Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 22 1 2006 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN 17 No hemos venido a fumarnos un puro Zapatero sostuvo ante el Comité Federal del PSOE que no hemos venido a fumarnos un puro en lo que fue interpretado como una velada crítica al líder de la oposición, Mariano Rajoy, pero, sobre todo, como una afirmación de que los socialistas no están en el Gobierno para ocupar una poltrona sino para intentar mejorar el país. Estas palabras habían sido abonadas por la intervención previa de Ramón Jáuregui, quien, perteneciendo a otra generación, ensalzó que el presidente del Gobierno encarna una nueva generación socialista con ambición de país El proyecto es tan reformista que Zapatero ha logrado en sólo un año y medio una irritación tal de la derecha que Felipe sólo consiguió después de diez o doce años dijo Jáuregui a modo de resumen gráfico, tras identificar cuatro ejes de ese proyecto: la pacificación del País Vasco, un pacto generacional con los nacionalistas periféricos el aprovechamiento de la bonanza económica para profundizar en las políticas sociales y la extensión de derechos y libertades. En su glosa de la gestión del Gobierno, Zapatero sólo hizo autocrítica por la inflación, para cuyo control anunció medidas inmediatas, y pidió a los suyos que nadie se amilane ante los profetas del desastre rios, incluidos los nacionalistas Nosotros queremos que haya Estatuto catalán, y casi lo necesitamos concluyó. A su hilo, el presidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, señaló que si se consigue el pacto, hay que pedir lealtad a los nacionalistas para impedir que al día siguiente vengan con más reclamaciones El madrileño Rafael Simancas- -sin mencionarlos directamente- -pidió responsabilidad al PSC y menos originalidades a Ibarra, porque si el Gobierno necesita al partido, también el partido necesita al Gobierno para ganar en muchos territorios, como el suyo. Todos coincidieron en que toca estar todos juntos Zapatero, al cerrar el debate, destacó que no hay que tener tanta desconfianza hacia Cataluña pero al mismo tiempo advirtió a Cataluña de que no puede aspirar sólo al reconocimiento de su identidad Cataluña tiene que crecer hacia afuera y no sólo hacia adentro. Tiene muchas oportunidades ante sí, pero sólo si no se enfrasca en su identidad El malestar en las FAS sólo fue abordado por Barrio (IS) quien defendió que no se pueden castigar igual manifestaciones inaceptables como las del teniente general Mena y las de otros militares que le reprobaron. ÁLVARO DELGADO- GAL OCASIONES PERDIDAS B EFE derechos específicos aunque apareciera en el articulado, alteró la calma. Pero, por si quedaba alguna duda, este criterio sólo fue secundando por Juan Antonio Barrio, de Izquierda Socialista. Un pacto generacional histórico Una de las intervenciones más aplaudidas y elogiadas fue la de Ramón Jáuregui, quien sostuvo que la operación impulsada por Zapatero para culminar el Estado de las Autonomías no es una mera reforma de los estatutos, sino que entraña un pacto generacional con los nacionalismos periféricos que tiene una proyección histórica En una línea similar, aunque más apegada a la política vasca, Patxi López defendió que el éxito de esas reformas sería la demostración de que el Estado de las Autonomías tiene recorrido para integrar todos los sentimientos identita- ono ha exigido a las Fuerzas Armadas que no defiendan la España de los Reyes Católicos. Conviene distinguir lo que dijo el ministro de lo que quiso decir. Lo que dijo fue, en puridad, una tontería. El general Mena ha declarado intangible la España autonómica, no la España de finales del siglo XV. El punto es importante, porque la España de Isabel y Fernando no era un Estado moderno. Había portazgos a la entrada de las ciudades; los derechos variaban según la condición social o el territorio; los hidalgos no pagaban impuestos. Ahora, por el contrario, los derechos se han nivelado y las necesidades básicas se cubren con independencia de dónde viva uno o cuántos millones tenga depositados en el banco. Ello no sería posible sin la cohesión fiscal del Estado, y sin las estructuras administrativas en que se apoya. En varios aspectos, la España asimétrica que propugnan Carod, Mas, Ibarreche o Maragall se acerca más a la de los Reyes Católicos, que la reivindicada por el general Mena. No se sigue de aquí, por supuesto, que el general no se haya pasado tres pueblos, o que su cese no haya sido oportuno. Lo ha sido. Oportuno y necesario. Pero hay que acusar al infractor de las faltas que ha cometido, no de las que no ha cometido. Consideremos a continuación lo que el ministro intentó decir y no acertó a decir. Bono se ha referido, implícitamente, a la expulsión de los judíos, al catolicismo obligatorio y a todo eso. Es decir, a la España una en lo espiritual que el tópico asocia a los Reyes Católicos y que reinventó el franquismo. Y ha lanzado el mensaje de que España podrá seguir siendo moderna y solidaria aun cuando se diversifique culturalmente y exprese esa diversidad en ordenamientos políticos concretos. Verbigracia, el Estatuto catalán, y los que surjan en su estela. Pero Bono se ha confundido de registro, no sé si adrede. La dificultad no reside en la diferencia cultural, En el Comité Federal, el PSC, que apeló a la nación catalana y los socialistas extremeños, se cruzaron acusaciones de traición Lo absurdo es alegar que los catalanes, en vista de que no se sienten manchegos, tienen derecho a que se les reconozca como nación aparte. Es absurdo, porque la Constitución no impide a nadie que se sienta como le venga en gana que nadie ataca, sino en el hecho de que se está invocando la diferencia cultural como argumento para fragmentar la soberanía. Es este tránsito, o mejor dicho, este fabuloso non sequitur el que ha enturbiado las aguas y suspendido los ánimos. Repárese en la polémica desatada por la oportunidad de incluir o no el término nación en el Estatut. Se comprende que Carod quiera incluirlo como paso previo a la creación de un Estado catalán. Lo absurdo, y ahora no estoy pensando en Bono sino en Maragall y Zapatero, que es maragalliano por omisión y acaso por falta de alternativas, lo absurdo, repito, es alegar que los catalanes, en vista de que no se sienten manchegos, tienen derecho a que se les reconozca como nación aparte. Es absurdo porque la Constitución española no impide a nadie que se sienta como le venga en gana. Desde un punto de vista estrictamente constitucional, las preguntas pertinentes, cuando se habla de nación, son tres: quién manda, qué títulos tiene para mandar y cómo manda. No son principios que quepa enunciar por separado, para agregarlos a continuación. La cuestión de cómo se ha de mandar afecta a la de qué títulos se tienen para mandar, y esta última interesa a la de quién manda. Evidentemente también, las realidades nacionales son mucho más complicadas y envuelven factores sociológicos e históricos. Pero el planteamiento constitucional posee la virtud de hacer abstracción de los sentimientos. Es un esquema deliberado de mínimos. O si se quiere, es como el reglamento del fútbol, combinado con los requisitos que ha de satisfacer un club para formar parte de una federación. Se sientan premisas abstractas, sin anotaciones al margen sobre el amor a los propios colores, y cosas por el estilo. El concepto de nación consagrado por nuestra Carta Magna participa de este carácter funcional. Determina qué mayorías obligan a quienquiera que se llame español Y nada más. La España del 78 salió vacunada, por razones conocidas, de la españolidad impostada del franquismo. Fue una España genuinamente constitucional, en el sentido de que quería pensarse a sí misma en términos jurídicos y políticos, no emocionales. En el acuerdo entró la derecha, que ansiaba desprenderse de su vinculación con la dictadura. Y entró gran parte de la izquierda. Pero había señores que no acababan de sentirse cómodos en este bastidor aséptico, en este espacio habilitado gracias a tácitas y recíprocas contenciones. Estos señores han puesto la mano en su víscera cordial, exigente y descontentadiza, y han exigido un bastidor a su medida. Y estamos como estamos.