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ABC JUEVES 26 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA OXÍGENO PARA EL PSOE E lo he encontrado por la calle en Sevilla, con la expresión despejada de las brumas que se la ensombrecían la última vez que lo vi. Fue sucesivamente guerrista, borbollista, chavista, siempre felipista, y votó a Bono en el congreso federal que eligió a Zapatero antes de reconvertirse al zapaterismo para sobrevivir en el presupuesto público. Está aliviado, y se le nota. -Como para no estarlo, después de la que se nos venía encima. No te digo que todo esté arreglado, pero al menos hemos despejado un balón que no lográbamos sacar del área, y estamos empezando el contraataque. CiU es un aliado mucho más fiable que Esquerra, y eso fueIGNACIO ra de Cataluña se percibe CAMACHO como un balón de oxígeno. Estábamos con el agua al cuello en las encuestas y ahora es el PP el que tiene que aclarar su postura. Fíjate que en pocos días hemos pasado de una crisis del PSOE a una crisis del PP. Y ojo, que puede haber noticias pronto en el País Vasco. Queda mucho partido, y vamos a darle la vuelta. -Pero la gente sigue muy cabreada... -Ya te diré dentro de un año, cuando el Estatuto esté aprobado y asentado. De momento, lo que ha ocurrido es que teníamos un problema gordo y ahora lo tiene el adversario. El PP puede montar un cirio en la calle, pero en Cataluña, con o sin Piqué, no levantará cabeza cuando tenga que defender el no. Y en Andalucía le seguimos llevando una ventaja sideral. Sin Cataluña y sin Andalucía, que son catorce millones de ciudadanos en total, a ver cómo ganan las elecciones. Y como se descuiden, en el Estatuto valenciano les bajamos el tope mínimo electoral y se quedan sin mayoría. Por otro lado, lo mejor del acuerdo del sábado es que de un solo golpe nos hemos cargado a Piqué, a Carod... y a Maragall, aunque esto no lo dirá nadie en voz alta. ¿Y cómo lo vais a explicar en las comunidades que pierdan dinero? -Bueno, allá cada cual; en Andalucía nos quedaremos igual y hasta puede que ganemos algo si logramos recibir por población en vez de por PIB, que lo lograremos porque el Gobierno no se va a suicidar políticamente. Efectivamente, alguno va a salir perdiendo, pero se hará por fases y se notará menos. Además, en primera instancia el Estado pondrá dinero para amortiguar el golpe; hay superávit y se puede hacer. Y no olvides que Madrid, Valencia y Baleares salen ganando, lo que va a atar bastante las manos al PP a la hora de protestar. Lo dicho: estábamos en un lío, pero ahora el lío lo van a tener ellos. -A costa de quedarnos casi sin Estado... -Eso es para los que os hacéis lucubraciones de gran calado y de filosofía general... Yo te estoy hablando de política. -Tú me estás hablando de poder, que no es lo mismo. -Ah, pero... ¿es que hay alguna diferencia? M TOMEMOS NOTA DE CANADÁ ANADÁ, con el problema de Québec y otros problemas, es un gran país, no sólo por sus diez millones de kilómetros cuadrados, sino por la fuerza intelectual de su sociedad, difuminada por la sombra del gran vecino. En la elección del lunes acaba de vencer el conservador Stephen Harper, un buen tipo (quizá) prudente como el mismo Canadá, aunque proceda de la derecha dura. Participación más que digna para un territorio de grandes distancias y mucho frío, 65 por ciento. Los liberales llevaban trece años en el poder. El electorado ha dado prueba de buen sentido al preferir el relevo. Paul Martin, jefe del gobierno hasta la semana pasada, hizo la reforma económica del moderno Canadá y la hizo bien. Pero su imagen quedó oscurecida por asuntos sucios de su partido (comisiones) en los que él estaba libre de culpa, aunque fallara su deber de vigilar. QuiDARÍO zá ahora se le haya pasado factura. VALCÁRCEL Martin adoptó quizá una actitud dogmática, poco histórica, al defender el centralismo canadiense. Los ciudadanos quieren avanzar, no obligar. No buscan pírricas victorias sino pactos inteligentes. Hay valores supremos, pero se defienden mejor en el diálogo que en la ruptura. Si se puede (no siempre es así) conviene evitar el choque. ¿Está Canadá dividido? Quizá, pero aguantará. Nadie, salvo los extremistas de la derecha dura, dice Canadá se rompe El país es poco amigo de las tonterías. La unidad de Canadá es frágil pero fuerte. Québec es un problema. Pero la vida es un gran conjunto de problemas, casi todos manejables. Harper, repetimos, venía de la derecha- derecha: era enemigo de los gays, del aborto, del child care, proponía el mínimo de seguridad social. Ha evolucionado hacia el centro. Las diferencias entre los dos grandes partidos no son insalvables. No existe el ánimo de exterminar al adversario, sino de dialo- C gar con él en busca de soluciones. Las sociedades son difícilmente comparables. El País Vasco de 1986 no es el de 2006. Pero hay latitudes lejanas que brindan enseñanzas porque sus modos de civilización nos son próximos. Muchos axiomas políticos, repetidos a machamartillo, son relativizados por el tiempo. Podríamos decir con todo respeto: ridiculizados por el paso de los años. La legislación regional de Québec, la región francófona del sureste, no permite impartir enseñanza pública en inglés. Sólo a los hijos de padres canadienses que acrediten haber hecho su enseñanza en inglés. Y parece ser que no hay clima de guerra civil, sino de paz. El lunes, el Bloc Québéquois obtuvo 51 escaños: ha perdido tres en una cámara de 308 diputados. Los liberales han caído a 103 escaños. Los conservadores llegan a 124, pero estarán en minoría: Harper tendrá que pactar, lo cual no lleva irremediablemente a la catástrofe. La presencia de Canadá en Afganistán y su ausencia de Irak explican otra cara del país. Canadá ha desplegado 1.200 soldados al sur de Kabul, pero llegarán a 3.000 antes de fin de año. Patrullarán con británicos y holandeses (la relación entre Ottawa y La Haya ha sido grande desde 1940; la familia real holandesa se refugió en Canadá tras la invasión nazi) En tiempos sedientos de petróleo y gas hay en Canadá pocas diferencias de fondo entre conservadores y liberales. Los canadienses son lo contrario del estilo tejano, imprudente y amenazador del presidente Bush. Según las encuestas, Bush es para los canadienses el presidente más impopular de la historia americana. Pero Estados Unidos es otra cosa. La prosperidad canadiense depende al 60 por ciento de su comercio exterior y el 85 por ciento de ese comercio se hace con Estados Unidos. Canadá tiene las segundas reservas de petróleo del mundo e incalculable gas natural. Pero tiene sobre todo una tradición de defensa de la libertad, anglosajona, práctica, que le hace tomar buenas decisiones políticas.