas las antiguas normas. En consecuencia, la aliña, mientras los fieles y militantes jalean la pelea de distancia entre Zapatero y Rajoy ha ido mucho más allá gallos y un conjunto expectante se mantiene en la perplede la que fuera tradicional entre ambos partidos. Actualjidad, descree de la fenomenología partidista y asume los mente, la desconfianza es de hondura abisal. Hay formas criterios huecos de la antipolítica. de diálogo que se asemejan extraordinariamente aun moEn el pasado, hubo arremetidas feroces, como la del nólogo. Como toda autoridad, la autoridad democrática PSOE contra Adolfo Suárez. Ahora la situación es distin- -dijo Benjamin Constant- -no es legítima más que denta porque, entre otras cosas, lo que hay por en medio es el tro de sus límites. atentado del 11- M, un dato de nuestra convivencia que vpuig abc. es podemos pasar perfectamente largos meses sin recordar C Y