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90 Los sábados de ABC SÁBADO 21 1 2006 ABC VIVIR BAJO LA MEDIA LUNA (Viene de la página anterior) rillado) que en la acequia o en el aljibe pero también en la poesía, en el ritmo de la jarcha (estrofa en romance) o en el baile, en los pasos de un fandango. Ida y vuelta Muchos siglos después, el arquitecto Le Corbusier fue otro de los fascinados por la forma de vida árabe, y en sus viajes a Oriente no pudo menos que sentenciar que en la Kashba de Argel existe de todo, todos los elementos de una arquitectura de enorme sensibilidad para las exigencias y los deseos humanos Elementos que, sin duda, inspiraron parte de sus proyectos y viceversa, pues con él las técnicas y los materiales comenzaron a cambiar en los barrios nuevos de las ciudades musulmanas, y tras él siguió una escuela de arquitectos árabes como Hassan Fathy, Elie Mouyal, y occidentales como Jean Nouvel, Arata Isozaki, Wolfgang Ewerth. Incluso Bofill, y recientemente Campo Baeza, que han dejado sus obras, fascinados, como testimonio de este cruce de influencias. Fernando Muela tiene un estudio de arquitectura e interiorismo en Marruecos. Es español, nacido en Tetuán, donde lleva viviendo toda su vida. En construcción es autodidacta. En Marruecos no es como en España. La arquitectura es una profesión más artística, donde lo que cuenta sobre todo es el diseño y el proyecto. Para cálculos ya tenemos a nuestros técnicos Muela ha sido el autor de proyectos tan importantes como el de la urbanización de Kabila, cerca de Tetuán, una estructura ejemplar que ya cuenta con más de veinte años, y que surgió como zona residencial alrededor de un puerto deportivo. La importancia que concede a los volúmenes bajos, encalados, con formas redondeadas, con azoteas y terrazas y rodeadas de muchos jardines constituye un auténtico lujo. De ahí ha saltado a importantes obras turísticas en Agadir y Casablanca, viviendas privadas, clubes de golf, hoteles. Pronto podría hacerse cargo de una obra que dará que hablar. Él conoce bien cómo han derivado los gustos y las tendencias a este lado del Mediterráneo, y también lo que no cambiará nunca. Aquí hay grandes diferencias sociales y económicas, muchos contrastes. A la clase alta le gusta vivir en buenas casas a la europea, diáfanas, acristaladas, más abiertas, con interiores de diseño y muebles caros, mientras que La Villa Varsano, de Wolfgang Ewerth en Casablanca (1954) Un buen ejemplo de la arquitectura occidental más cosmopolita Mateo Kries, comisario y director del Vitra Museum en Berlín Las diferencias más llamativas entre arquitectura occidental y oriental han ocultado durante mucho tiempo lo mucho que tienen en común. Toda la arquitectura mediterránea, por ejemplo, está plagada de detalles como las fachadas blancas, ciegas y lisas, los espacios multifuncionales o las formas escultóricas en sus remates, presentes todos ellos en la arquitectura rural árabe, pero que también forman parte de la herencia cultural visible en países como España, Italia o Grecia. Otros detalles, como una climatización natural del espacio interior o una correcta dosificación del agua, han sido tan importantes en las riberas del norte como en las del sur. Los conocimientos acerca de construcción e interiorismo también se han intercambiado durante décadas. Por ejemplo, los romanos trajeron la canalización del agua al Magreb, mientras que los musulmanes importaron sus casas patio a España, así como sus decoraciones, ornamentos y muchos detalles arquitectónicos. En las primeras décadas del siglo XX, la arquitectura europea saltó al mundo árabe como parte de una cultura dominante e hicieron falta varias décadas para que los arquitectos occidentales descubrieran el enorme potencial que el mundo árabe les podía ofrecer como fuente de inspiración. Así, Le Corbusier expresó en 1930 su fascinación por una forma de trabajo, de vida, que tuvo enormes repercusiones en otros creadores. Cuando el boom de la vivienda se hizo patente en la Europa del los años 50, el mundo árabe ofreció soluciones sacadas de las formas de hábitat densificadas de las kashbas, que podían trasladarse a la compleja estructura de pueblos y ciudades superpobladas. Pero también el uso del color y de los ornamentos en el Magreb es una materia de estudio importante, y nos ofrece ejemplos de cómo utilizarlos sin caer en el pastiche y en la arquitectura kitch. Obras de arquitectos como Jean Nouvel y muchos otros demuestran su interés, y en la exposición Viviendo bajo la Media Luna descubrimos sus fuentes de inspiración ¿Podría ser un Manhattan rústico? Pues no, es Shibam, tradicional ciudad del Yemen, y buena muestra de las posibilidades del adobe Esta casa podría ser una vivienda racionalista de El Viso, en Madrid. Pero no, se encuentra en la ciudad saudí de Qatan. la gente con menor nivel sigue con sus tradiciones, sus casas cerradas alrededor de un patio al que van a dar todas las habitaciones. Pero en cuanto a interiorismo, ninguno es capaz de quedarse con la simplicidad occidental. Tienen que adornar, pintar, alicatar. Así es su decoración. Sus casas son muy trabajadas y en ellas se encuentra mucha artesanía. La vida, en general, ha evolucionado, pero en el campo se es más respetuoso con las tradiciones porque los hijos siguen viviendo con los padres, mientras que en las ciudades se han vuelto más relajados. Esta exposición, que se clausura mañana, ha recorrido va- Interior de una casa de Tihama, en Arabia Saudí. Los muros los decoran siempre las mujeres.