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68 Espectáculos VIERNES 20 1 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO VOCABULARIO BÁSICO No es imprescindible para comprender la película, pero este pequeño glosario ayudará a apreciar la riqueza de matices que alberga el mundo de las geishas. Gei: Arte. En japonés se pronuncia gai. Sha significa persona. Las geishas son personas dedicadas al arte. Okiya: Casa de geishas. No confundir con los típicos clubes de carretera. Danna: Protector que corre con los gastos de una geisha. Tampoco debe equipararse a la figura del proxeneta. Lo ideal es que sea un tipo elegante, con dinero y no demasiado celoso. Maiko: Término utilizado en Kioto para designar a las aprendices de geisha. Todavía no han pasado por el trance de vender su virginidad. Okâsan: Dueña de la casa de geishas, a la que en lugar de madame se suele llamar madre o mamita. No es infrecuente que se sientan incomprendidas. Hanamachi: Barrio de geishas dentro de una ciudad. Kaburenjô: En un barrio de geishas, cuya educación es muy importante, porque de ella depende en buena medida su capacidad de seducción, es el edificio que alberga la escuela, el teatro y la secretaría. Shamisen: Instrumento de tres cuerdas asociado desde siempre al mundo de las geishas, cuya formación musical también es muy elevada. Kampai: Brindis japonés. Aunque su sonido indique lo contrario, en aquella lengua la expresión chin- chin no es bien entendida. Konnichiwa: Hola. Arigato gozaimasu: Muchas gracias. Zhang Ziyi, en una espectacular escena. La actriz china bailaba sobre unas sandalias con plataformas de 20 centímetros ABC Memorias de una geisha la esperadísima versión de la novela de Arthur Golden que ha dirigido Rob Marshall Chicago llega a nuestras pantallas cargada de buenas intenciones y exquisita factura técnica, pero quizá sin auténtico peso Los excesos de la excelencia TEXTO FEDERICO MARÍN BELLÓN Parecían estas memorias predestinadas a arrasar en taquilla y en los Oscar, pero no llegan a calar tan hondo como prometen, quizá porque el exagerado éxito de ventas de la novela ha propiciado un guión incapaz de despegarse del papel. Que los actores hablen en inglés origina otra distorsión insalvable y entierra los esfuerzos y las montañas de dólares empleados en vestir de verosimilitud a las imágenes. El doblaje, por una vez, no importará demasiado. La dirección artística, el vestuario y la puesta en escena son de una belleza abrumadora, exquisita, pulcra hasta el exceso, y arrastra a la trama, que se torna ceremoniosa, con una primera parte que se hace eterna. La sensación que se lleva el espectador es similar a la que obtendría si va a comer a un japonés de aspecto lujoso y comida insípida (conste que lo uno no lleva a lo otro) cuando le apetecería algo más parecido a una tasca, a un árabe incluso, cualquier sitio más pegado a la tierra y al riñón, más guarro, si se admite la expresión. La cinta también sobrevuela, sin aterrizar nunca, el debate sobre el verdadero papel de las geishas. Como el libro, intenta revestir de glamour un oficio cuya zona oscura, por más que se adorne con leyendas y misterios, se asemeja demasiado ante los toscos ojos occidentales a la prostitución de lujo. Es cierto que estas chicas apren- den a cantar, bailar y mover los abanicos con donaire y que no se acuestan con cualquiera por dinero, pero, simplificando un poco, la protagonista es vendida de pequeña, vive prisionera en una casa de geishas, subastan en público su virginidad cuando le salen las primeras curvas y su mayor afán, aparte de eclipsar a sus rivales, es conse- guir un danna (o cliente especial) con pasta; no tiene derecho ni a enamorarse. En fin, se sabe de putas que llevan mejor vida. Eso sí, uno contempla la carita de porcelana de Zhang Ziyi y le permite que se dedique a lo que quiera (o pueda) sin pedir cuentas ni juzgar errores. Es imposible no ponerse de su lado en las intrigas con la perversa Gong Li. Si acaso, se echa en falta una mala armada con un guión más inteligente, algo básico para que la disputa tenga altura. Mejor resuelto está el velado duelo masculino entre Ken Watanabe y Koji Yakusho, ambos estupendos. En definitiva, si el espectador va sin prisas y con las expectativas bajas, podrá disfrutar la brillantez del espectáculo. En este sentido, destaca la escena de la actuación de Zhang Ziyi (cuyo único objetivo es subir el precio de su himen) que recuerda al Rob Marshall de Chicago La imposible historia de amor que subyace al fondo a la derecha, tras la sección de adornos y kimonos, también es digna de paladearse.