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26 Internacional SÁBADO 21 1 2006 ABC IRÁN TIENE TODAS LAS DE GANAR (Y II) BORJA BERGARECHE a crisis nuclear con Irán va a durar meses, y es mejor que así sea. ¿Qué pueden hacer las potencias occidentales cuando el cuarto productor de petróleo del mundo enarbola su derecho a hacer algo que el derecho internacional le permite hacer? Poco. La posición de Estados Unidos y de los países europeos es clara: la prioridad es evitar que un país que consideran impredecible logre desarrollar la bomba nuclear. Más allá del ruido de sables, el problema es que donde Occidente ve bombas, Irán ve electricidad. El Gobierno iraní alega con razón que el Tratado de No Proliferación nuclear (TNP) le garantiza el derecho a desarrollar un programa civil de energía atómica, es decir, a construir centrales nucleares para obtener electricidad. El TNP implica la aceptación por la comunidad de naciones del derecho de cinco países (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) a mantener su arsenal nuclear a cambio del derecho de los demás a utilizar el proceso atómico para la producción de energía, renunciando a las armas nucleares. El epicentro de la crisis, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) es el brazo de la ONU encargado de velar por el uso exclusivamente pacífico de estas instalaciones nucleares en Irán y otros 40 países. La razón última de la ansiedad generada por el programa nuclear iraní es la naturaleza dual del uranio enriquecido que estas centrales utilizan. Como combustible nuclear, basta un uranio enriquecido al 5 por ciento; reprocesado y enriquecido al 95 por ciento se convierte en la materia de la que están hechas las bombas atómicas. Ante la hipotética posibilidad de que esto pueda ocurrir en el medio plazo (de cinco a diez años) la propuesta sobre la mesa es que Irán puede tener centrales nucleares a condición de importar uranio enriquecido de otro país. Irán se niega, alegando su derecho a controlar el ciclo nuclear completo. Mientras tanto, el abismo de desconfianza crece, así como las dudas acerca de las verda- L La clave es que el hombre fuerte del régimen, Ali Jamenei, sienta la presión internacional y asuma las riendas El problema es que donde Occidente ve bombas, Irán ve electricidad. Teherán insiste en un programa civil de energía atómica deras intenciones de un país desafiante que ha vulnerado el régimen de control e inspecciones del OIEA. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, ha prometido transformar el país en un Japón islámico Desde los tiempos del Sha, el nacionalismo iraní tiene un fuerte componente de orgullo tecnológico, y un programa nuclear pacífico propio es percibido en el país como parte de su identidad nacional. Con la cuestión nuclear, Ahmadineyad ha encontrado un elemento de movilización popular muy eficaz, que le permite reafirmar la vocación de Irán como líder regional y azote de la hipocresía de Occidente. Desde el punto de vista militar, el contraste entre el ataque de Estados Unidos a un Irak militarmente débil y su actitud contemporizadora ante una Corea del Norte que tiene armas nucleares hace de la bomba atómica la mejor defensa para un país como Irán, rodeado de tres países con armas nucleares, India, Pakistán e Israel, y enemigo de Estados Unidos. En cualquier caso, si bien razones políticas y militares juegan un papel en la crisis, la posición iraní responde a un elemental problema de coste de oportunidad. Irán es un exportador de petróleo y de gas natural que, paradójicamente, debe importar gasolina y otros productos derivados de los hidrocarburos para satisfacer su demanda doméstica. Por otro lado, sus crecientes necesidades de consumo interno le empujan a quemar cada vez más en casa un petróleo que podría vender a precios más favorables en el mercado internacional. La construcción de centrales nucleares aliviaría enormemente esta presión energética. Y sobre todo, liberaría unos recursos económicos preciosos que el gobierno necesita desesperadamente para hacer frente a su principal problema: la grave crisis económica que afecta al país. Por eso, Irán ha dejado muy claro que no va a ceder. El problema de la ONU, Estados Unidos y la Unión Europea lo resumió perfectamente el propio Ahmadineyad: Sabéis que nos necesitáis más que os necesitamos Así es. Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo, el segundo mayor exportador de la OPEP después de Arabia Saudí, y posee las segundas reservas mundiales de gas natural. Cuenta, por tanto, con un arma mucho más poderosa que la bomba atómica: la bomba petrolífera En un mundo que produce petróleo a plena capacidad, ningún país productor podría ya abrir el grifo un poco más si Irán decidiera cortar su producción. Si lo hiciera, los precios del barril alcanzarían niveles escalofriantes, con consecuencias impredecibles en los hogares occidentales. ¿Qué podemos hacer? La UE ya ha intentado doblegar a los iraníes con dinero y apoyo económico, y no ha funcionado. ¡Sanciones! dicen otros, olvidando el probable rechazo de Rusia y China y que Estados Unidos aplica sanciones a este país desde hace 25 años, sin resultados reseñables. La tercera posibilidad, el embargo económico, podría conducir a un escenario económico de pesadilla si Irán responde con la bomba petrolífera ¡Ataques aéreos! gritan algunos. Existe un murmullo intenso sobre un posible ataque de EE. UU. o de Israel desde el Kurdistán iraquí o Turquía. Existe incluso un antecedente, el bombardeo israelí a la planta nuclear iraquí de Osirak en 1981. Pero la vía militar reforzaría la posición del régimen, generaría víctimas civiles y un gran descontento entre la población chií de Irak, y difícilmente cumpliría el objetivo debido a que parte de las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas. Irán tiene todas las de ganar. Y ninguna solución de compromiso podrá reducir la incertidumbre que planea sobre la cuestión. Mientras tanto, la mejor estrategia diplomática es la que está en curso: seguir hablando, convocar reuniones y, en su caso, elevar el tema al Consejo de Seguridad, a pesar de que el secretario general, Kofi Annan, ha expresado sus reservas ante un escenario que podría dañar aún más la credibilidad de la organización si el asunto se atasca. Una alternativa es asumir la racionalidad de un régimen más pragmático de lo que se piensa, y ofrecerle un papel significativo en el nuevo Oriente Próximo a cambio de su moderación. En ausencia de la confianza necesaria para ello, la clave ahora es que el hombre fuerte del régimen, Ali Jamenei, sienta la máxima presión internacional y asuma las riendas, poniendo fin a la arriesgada aventura de Ahmadineyad. P. D. Teherán no es el final. Lo que esta crisis pone de relieve es la incapacidad de los países occidentales de torcer el brazo de aquellos países ricos en hidrocarburos que utilizan la diplomacia energética al servicio de sus intereses económicos e ideológicos. El reciente chantaje ruso a Ucrania con el gas natural, las fanfarronadas del presidente venezolano, Hugo Chávez, y la actitud inflexible de Ahmadineyad indican el precio de la dependencia exterior que genera nuestro modelo energético. En el futuro, el consumo de energía será mayor, y más grave la dependencia de países como Arabia Saudí, Irán y Venezuela. Mientras tanto, sigan hablando. Los partidos chiíes ganan los comicios en Irak sin lograr mayoría absoluta b Nadie espera el fin de la violencia mientras las organizaciones suníes sigan sin aceptar los presupuestos básicos del nuevo régimen y rechacen la Constitución ABC BAGDAD. La alianza de partidos religiosos chiíes ganó las elecciones legislativas del 15 de diciembre en Irak, pero sin lograr la mayoría absoluta, por lo que deberá negociar una coalición con otras formaciones- -suníes, kurdos y laicos- -para formar gobierno. Los religiosos chiíes obtuvieron 128 de los 275 escaños, según los resultados definitivos dados a conocer ayer tras las numerosas denuncias de fraude interpuestas por suníes y laicos. Les siguen la coalición kurda, con 53 escaños, y la lista suní del Frente Iraquí de la Concordia, con 44 diputados. La organización del ex primer ministro, el chií laico Iyad Alaui, consigue 25 representantes; y la del suní Salah al- Motlak, once. Los partidos suníes obtienen así una representación parlamentaria considerablemente mayor que en el anterior Parlamento, ya que esta vez no han boicoteado las elecciones. Pero la ausencia de consenso en las cuestiones básicas y el fracaso a la hora de integrar a las organizaciones suníes más cercanas a la guerrilla nacionalista hacen prever que no parará la violencia que azota al país. Amenazas de la insurgencia Así lo anunciaron abiertamente insurgentes procedentes del antiguo Ejército de Sadam, que amenazaron con una campaña militar recrudecida contra las fuerzas de ocupación en la que pondrán francotiradores en todas las grandes ciudades y harán estallar muchas más bombas al borde de las carreteras Las tropas norteamericanas mantienen la esperanza de que la insurgencia nacionalista se separe de los terroristas de Al Qaida. Ya se ha dado algún caso de distanciamiento. Pero se descarta que pueda avanzarse mucho por esa senda en tanto las principales organizaciones suníes sigan sin aceptar los presupuestos básicos del nuevo régimen. Aunque los partidos suníes acordaron participar en las elecciones, casi todos ellos rechazan la Constitución. Y la posibilidad de un acercamiento a través de la reforma de la ley básica, prevista para los próximos meses, parece muy difícil después de que Abdul Aziz al- Hakim, uno de los más prestigiosos líderes chiíes, descartase un cambio en profundidad e insistiese en la reclamación chií de una región federal con amplios poderes.