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4 Opinión DOMINGO 22 1 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil COMITÉ FEDERAL CON ESTATUTO AL FONDO O más destacable de la reunión del Comité Federal del PSOE no estuvo ayer en las declaraciones de Rodríguez Zapatero, que no aportaron nada novedoso y se convirtieron en una mera expresión de voluntades, sino en la ausencia de José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El estatuto catalán planeó durante toda la jornada y la sensación mayoritaria era que el acuerdo estaba más cerca que nunca, aunque unos y otros se esforzaran en no pillarse los dedos con declaraciones demasiado contundentes. Cierto es que hubo ausencias significativas y sonoros silencios de alguno de los presentes en la reunión, pero el guión marcado por los organizadores del acto puso especial énfasis en exhibir prudencia y cautela, lo que tal vez resulte indiciario de lo que puede ocurrir en las próximas horas. A nadie dentro del PSOE se le oculta que un eventual acuerdo sobre el Estatuto obligará a los socialistas a una ardua y tormentosa tarea didáctica para intentar trasladar a la opinión pública, de la manera más pedagógica posible, las bondades del mismo. Labor nada fácil en medio de un clima político enrarecido y que puede complicarse aún más dependiendo de la letra, grande y pequeña, del texto consensuado. L EL PP REBASA AL PSOE EN EL ECUADOR DE LA LEGISLATURA D E celebrarse ahora elecciones generales, el PP aventajaría al PSOE en 1,1 puntos, según el Barómetro de invierno realizado por Metroscopia para ABC. Si bien la experiencia demoscópica enseña que las encuestas realizadas fuera de periodos electorales reflejan más estados coyunturales de opinión que predisposiciones de voto firmes, lo cierto es que el Barómetro, puesto en paralelo con los anteriores, pone de manifiesto un movimiento significativo de los alineamientos electorales. En esencia, las cifras- -40,4 para el PP y 39,3 para el PSOE- -son la expresión última de un clima político y social que, traducido en términos de opinión pública, evidencia el deterioro constante del PSOE y el mantenimiento de la base electoral del PP. Al cumplirse casi el ecuador de la legislatura, el voto socialista se sitúa 3,3 puntos por debajo del resultado obtenido en las elecciones de marzo de 2004, revelador descenso que merece una reflexión, pues se fundamenta básicamente en el desencanto de un segmento de su electorado que, al menos por ahora, parece dispuesto a castigar al Gobierno de Rodríguez Zapatero con la abstención- -hoy la participación sería como mínimo tres puntos más baja que hace dos años- sin llegar a transferir aún su voto al Partido Popular. La formación que lidera Mariano Rajoy no capitaliza el desencanto socialista, pero logra aglutinar, sin fisuras, a sus votantes, lo que evidencia que la radicalización del PSOE ha unido al centro derecha, pese a que muchos votantes del PP se declaran en posiciones ideológicas menos a la derecha que las que perciben en su propio partido. Cabría preguntarse, a la vista de las cifras, si el deterioro del PSOE es fruto de una etapa coyuntural- -idea, por otro parte, manejada por el Gobierno- -o irrecuperable en términos electorales. La clave puede estar, precisamente, no tanto en el propio Partido Socialista como- -aunque pueda resultar paradójico- -en la capacidad del PP para ofrecerse como sólida alternativa con un mensaje capaz de atraer a los sectores más moderados del electorado del PSOE, aquéllos más hondamente preocupados con la manera en la que el socialismo ha encarado asuntos como el modelo territorialo la políti- ca antiterrorista. Un dato resulta especialmente significativo a tenor de los datos del Barómetro: en la dura confrontación entre el Gobierno y el PP se desgasta más Mariano Rajoy, en términos electorales, que el propio Rodríguez Zapatero, lo que significa, desde un punto de vista aritmético, que la capacidad de crecimiento del Partido Popular depende, en buena parte, de la decisión que adopte ese sector de votantes socialistas que hoy castigaría a Rodríguez Zapatero negándole su apoyo, pero que no respaldaría todavía a Rajoy, precisamente porque entiende que se excede en el modo de ejercer la oposición al Gobierno. Otro aspecto relevante de la última entrega del Barómetro de ABC es el distanciamiento afectivo entre los ciudadanos catalanes y del resto de España, documentando estadísticamente una creciente tensión territorial- -generada por el debate estatutario y las continuas cesiones del Gobierno a sus socios parlamentarios- -de la que el electorado parece hacer responsable al Ejecutivo socialista, como protagonista de un proceso de división y enfrentamiento entre las distintas comunidades de España. Más de la mitad de los encuestados se muestra ya sensible a una tensión que intenta rentabilizar el Partido Popular, formación que en los últimos meses ha hecho de la defensa de la integridad territorial del Estado el primer argumento de su programa de oposición al Ejecutivo. Si la situación, en términos electorales, presenta, hoy por hoy, un estado de práctico empate técnico, habría que valorar otras variables para intentar descifrar el horizonte a corto y medio plazo. En medio del confuso panorama político, que sin duda tiene una incidencia notable en la intención de voto, hay que poner en valor la incidencia de la economía o, por ser más exactos, la percepción que los españoles tienen de la economía, entendida ésta en términos fundamentalmente domésticos. Aunque en líneas generales los españoles siguen teniendo una opinión positiva de la situación económica, lo significativo es que el clima político y la crispación que constatan los encuestados contribuyen a incrementar los temores e incertidumbres sobre el rumbo económico, lo que también puede pasar factura a Rodríguez Zapatero. BATASUNA Y LA ESTRATEGIA DEL REPLIEGUE AL vez por un puro movimiento táctico, y obligada por la contundente respuesta de la Justicia- -que no del Gobierno- Batasuna practicó ayer la estrategia del repliegue, tan habitual en el mundo proetarra. Arnaldo Otegi, en medio de una discreta presencia de la Ertzaintza, intervino para arengar a los ciudadanos anónimos que se movilizaron para apoyar a la ilegalizada coalición. Fue la reacción, medida hasta al mínimo detalle, del brazo político de ETA al auto del juez Marlaska. Entre la equidistancia del PSE, más callado que nunca a la hora de valorar la prohibición del congreso previsto para ayer, y la sobreactuación del PNV, con el lendakari Ibarretxe recibiendo la víspera a Otegi, Batasuna optó por tensar la cuerda, pero sin romperla. Está claro que se sienten arropados por la solidaria respuesta de las familias nacionalistas. Sobre todo porque a este ya clásico cierre de filas se une la circunstancia, inédita, de un socialismo vasco condescendiente hasta el extremo de guardar un respetuoso (para Batasuna) silencio que encierra muchas claves sobre el futuro inmediato. Tal vez, el futuro prometido a Batasuna llevara ayer a la formación proetarra a recular por pura conveniencia, convencida de que las cosas marchan relativamente bien para sus intereses. T CONSTITUCIÓN MERKEL S IN Constitución, la nueva Europa de los Veinticinco no es creíble. Los instrumentos convencionales que hicieron posible la Europa que llegó hasta el Tratado de Niza son ahora insuficientes para gestionar la compleja convergencia social y económica alcanzada por la Europa del siglo XXI. Sobre todo a la vista del reto institucional que supondrá de aquí a unos años la difícil digestión de la ampliación hacia el centro y este del continente. Europa necesita una Constitución. Esta semana, la Eurocámara reiteró esta idea, reclamando la intensificación del diálogo entre los líderes europeos y proponiendo foros parlamentarios que aviven el proceso de ratificación. Es indudable que después del no cosechado en Francia y Holanda, la Constitución europea debe ser reformulada, pero a partir de la constatación aventurada por el canciller austriaco, Wolfgang Schuessel, de que a pesar de las graves heridas sufridas la Constitución no ha muerto De lo que se trataría, en realidad, es de reanimarla mediante un cambio del articulado que, agregando cláusulas de compromiso en materia social y un derecho de veto a la incorporación de nuevos Estados, pudiese salvar los escollos francés y holandés. Lo que se percibe detrás de esta iniciativa es la voluntad de una Alemania decidida a poner en valor el activo político de ser uno de los países que han ratificado sin críticas la Constitución, confirmándose el liderazgo discreto que trataría de ejercer este país bajo la nueva canciller Angela Merkel. Con el horizonte puesto en la presidencia germana de la Unión Europea de principios de 2007, Alemania tendría por delante un año para tejer una compleja red multilateral de acuerdos que, además de elevar su visibilidad exterior, le permitiría apuntarse el éxito de haber despejado el horizonte constitucional y, así, pasar a desempeñar un papel central en la nueva Europa. En este sentido, el estilo de gobierno de Merkel, basado en la sobriedad y la discreción, y su idea de que el poder es, antes que nada, capacidad para decidir bajo la promesa de utilizarla con el máximo cuidado, se anunciaría no sólo una nueva política para Alemania sino, también, para una Europa liberada de complejos y con la mirada puesta en el mañana.