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92 Los sábados de ABC SÁBADO 21 1 2006 ABC PROPUESTAS Y LUGARES La estación leridana de Port Ainé cumple años este fin de semana. Dos décadas ofreciendo un producto específico para quienes gustan de esquiar en familia y alojarse en plenas pistas Veinte años en la cima TEXTO Y FOTOS: ALEJANDRO CARRA ontrar el detalle que incline la elección hacia una u otra estación de esquí no es, habitualmente, tarea fácil. Como todo en esta vida, y acertadamente recalcaba nuestro insigne Ortega, al final lo que cuenta es la circunstancia particular. Cuando hay nieve, todas buenas; y sin nieve, todas peores. Pero si buscamos, siempre hay un dato que fuerza la balanza. Port Ainé es un destino invernal que, de entrada, tiene una historia curiosa. Enc La diosa Fortuna La estación nació en 1986 por obra y gracia de la fortuna, y de la tenacidad de la familia Mesegué. De la fortuna, porque después de constatar, invierno tras invierno, que, mientras en la estación de Llesui no aguantaba la nieve, en las montañas donde ahora se enclava Port Ainé siempre había, el dinero llegó repentinamente de la mano de un décimo de lotería comprado en Barcelona. Y de la tenacidad, porque la férrea convicción de Josep Mesegué en su intuición consiguió convencer a sus paisanos para que invirtiesen parte de lo ganado en construir la estación bajo la atenta mirada del Pic de l Orri. Así nació Port Ainé, en la comarca del Pallars Sobirá, en pleno Pirineo catalán, y que justo en estas fechas cumple su vigésimo aniversario. Si hubiese que elegir dos características distintivas, eso que tanto se lleva en estos tiempos de cólera, Port Ainé cuenta con dos bazas muy singulares: la primera, que es la única estación de España que no es que tenga alojamiento hotelero a pie de pistas, sino que el hotel- -Port Ainé 2000, el más alto de los Pirineos- -está en mitad de las pistas. Algo que hace muy cómoda la escapada a quienes no esquían, pero tampoco renuncian a acompañar a su contraparte o que, siendo esquiadores, deben sacrificarse- -que ya es- -por ese pequeño tirano que les embauca con sus dos dientecitos y su sonrisa maligna y absolutamente interesada. Aquí no hay proble-