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34 Madrid MARTES 24 1 2006 ABC cortas reales- 90 carabinas de aire comprimido, y 14 armas largas. A este material armamentístico habría que unir munición, puños americanos- -algunos, hechos a medida y de manera artesanal -y sprays antiviolaciones. También había algunas armas de fuego del calibre 9 milímetros parabellum utilizadas en atentados terroristas. Pero, entre tanta reliquia también ha habido momentos para hallazgos de interés histórico. Es el caso de un subfusil del año 1950, que terminará en uno de los museos de la Guardia Civil. Y este será, precisamente, uno de los caminos que se pretende que sigan otros de estos elementos. El propio juez decano ya rescató hace dos años una idea casi olvidada: la creación de un Museo del Crimen en Madrid, que sería el primero en España y el tercero en el mundo. Así se lo expresó en su día al vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior, Alfredo Prada, aunque aún no se han dado pasos concretos en una dirección o en otra. Informes municipales negativos Un guardia civil muestra varias catanas y hachas que estaban almacenadas desde hace años en el sótano de los juzgados En 1976 vio la luz el decreto de almacenamiento- -pensado para las grandes ciudades, como Madrid y Barcelona- muy escueto, por el cual debían guardarse esas pruebas. Sin embargo, en 1997, dos informes municipales- -de Protección Civil y de Bomberos- -aconsejaban terminar con la situación, puesto que las instalaciones no guardaban las condiciones higiénicosanitarias ni de prevención de incendios necesarias. Las pruebas posteriores a estas fechas, es decir, desde 1999, se encuentran en un nuevo depósito situado en Vallecas. La idea es que las piezas de convicción de 1999 y 2000 sean también destruidas, según indicó González Armengol. El traslado y destrucción de los objetos más antiguos no han estado exentos de problemas e, incluso, de graves riesgos. El hecho más destacable ocurrió a finales del pasado año, cuando un operario sacó una de las innumerables bombonas de cámping- gas almacenadas y, al soltarla en uno de los contenedores donde se iba a triturar, la botella explotó. El trabajador sufrió heri- Fusiles, hachas y hasta trajes de luces son parte de las cientos de miles de pruebas judiciales de los últimos 30 años, que se están sacando de Plaza de Castilla rumbo a la incineradora de Valdemingómez La historia criminal se convierte en cenizas TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTO: ERNESTO AGUDO MADRID. Un ejemplar de La lujuriosa víctima Una casete del Sigo siendo aquél de Raphael. Libros de recetas. Un diente. Lo crea o no, éstos objetos han tenido que ver con algún crimen. No es broma. Son sólo algunas de las cientos de miles de piezas de convicción- -pruebas que han sido utilizadas en procedimientos judiciales de toda índole- -que se almacenaban en diez sótanos de los juzgados de la plaza de Castilla. Armas homicidas, objetos utilizados en la reconstrucción de oscuras tramas o que fueron testigos inertes y mudos de asesinatos... La historia criminal de Madrid entre los años 1976 y 1999, resumida en una marea de artilugios de todo tipo que, en los últimos tiempos, quedaron arrumbados y cubiertos por el polvo. El juez decano de Madrid, José Luis González Armengol, se hartó de la situación y dio orden para su destrucción. Desde octubre, los funcionarios se afanan en retirar tantísimo material, incalculable, aunque, para hacerse una idea, hay que tener en cuenta que, cada año, entra por la puerta de los juzgados de la plaza de Castilla una media de 10.000 atestados, y en cada uno de ellos se pueden utilizar una, varias, muchas pruebas. Lo dicho, incalculable. Allí mismo, junto al aparcamiento, los objetos que van abandonando los sótanos se trituran, y, nuevamente hacinados- -esta vez, en enormes contenedores verdes- parten rumbo a la incineradora de Valdemingómez, en Villa de Vallecas, donde los últimos resquicios de crímenes, litigios, agresiones y demás historia negra prescribirán para siempre. Pero entre la ma- rea de pruebas se encuentran también algunas que no deberían haber dormido jamás en la plaza de Castilla: las que conforman un verdadero arsenal de guerra, objetos que deberían haber quedado bajo custodia de la Guardia Civil. Alrededor de 18.000 armas blancas- -navajas, cuchillos y catanas- 300 armas cortas simuladas; 5 armas La Policía identifica a 39 skins y neonazis de Ultra Sur en varios bares cercanos al Santiago Bernabéu C. H. MADRID. No se detuvo a nadie; sólo hubo identificaciones. Y la aprehensión de varias armas blancas y de otro tipo. El escenario, tan típico como las características de estos individuos: las cercanías del estadio Santiago Bernabéu. No en vano, buena parte de los 39 jóvenes identificados el viernes por la Policía pertenece a la banda Ultra Sur El resto, a Skin Heads Nacional Socialista Estas denominaciones les definen por sí mismos. Los agentes de la Brigada de Información y de la UIP (Unidad de Intervención Policial) conocidos como antidisturbios sorprendieron a estos radicales la noche del pasado viernes en varios locales de ocio que funcionan como puntos de encuentro para este tipo de personas. La operación, según indicó la Jefatura Superior en una nota emitida ayer, se inició sobre las once de la noche con el establecimiento de un dispositivo policial en la calle de Marceliano Santa María y aledaños. El objetivo era controlar las identidades de estas personas y detectar posibles infracciones, como la tenencia de armas y el consumo de drogas. Pese a que no se detuvo a nadie, la Policía levantó ocho actas de intervención porque alguno de los 39 identificados- -de los que seis tienen antecedentes- -portaban cuatro esprays de defensa, tres navajas, una defensa extensible, un martillo rompecristales, una cadena de 50 centímetros y 15 bengalas. Además, la Policía Municipal sancionó a uno de los locales por tres infracciones a otras tantas disposiciones de las ordenanzas municipales. Esta operación se producía horas después de la denuncia del Movimiento contra la Intolerancia y el Foro Social de la Sierra de Guadarrama sobre un rebrote de la violencia neonazi, amenazas y centenares de pintadas en varias localidades de la serranía madrileña. Los denunciantes pidieron mayor presión policial.