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52 Sociedad LUNES 23 1 2006 ABC Medio Ambiente La polémica por la decisión del Ministerio de Medio Ambiente de hacer la vista gorda ante la apertura sin autorización de pozos en la cuenca del Guadiana esconde una situación que comenzó en los años 70 y que nada tiene que ver con el actual periodo de sequía La Mancha húmeda y la lucha por el agua bajo tierra TEXTO: ARACELI ACOSTA MADRID. La polémica surgida por la decisión del Ministerio de Medio Ambiente de no sancionar la apertura de pozos sin autorización en la cuenca del Guadiana aduciendo razones de necesidad por la sequía choca con una situación que podríamos calificar como casi endémica en esta zona. La sequía es la identidad de esta tierra explica José Manuel Hernández, de Ecologistas en Acción en Castilla- La Mancha. Lo que ocurre- -continúa- -es que antes teníamos un fondo de garantía que no es otro que el acuífero de La Mancha occidental o acuífero 23. Se trata de un inmenso acuífero subterráneo en la llanura manchega, que se extiende por una superficie de 5.500 kilómetros cuadrados. Es precisamente este acuífero el que se ha dañado a causa de las extracciones de agua incontroladas. En la actualidad, el acuífero 23 está técnicamente agotado explica Hernández. Y es que se ha pasado de extraer agua a una profundidad de 40- 50 metros en los años 70 con la ayu- da de norias a hacerlo con bombas a 400 metros de profundidad Tanta era el agua que había que en algunas zonas el acuífero rebosaba, como en los Ojos del Guadiana y también en las Tablas de Daimiel. Pero Hernández insiste: La cantidad de lluvia era la misma que ahora, pero el nivel freático del acuífero era superficial y no tan profundo como ahora. Y es que en esta zona los ríos son estacionales, esto es, dependen del agua de lluvia, que es irregular. Por eso el Guadiana ya no es lo que era, porque donde nacía el verdadero Guadiana era en los Ojos aclara Hernández, pues también se nutría de esos rebosaderos o manantiales. De ahí lo del Guadiana, que aparece y desaparece Desecar tierras para la agricultura Aparte de que la madre vieja del Guadiana se secó en 1989, pues el nivel freático del acuífero estaba por debajo de la cota y los Ojos se secaron, para entender qué ha ocurrido en las zonas húmedas de la Mancha hay que remontarse a 1956, cuando se retoma el proyecto de la llamada ley Cambó de desecar zonas de las márgenes del Guadiana, el Cigüela y el Záncara para transformarlas en tierras agrícolas. Pero no son tanto las obras de canalización que se hicieron las que provocaron uno de los mayores desastres ecológicos de España, sino la extracción indiscriminada del acuífero para regar cada vez más hectáreas de cultivos. Así se pasó de más de 25.000 hectáreas inundables a finales de los años 60 a las cerca de 2.000 que existen ahora, las que pertenecen al parque nacional de las Tablas de Daimiel, declarado en 1973, y que ya nació herido de muerte. Mientras las hectáreas inundadas disminuían, aumentaban las dedicadas a los cultivos, pero en general, dice Hernández, cada vez en manos de un menor número de Los patos colorados, inquilinos emblemáticos de Tablas de Daimiel ABC Recuperar el régimen natural de las Tablas de Daimiel Las viñas están secas en la Mancha occidental porque ya no hay agua en el suelo. Antes prosperaban porque sus raíces alcanzaban el agua del acuífero explica Juan Manuel Hernández, pero ahora si no riegas, no hay nada que hacer En cuanto a Tablas de Daimiel, que era sin duda el mayor masegal de Europa, ahora es un enorme carrizal dice Hernández. La flora asociada a las aguas permanentes y dulces del Guadiana es la que ha desaparecido, explica Santos Cirujano, científico titular del CSIC. Como los nenúfares de flor blanca y de flor amarilla. Además, el aumento de la nitrificación de las aguas ha provocado una disminución de las praderas de ovas o carófitos, unas algas verdes que viven sumergidas y enraizadas en los fondos. Formaban un tapiz continuo en el fondo de las Tablas dice. Ahora estos carófitos tienen menor vitalidad y menor superficie, cuando su presencia contribuía a que el agua estuviera transparente y atraía a los insectos de los que se alimentan las anátidas. Pero en principio los patos colorados, uno de los emblemas de este parque nacional, volverán. Ya ha ocurrido otras veces y las poblaciones se han recuperado, explica Cirujano. Los humedales son fluctuantes y las poblaciones también, pero si están bien gestionados no hay problema afirma. Teniendo en cuenta que las Tablas se llenan con 15 hectómetros cúbicos- calderilla hídrica según Cirujano- lo que hace falta es voluntad para poner en marcha medidas para salvar este paraje que ya se describía en El Quijote, pero que existe como mínimo desde hace dos millones de años. El acuífero 23, que ocupa una superficie de 5.500 kilómetros cuadrados, está técnicamente agotado En esta zona los ríos son estacionales, esto es, dependen del agua de lluvia, que es irregular propietarios, aquéllos que contaban con el dinero para perforar pozos cada vez más profundos. Según Juan Manuel Hernández, las Tablas de Daimiel resumen a la perfección toda la problemática de la Mancha húmeda. Ellas también se nutrían por un lado de las aguas superficiales, del Guadiana y el Cigüela, y de las aguas subterráneas del acuífero. Es más, Hernández explica que se ha acuñado el término daimielización como un paradigma de lo que puede ocurrir cuando se gestionan mal las aguas subterráneas. En la actualidad, este parque nacional agoniza, con sólo unas 40- 50 hectáreas inundadas, si bien el año en que finalizó la gran sequía (1995) éstas se secaron por completo, explica Santos Cirujano, científico titular del CSIC, que estudia muy de cerca la evolución de las Tablas de Daimiel. De tener tres fuentes para sobrevivir, las Tablas han pasado a hacerlo sólo gracias al agua que les llega a través del trasvase Tajo- Segura. Sin el trasvase no existirían asegura Santos Cirujano. Estos trasvases se vienen realizando por el cauce del Cigüela desde 1987, cuando se aprobó el Plan de Regeneración Hídrica de las Tablas de Daimiel. Pero es-