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ABC DOMINGO 22 1 2006 La Entrevista 11 El modelo de Estado de Zapatero es confederal, casi imperial, a imagen de cómo está organizado actualmente el PSOE tas cosas no surgen de manera forzada, las genera la propia situación. -Cuando llegó al poder José Luis Rodríguez Zapatero, ¿cabía esperar este tipo de actuaciones y el punto en el que nos hallamos ahora? -Había cosas que se apuntaban. Lo que había pasado en el PSE era una especie de prólogo que se podía repetir, y por tanto podía pasar cualquier cosa, con esas típicas manifestaciones y expresiones de tipo moral que se contradicen después con el ejercicio de la política. Se expresa solidaridad con las víctimas, rechazo moral del terrorismo, pero eso se queda en el vacío, cuando no en el cinismo y la hipocresía. Hay que decirle a Zapatero que ya está bien de discurso moral, hay que hacer discurso político. Y sólo vale el de derrotar todos los planteamientos del terrorismo. No va a haber solución del terrorismo si no se le condena social y políticamente. En qué país estamos si un asesino puede montar una cristalería en los bajos del edificio donde vive la viuda de aquél al que mató. Con eso el etarra quiere lanzar el mensaje de que el de la victoria política será él frente a la viuda apestada que tiene que pasear por su pueblo con dos escoltas. Por eso, yo pregunto qué pasa con las víctimas, qué pasa con los empresarios o con los ciudadanos extorsionados ante el escándalo político de la ambigüedad frente a ese acto de Batasuna. ¿Con qué autoridad van a pedir a los ciudadanos que cumplan con sus deberes si no lo hace el poder ejecutivo? No hay apaño posible, hay que vencerlos. Que Batasuna haga su congreso es como si pusiera una cristalería como la del edificio de Pilar Elías en el corazón de la sociedad vasca. -Si ha habido retroceso tras la ruptura del pacto antiterrorista, ¿hay aún solución para el País Vasco? -Claro que la hay. Estado de Derecho e imperio de la ley, como en toda democracia. Cuando hace cinco o seis años apareció el Estado de Derecho en Euskadi, todo el mundo lo notó. Prosigamos con la fórmula y no la destrocemos. Funcionó, y no la inventó Aznar, sino que nació de los grupos cívicos vascos. Le recordaría al Gobierno que hay que ser agradecidos con el sistema que te sostiene, porque si tienes coche oficial es porque estás gestionando ese sistema, ergo defiéndelo. Sólo cabe la derrota de ETA, y esa derrota técnicamente es posible. Los mayores problemas son las escarlatas O Hara como Ibarretxe, que le pone el colchón a ETA para que no abandone el terrorismo, y el propio PSOE, que de manera voluntariosa pero lamentablemente equivocada, también facilita que ETA no deje la violencia con la resolución del 17 de mayo en el Parlamento. Zapatero actúa tentado por esa inmediatez que condiciona a los nuevos políticos, la de tomar sólo lo que nos sirve a corto plazo y desechar lo demás. Y esa actitud es el origen de todo totalitarismo. Uriarte cree que los nacionalistas han jurado, como Escarlata O Hara, que nunca más volverán a pasar hambre secula seculorum salvo soluciones más traumáticas. El problema de todo esto es qué tipo de sistema político e institucional nos hemos dado que cualquiera puede plantear su traumática transformación, y además desde fuera de los organismos que deberían tratar estas cuestiones. En ese nivel de osadía estamos. ¿Qué estabilidad política se ofrece en España para que desde la periferia se pueda llegar a dar la vuelta a la Constitución? La nueva generación de políticos que ha accedido al poder, de la que el primer exponente es Ibarretxe, tiene como única ideología la del ¿qué mal hay en ello? y la del ¿por qué no? Es una ideología de naturaleza higienista, que funciona a base de protocolos, y de cierta concepción misionera, por la trascendencia que atribuyen a lo que se disponen a hacer. Eso les imbuye de un radicalismo político propio del viejo doctrinario de los años treinta del siglo XX. -En su libro de memorias usted hace la reflexión de que el plan Ibarretxe, lejos de ser moderno, es una vuelta al modelo imperial de relación pactada con las periferias... -Es una manifestación más del carlismo integrista que está en los orígenes del nacionalismo vasco. Pero lo malo no es que ese proyecto sea el del PNV, que eso ya lo sabemos. Es que es también el de Zapatero. Quiere aplicar a España un modelo a imagen del propio PSOE, que hoy se llama federal pero que es en realidad confederal conceptos que pueden parecer lo mismo pero que no tienen nada que ver. Zapatero se ha dicho: Constituyamos la organización territorial del país a semejanza de cómo funciona el partido La cultura fundamental de los nuevos políticos es la de partido. Y además, si un partido está en el poder, el poder aglutina, no hay asomo de contestación interna. Las corrientes de opinión de otros tiempos no existen. A lo más que se llega es a asumir la organización en clanes. Son una estructura organizada como la vieja España imperial, una tendencia que aún no se ha visto en el PP, pero que aparecerá. El confederalismo de Ibarretxe y Maragall es otra cosa. Ellos, como Escarlata O Hara, se han jurado que nunca más volverán a pasar hambre, o sea, que no dejarán el poder nunca y que siguen organizando lo mejor que pueden el tejido clientelar. Y como el confederalismo, a diferencia del federalismo, es el gran chollo, con el que estoy unido al resto para lo bueno, pero no para lo malo pues ya sabemos dónde empieza y dónde acaba su proyecto político. -De alguna manera usted sostiene en sus memorias que fue ese clientelismo nacionalista el que hizo que en última instancia los constitucionalistas perdieran las elecciones de 2001 en el País Vasco... -Yo creo que sí. En España es en la periferia donde se materializan fórmulas políticas que se parecen más a un régimen que a un sistema jurídico, hasta el extremo de que se puede llegar a percibir como más fácil quitar al presidente del Gobierno español o, incluso, me atrevo a decir, llegar a descabalgar a la Monarquía, que echar a un presidente de Comunidad autónoma. Es tal la inmediatez de la relación política, es tal la relación del administrado con la Administración que los lazos de dependencia son enormes. Esta organización territorial de España habría sido el sueño de los caciques de la etapa canovista. Y eso se nos vende como progresismo. A mí me da mucha más garantía una Sala judicial a la que recurrir en Madrid que no la de ese con el que tomo chiquitos en el batzoki -La plataforma de Albert Boadella en Cataluña, que está a punto de convertirse en partido, ¿sirve de referencia en el País Vasco, podría echar a rodar aquí una iniciativa similar? -En Cataluña se han hecho algunos análisis según los cuales el 40 por ciento del electorado se ha quedado sin alternativa, sin opción política, y eso alienta iniciativas como la plataforma. En principio, no es malo que en el ámbito de la izquierda, donde se habla tanto de pluralidad, existan verdaderamente distintas opciones. Visto desde aquí, lo de Boadella es un fenómeno digno de consideración. Es verdad que los partidos políticos en España son monolíticos y sería una sorpresa que iniciativas de esta naturaleza salieran adelante, pues tenemos experiencia de fracasos como el de García Damborenea o como el de Euskadiko Ezkerra. Pero quizá en otra coyuntura política tengan más futuro, porque además es- Esta organización territorial de las Autonomías habría sido el sueño de los caciques de la etapa canovista