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ABC DOMINGO 22 1 2006 Los domingos 61 coronel de caballería, conocido por su actitud golpista, quería verme, le dije que le diera una larga cambiada. E incluso- -más adelante- -mi fórmula era una presión militar muy fuerte para que se produjera un cambio siguiendo mecanismos constitucionales. En esa época, Pilar Arozarena habló con mi mujer para decirle que Ricardo, su marido, quería hablar conmigo Mi mujer le dijo que vinieran a casa a cenar, pues así estaríamos más tranquilos. La conversación versó sobre la preocupación política y cuál sería la actitud de los mandos desde los empleos de teniente coronel para arriba. Había generales que no hacían ascos a la eventualidad de que el Ejército interviniera en caso necesario. Pero había cierto deseo de que alguien tomara la iniciativa. En otra ocasión (septiembre de 1980) estuvo en casa José Ramón Pardo de Santayana, y hablando de todas estas cosas estuvimos de acuerdo en que nos habíamos de producir con la máxima firmeza, pues a lo máximo que nos exponíamos era a un arresto o incluso a no ascender. ¿Y qué decíamos ambos, si tenemos nuestra conciencia tranquila? José Ramón, como su hermano Fernando, y el general Sáenz de Tejada, donde se mostraba más intransigente, y al borde de la rebelión, era en el tema del posible reingreso en el Ejército de los miembros de la UMD separados del Ejército. En esa misma época fui a ver al coronel Bautista Sánchez, en la jefatura de las FAMET. Quería comprobar cuál era su estado de ánimo, precisamente porque sabía que no compartía mi opinión so- En cuanto al orden político, económico y social, la principal preocupación era la creación del Estado de las Autonomías y su posible evolución hacia fórmulas independentistas bre la democracia española. Y es que cualquier acción que se hiciera no tendría que recaer sobre los nostálgicos sino sobre la gran mayoría de los miembros de la institución castrense, ya que no se trataba de que los militares gobernasen, sino simplemente de que se enderezase una situación que veíamos que comprometía la unidad nacional y de la cual eran víctimas un elevado número de compañeros. Me dijo: -Pienso que el Ejército debe asumir con toda naturalidad que los socialistas accedan al poder, aunque habrá que atender a frenar ese crecimiento nefasto del paro, germen de graves alteraciones Lo que no debe tolerarse es la debilidad ante el terrorismo de ETA. No estoy convencido de que el Ejército, si tuviera que asumir responsabilidades políticas, fuera capaz de resolver o paliar el problema. Creo que debemos vernos más a menudo y cambiar impresiones con otros compañeros sobre ello sin impaciencias y sin dar un paso en falso... y, por supuesto, sin ocultarnos, pues no somos ni conspiradores ni sediciosos. Y si nos preguntan si nos hemos visto, diremos la verdad: que sí, y que hemos hablado de la situación nacional, de la unidad del Ejército y del apoyo con que pueden contar nuestros mandos para tratar de que la situación no se deteriore más. Mis reuniones con compañeros En la primera reunión (noviembre de 1980) inicié yo la conversación, manifestando mi idea de no permanecer impasibles. No era cuestión de oponernos sin más al desarrollo de la democra- cia, sino de que las cosas discurrieran de modo que no se comprometiera gravemente la unidad nacional. Habló José Ramón: -Antes de seguir quiero hacer la siguiente observación: me parece muy bien que vayamos creando un ambiente en el Ejército para oponernos a toda corriente disgregadora, pero me niego a cualquier proyecto que pudiera ser desfavorable al Rey. -Me lo has quitado de la boca- -dijo Juan Bautista Sánchez- pues, aparte del afecto que siento por Su Majestad, para mí el Rey es una garantía. Bien es verdad que por encima del Rey está España. En mi opinión, incluso por razones prácticas, al Rey había que respaldarle siempre e incluso combatir a los que le criticaban. Pero es que, además, les dije que había hablado con dos personas (Antonio Cortina, hermano del comandante, y José Luis Pérez Sánchez) quienes me habían dicho que estaba en marcha la Operación De Gaulle, apoyada por algunos centristas, aliancistas e incluso socialistas, para promover la formación de un Gobierno presidido por el general Armada. -Esto está mejor- -comentó Juan Bautista- pues Alfonso Armada goza de la total confianza del Rey. Además, esa solución me encanta. -Sí- -dijo Carrasco- Sabino me habló de ello hace poco, diciendo que había una fuerte corriente tanto en políticos como en militares sobre la necesidad de que Suárez abandone el poder, y que pensaban en Alfonso Armada. Además, con el general se harían las reformas precisas, lo que simplificaba mucho las cosas Título: Apuntes de un condenado por el 23- F Autor: José Ignacio San Martín Editorial: Espasa Hoy Páginas: 538 Precio: 24,90