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ABC MARTES 24 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA RICOS CONTRA POBRES E lo dijo Maragall en un anochecer de principios de noviembre, sentado en su despacho junto al Pati dels Tarongers: No pasaremos ni por no ser nación ni por una financiación insuficiente Bueno, pues hay que admitir que, aunque no haya sido él el protagonista final del proceso, sino los nacionalistas- ¿habrá alguna diferencia? ya tienen lo que querían. Se han salido con la suya. Nación y pasta. Bingo. Por eso tienen la sonrisa de oreja a oreja. De paso, en la carambola, hasta se pueden llevar por delante al propio Maragall y lograr que Artur Mas se siente en el citado despacho de la plaza de San Jaime. Pero esto importa, si acaso, alos intereIGNACIO sados y a su clientela. Lo CAMACHO trascendental es que la otra noche, en Moncloa, quedó cerrado un diseño que modifica mediante subterfugios la Constitución vigente desde 1978. Por un lado, define una España plurinacional mediante una ley que interpreta la Constitución a su manera (a la manera del nacionalismo) y por el otro consagra un sistema desigual de financiación de las autonomías y, por tanto, de la distribución de los recursos generales, al tiempo que hace trizas la unidad fiscal y adelgaza aún más el ya famélico cuerpo de competencias del Estado. Todo esto lo han logrado los nacionalistas de un presidente del Gobierno socialista, teóricamente comprometido en el avance dela igualdad de los ciudadanos. Seguramente soy muy torpe, pero me tienen que explicar por qué es más progresista que unos ciudadanos tengan más privilegios que otros según el territorio en el que vivan. Como estudié por el plan antiguo, antesde la LOGSE, tenía entendido que la solidaridad consistía en que los que más ganan, más producen y más tienen, pagan más y aportan más para compensar los desequilibrios de los que tienen menos. Esto que ha urdido Zapatero con los catalanes debe de ser la nueva frontera, el socialismo del siglo XXI, pero a mí no se me alcanza, modestamente. No me entero. En cambio, de lo que sí me entero a la perfección es de una ley inexorable de las matemáticas: que si el dinero que hay no aumenta- -es más, va a decrecer cuando mermen los fondos europeos- para que unos reciban más otros han de recibir menos. Y está bien claro, basta ver su alborozo, que los catalanes van a recibir más. Enhorabuena, pero que nos digan ahora quiénes van a cobrar menos para darles el pésame. Lo que significa la España plurinacional es una España de dos velocidades, en la que una parte se desarrollará cada vez más deprisa, con susimpuestos, suscompetencias blindadasy sus Estados enminiatura, y otra irá cada vez más despacio: menos recursos, menos transferencias de renta, menos inversiones. Es bien sencillo, unos ganan y otros pierden. La vida. Que Zapatero, el socialista, explique si puede esta curiosa revolución de los más ricos contra los más pobres. M COSTOSA PASTELERÍA MONCLOVITA N la consumación del hipogrifo estatutario emprendida por Pasqual Maragall han intervenido últimamente Rodríguez Zapatero y Artur Mas: uno aporta la parte del grifo- -animal fabuloso- -y el otro, los componentes de caballo. Para saber si vuela o camina todavía es un poco pronto. Previsiblemente, habrá huevos de Pascua modelados según el hipogrifo estatutario. Los servicios de pastelería de La Moncloa tienen el molde. Por ahora, un 47 por ciento de los españoles- -según la encuesta reciente de ABC- -considera que las estrategias de Zapatero para el caso catalán y el caso vasco son distintas. En apariencia, la propuesta que llegó de Barcelona entra enla Comisión Constitucional con no pocos retoques que la alejan sustancialmente del plan Ibarretxe, aunque su andadura todavía puede ser constitucionalmente puesta en cuestión. Si todo es el desenlace de una astucia o un puro apaño es pregunta de no poca VALENTÍ envergadura. La imaginación estratosPUIG férica de Maragall cae por los suelos y el pragmatismo de Mas realimenta una concepción del nacionalismo catalán que consiste en apretar sin ahogar y sin dejar de pedir: por ejemplo, cualquier día otro estatuto. Es cierto que los buenos pasteleros ponen lo mejor de sí mismos en la erección de tartas de cinco pisos, pero en este caso la combinación parece ser un cúmulo de casualidades amalgamado por el almidón, que es elemento de la crema catalana. Caramelícese y gana en sabor. En su primer tránsito político, el Estatut ha prohijado nuevas indeterminaciones semánticas. Si es que en el entramado de la componenda el preámbulo carece de fuerza jurídica, Cataluña como nación tiene ahí pura presencia de adorno, del mismo modo que si nacionalidad equivale a nación cuesta entender que no se mantenga la tipología de nacionalidad aunque sólo sea por no alterar el orden constitucional. Cuesta de entender, claro está, si se prescinde de la sombra de gradualismo rei- E vindicativo que es el trademark de CiU. Incluso así, entremanuales de pastelería selecta, Zapatero habrá calculado que lanzar por la borda el lastre de Carod compensaba sobradamente la foto con Mas. La magnitud de la humillación de Pasqual Maragall sólo es equiparable a la profundidad de sus errores políticos. Cierra el diseño estatutario nada menos que el jefe de la oposición en el Parlamento autonómico de Cataluña y no el presidente de la Generalitat que promovió el Estatut para castigarle el hígado a un gobierno que, antes del atentado del 11- M, iba a ser del PP según todas las previsiones. Zapatero se quita dos problemas de en medio según el método que estriba no en solucionar, sino en posponer y disimular. Para el PP, por ahora, mucho depende de cómo se enzarza en la confrontación mediática y parlamentaria sobre las arquitecturas de la pastelería monclovita. Para eso están sus comunicadores y sus portavoces, donde hay de todo, incluso alguno merecedor de inmediata prejubilación. Visto el resultado estatutario, no le sería difícil al PP demostrar que hasta ahora no hizo sino lo que tenía que hacer, aunque el preacuerdo Zapatero- Mas diste de forma significativa de la propuesta irrealista del tripartito maragallista. Poniendo a prueba el buen saber dialéctico y didáctico de Rajoy le queda espacio para dos operaciones simultáneas, aunque orquestadas para públicos distintos: de una parte, el proyecto que entra en vía parlamentaria continúa siendo excesivo en su reivindicación, innecesario en su planteamiento, a la vez que altera el pacto constitucional y acarrea costos arbitrarios; de otra, es postulable que si no hubiese sido por la posición explícita y frontal del PP- -actuante sobre la opinión pública y con incidencia en franjas electorales del PSOE- -Zapatero se hubiese dejado llevar aún por la promesa de aceptar el anteproyecto que le enviase el tripartito catalán y Artur Mas seguramente hubiese maximizado sus peticiones hasta un final más rotundo para el nacionalismo catalán. Por lo demás, España va acumulando confusión y Zapatero gana un aliado. vpuig abc. es