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60 Los domingos DOMINGO 22 1 2006 ABC LIBROS El ex coronel José Ignacio San Martín, jefe de Estado Mayor de la División Acorazada en 1981, tenía una brillante carrera a la espalda cuando se encontró en el ojo del huracán de acontecimientos muy relevantes de la reciente Historia de España como señala la introducción de Apuntes de un condenado por el 23 F (Espasa) libro que escribió en prisión y que no quiso que apareciera hasta después de su muerte, en 2004. Se trata de un trabajo sereno (aunque resulte dramático) cuidadoso y desde dentro, es decir, desde una percepción de los acontecimientos que precedieron y justificaron un intento golpista- -que no califica así el militar- -de cambiar el rumbo de la política española Preludio del 23- F (El malestar militar) ndo me encontraba en el antedespacho del capitán general de la I Región Militar, en la madrugada del 24 de febrero de 1981, puedo citar al comandante Conde Monge, al teniente coronel Bonelli y al teniente coronel Suanzes (ayudante del teniente general Quintana) Todos coincidían en que era una pena que el 23- F fallase. La expresión más generalizada es que se había perdido una ocasión de oro Con una mirada retrospectiva a los años inmediatos al fallecimiento de Franco, recuerdo, por ejemplo, la celebración del XXXV aniversario del ingreso en la Academia General Militar (año 1977) Hubo una cena en la piscina de la Escuela del Estado Mayor del Ejército, y al día siguiente estuvimos en el Valle de los Caídos, donde nuestras mujeres depositaron flores en la tumba del Caudillo. Subió a un estrado Gustavo Urrutia, que era el más antiguo en aquel momento, para dar a conocer cómo se había distribuido el Libro de la Promoción, de cuya edición fue el alma Luis Camargo de Parada. Hubo aplausus cuando se citó al Rey, un gran clamor cuando sonó el nombre de la señora de Meirás, pero cuando salió el del teniente general Gutiérrez Mellado se produjo un ligero abucheo acallado por algunos siseos. Miguel Íñiguez, que entonces estaba en el Gabinete del vicepresidente del Gobierno, mostró su oposición a tal actitud e incluso confundió los siseos con una falta de respeto al Rey. El teniente general Gutiérrez Mellado llamó a Rodríguez Ventosa, y tras dos horas de discusión, en que Ventosa le dijo que la promoción veía con malos ojos al Gobierno, sobre todo después de la legalización del PCE, le devolvió el libro diciéndole: Le devuelvo el libro, y si algún día cambian de opinión respecto a mi conducta para con España y quieren volver a ofrecérmelo, se lo aceptaré En el acto en el Valle de los Cua Caídos se rezó por el Caudillo. Entre los compañeros más emocionados estaban Fernando Gautier y Jaime Barbeitio. Al salir de la basílica, Félix Alcalá Galiano me dijo: -San Martín, esta situación no se puede aguantar. ¿Qué hacemos? ¿Qué podremos hacer? -No hacemos nada. Pero no se arreglará nada por procedimientos normales. Se ha ido demasiado lejos. En otra reunión en la primavera de 1980, se interrogaba sobre si la tropa respondería en el caso de que el Ejército tuviera que intervenir. Mi comentario fue el siguiente: -De eso no se puede dudar. Pero lo ideal es que nadie tenga que salir a la calle. Mi teoría es que son los altos mandos militares quienes tienen que presionar para que se corrijan cosas atentatorias contra el Ejército y la unidad nacional. En el clima de las tensiones hay que recordar el incidente que se produjo en Cartagena entre el teniente general Gutiérrez Mellado y el general Atarés, de la Guardia Civil, concluyendo con el procesamiento de éste, su absolución y arresto de seis meses por falta grave impuesto por el teniente general Milans del Bosch. Todo por las visitas del vicepresidente del Gobierno por distintas Regiones Militares, visitas que se aprovecharon para hablar en favor de la Constitución. Son los altos mandos militares quienes tienen que presionar para que se corrijan cosas atentatorias contra el Ejército y la unidad nacional Causas del malestar Entre las causas de dicho malestar las había de todo tipo: las que afectaban directamente a la institución castrense y las que eran de orden político, económico y social, pero que incidían en el militar, en su doble condición de ciudadano y de profesional de la Milicia. Repercutían en la colectividad militar, la acción del terrorismo de ETA y GRAPO, esencialmente de la primera organización, por el elevado número de víc- timas mortales (más de dos centenares en aquella época) de compañeros de los Ejércitos, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. También afectaban a la Milicia las medidas arbitrarias en materia de ascensos (casos de Ibáñez Freire y Gabeiras) y singularmente la proposición no de ley del reingreso en el Ejército de los antiguos miembros de la UMD, expulsados de sus filas en virtud de sentencia de un tribunal militar. En cuanto al orden político, económico y social se refiere, la principal preocupación de los componentes de la institución militar era la creación del Estado de las Autonomías y su posible evolución hacia fórmulas independentistas Al Ejército también le inquietaban la inseguridad ciudadana, los factores de inestabilidad económica, los conflictos sociales que repercutían en la utilización de la institución castrense para paliar las consecuencuias de tales conflictos en los servicios públicos. Ante la falta de cohesión del partido del Gobierno (UCD) y la oposición radical, la voz de alarma cundió en un sector de la intelectualidad y en parte de la clase política, quienes anhelaban que se constituyera un Gobierno de coalición o de gestión, presidido por un general. Quien se mostró más explícito en su disconformidad con la situación fue el honorable Tarradellas, que reclamaba un golpe de timón Puedo asegurar que en el entorno del Monarca, en fechas muy próximas al 23. -F, se sentían también sumamente preocupados por la evolución de la situación. Había verdadera obsesión por que se hiciera algo En más de una ocasión se hablaba de la necesidad de un golpe Yo todavía creía que bastaba la presión institucional. De ahí que cuando, a través de José Luis Carrasco, que estuvo en mi casa charlando de toda la problemática nacional y militar, me hizo saber que un teniente