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38 Madrid SÁBADO 21 1 2006 ABC El amor no es sólo una cuestión de física y de química, sino que, además, crea adicción. ¿Los síntomas? Idealizar a la pareja, someterse a ella y vivir para complacerla, renunciando a las propias necesidades, junto a la obsesión enfermiza, exigente e irracional MADRID AL DÍA LOS VEINTE IGNACIO RUIZ QUINTANO Enfermos de amor TEXTO: M. J. ÁLVAREZ MADRID. Necesito a mi marido, como una drogadicta necesita la sustancia estupefaciente Se llama María, tiene 45 años, y el mal que padece se llama adicción al amor, una dependencia emocional que, como todas las demás, es enfermiza: condiciona y limita su vida y la de su pareja hasta límites insospechados. Este trastorno no tiene nada que ver con la fascinación que surge en el enamoramiento respecto a la persona amada, a la que se idealiza e idolatra, con la que el tiempo parece esfumarse, y que acapara el pensamiento las veinticuatro horas del día. En general, todo el mundo tiene esos síntomas al inicio de sus relaciones sentimentales y cierto grado de dependencia; sin embargo, la adicción afectiva la padece un 10 por ciento de la población, según el primer estudio realizado en España por la Universidad de Oviedo y la Fundación Instituto Spiral en las comunidades asturiana y madrileña, adelantado por ABC en su día. La enfermedad del amor consiste en querer al otro por encima de todas las cosas... incluso de uno mismo. Es cuando el tú sustituye al yo cuando se vive, única y exclusivamente, pendiente de satisfacer y complacer al otro, renunciando a los propios deseos y necesidades, ocupando un papel secundario, supeditándose siempre a nuestro novio marido explicó ayer Leandro Palacios, psicólogo clínico de Spiral. Esta entidad celebró durante toda la jornada el I Encuentro Interprofesional sobre Dependencias Sentimentales, que fue inaugurado por el gerente de Madrid Salud del Ayuntamiento, José Manuel Torrecilla. C Los adictos al amor saltan de una relación a otra y repiten su conducta NIEVES SANZ Si me das lo que necesito, te querré; si no, te odiaré o castigaré Si me das lo que necesito, te daré amor y reconocimiento; si no, te rechazaré, odiaré e incluso te castigaré Así se actúa en las uniones con dependencia afectiva, donde el amor es el precio a pagar por el comportamiento y que constituye un caldo de cultivo para la violencia doméstica. Sin embargo, la necesidad patológica del otro la suele tener, sobre todo, el maltratador que se nutre de su víctima aseveró Belén Ordóñez, directora de los Centros de Atención a Víctimas de Malos Tratos del Ministerio de Justicia. Sólo un tercio de las afectadas dice que padece adicción, un factor más de estas vejaciones recalca. Sin embargo, María José Rodríguez, jefa del Instituto Navarro de Psicología Clínica, aludió a la codependencia. El agresor manifiesta su superioridad machacando a su pareja. Oculta su dependencia, pero siente lo mismo que la persona de la que abusa: pánico al rechazo y abandono. Mientras, la persona que adquiere el papel de indefensa siente que es lo mejor para demostrar su cariño y se siente satisfecha cuando le dan la palmada en la espalda. Vivir por y para el otro El adicto vive por y para el otro, al que quiere más que a sí mismo, o como decía la copla: Te quiero más que a mi vida... El afectado necesita obsesivamente a su pareja, de la que depende en exceso, se somete a ella, tiene pánico a la ruptura y repite su conducta en sus relaciones sentimentales, saltando de una a otra, ya que no sabe estar solo indicó Jorge Castelló, psicólogo y psicoterapeuta. Cuando se llega a esta situación, el amor deja de ser una cuestión de física y química combinada con otros ingredientes para desembocar en un trastorno de la personalidad. Como cualquier droga, el consumidor vive en una burburja con su pareja, desatiende aficiones, amigos e incluso a sus hijos, y, en los casos más graves, sus necesidades básicas, descuidando su alimentación, trabajo... De difícil diagnóstico, ya que se manifesta con síntomas como depresión, ansiedad, problemas de adaptación, estrés, neurosis, e incluso, violencia. El objetivo de este encuentro es dar a co- La adicción afectiva es la necesidad de una pareja para llenar un vacío que se convierte en el centro de la vida Inmadurez, baja autoestima y escasez de afectos en la infancia, rasgos del dependiente nocer un mal, reconocido de forma tangencial, para que salga a la luz, no quede oculto y se le dé el tratamiento adecuado indicó Palacios. Los rasgos de personalidad de estos sujetos son: inmadurez, baja autoestima, carencias afectivas, falta de habilidades sociales, impulsividad y negación del problema. Pero la necesidad de ser necesitado, de sufrir, y moverse entre el amor y el odio para llenar un vacío que nunca pueden llenar, en una constante insatisfacción, tiene cura. A base de terapia, y a largo plazo. umplir veinte años es ponerse tonto como si fuera Navidad. Y eso, si bien se mira, es lo que ha pasado con los veinte años sin Tierno, nardo de los madriles, que la gente se ha puesto tonta hablando de un señor que fue alcalde sin ganar unas elecciones, que soltó unos patos en el Manzanares y que alguna vez cenó con Umbral y con Ramoncín, que es una cosa muy importante y como tal ha quedado registrada en la Historia. En resumidas cuentas: fue, dicen, culto, tolerante y bueno. Comparado con Trinidad Jiménez, era, en efecto, culto. En cambio, para poder ser tolerante, hubiera tenido que dejar de ser marxista. Y bueno... como todo el mundo, dado que, según el prejuicio de calidad platónico, todo lo existente es bueno En el Ayuntamiento escribió unos bandos de gran gorrionismo urbano que son, junto con un ensayo taurino, lo mejor de su producción intelectual. Pero leyó mucho, y esto, en un pueblo proverbialmente analfabeto como es el español, le valió una popularidad de esas que no dan votos, pero sí un entierro de primera. Después del de Franco, el entierro de Tierno constituyó la más espectacular manifestación de duelo en la capital, donde ni siquiera sé si faltaron niñas cantando aquella canción de la reina Mercedes, a la que llevaban muerta cuatro duques por las calles de Madrid Para no creer en el otro mundo, la verdad es que fue lo que en buen periodismo podía haberse llamado un entierro a la Federica con los servidores del coche fúnebre como disfrazados de siglo XVIII, que era el siglo en que hubiera querido quedarse el muerto para dar conversación a tantos vivos. Mas ningún costumbrista de la época osó criticar la nada progresista costumbre local de pasear un cadáver, y ahí se materializó el mito del Viejo Profesor que nunca ganó unas elecciones, que soltó unos patos en el Manzanares y que alguna vez cenó con Umbral y con Ramoncín, aunque a él lo que le gustaba de veras era almorzar con Dubinin, el embajador de Moscú, en Los Porches. Qué bien estaba el Madrid de Tierno recuerdan sus incensarios, pero es que en aquel Madrid todo el mundo tenía veinte años.