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28 DOMINGO 22 1 2006 ABC Internacional El retrato de Merkel era colgado en noviembre, junto al de sus predecesores en la Cancillería, en el denominado rincón de los cancilleres de un conocido pub berlinés EPA El ascenso de Merkel relanza a Alemania En apenas dos meses como canciller ha saneado la economía y diseñado una nueva política exterior b Con Washington, Alemania tiene una relación de amistad pues comparte valores comunes con Moscú, una asociación estratégica al tener intereses comunes RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Hay quien pesa, y hay quien pisa, en política exterior. En un tiempo récord, Angela Merkel se ha ganado un peso en el mundo; y pisa también fuerte- -si no los callos de nadie- -a los dos meses de poner pie en la Cancillería: en sólo siete días ha estado tres horas con Bush y otras tres con Putin y, con la frente alta, a ambos les ha dicho lo que nadie. Luego ha resumido: con Washington, Alemania tiene una relación de amistad pues comparten valores comunes con Moscú, una asociación estratégica al compartir intereses comunes Dicho lo primero en inglés, pe- ro con acento en Guantánamo, y lo segundo en ruso, y sin que el gas nublara el drama checheno, Merkel parecía meridianamente clara y así fue entendida. Ni Schröder, ni Blair, ni Chirac habían sido hasta ahora tan claros con Putin. Tampoco Bush. Para el diario moscovita Trud, Merkel es una mujer de hierro Esto apenas sigue al notorio salvamento, semanas antes, del presupuesto de la UE para 2007- 2013, el primero para una Unión a veinticinco Estados y que todos, Tony Blair el primero, agradecerán a Merkel durante años. Como en los 80 y 90, Alemania volvía a actuar como mediador y líder europeísta. En la Unión Europea empieza a verse en Merkel la esperanza de una salida del atasco institucional. Al presidente Chirac antes- -como es de rigor germano- francés- -la canciller le había aceptado el besamanos y reconocido lo inocultable: hay un vínculo sustancial alimentado durante cinco décadas, que si es capital para Berlín y la UE, no es el único: Alemania piensa en una Unión a 25 y la nueva Europa ha ganado una tía protectora que, además, sabe del frío del comunismo y hasta de tener carnet. Un consuelo para países pequeños, humillados por París y con miedo histórico a los acuerdos germano- rusos. Mujer, oriental y torpona Respeto exterior, popularidad interior, economía en aumento, paro en receso, se diría que Merkel ha hecho muchísimo por Alemania y no es así: en realidad acaba de empezar, pero su inopinado éxito parece fruto de una actitud. Y de una infravaloración: mujer, oriental y torpona. Muchos dirigentes se darían con un canto por un récord similar, no así Merkel: ella parece querer hacer algo por Alemania, se la ve franca con sus aliados, decidida europea, ecuánime con los partidos de su atrabiliaria coalición. Incluso Helmut Kohl demuestra saber encajar escozores y ha ponderado a Merkel esta sema- na: Ha probado que es capaz de dominar los distintos desafíos Estadísticas recientes sugieren que la tercera economía del mundo y primera de la UE se está reponiendo de cinco años de bache. El crecimiento para 2006 es revisado al alza (entre 1,5 y 2 crece la confianza inversora, se alumbra un consumo desconocido desde 2001 y un ligero pero constante descenso del paro (110.000 en diciembre) El Banco Central Europeo confirma esta confianza con el alza de tipos. En busca del optimismo perdido De ser así, lo primero a encajar es que Merkel cosecharía la siembra, decidida por más que tardía, de las reformas de Schröder; lo segundo, que tendrá implicaciones para la economía europea e incluso global, ya que Alemania es la mayor vendedora del mundo y también puede ser una gran compradora. A ello suma un nuevo optimismo, perdido en las lecciones de la burbuja de 2000, y en el 11- S.