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56 Sociedad VIERNES 20 1 2006 ABC Ciencia Basura alrededor de la Tierra Satélite espía m 0 k 00 2 0 EO 70 ita L b Ór 40 Satélite comunicaciones Satélite de observación astronómica Satélite Telstar 0 k m km 36.000 EO Órbita G Restos de lanzamientos 3.974 Satélite Cosmos (radioactivo) 3.923 Satélite meteorológico Satélite observación 283 100.00 0 km Órbita G EO Tipo de basura espacial Otros objetos Restos de lanzamientos La basura espacial por países 227 (Número de grandes objetos) 6 124 116 30 21 EE. UU. URSS CIS Otros ESA China Japón India Satélites inactivos Fragmentos de satélites 20 44 INFOFRAFÍA: JAVIER AGUILERA CARLOS AGUILERA La chatarra espacial hará que la órbita terrestre sea intransitable en el año 2055 colisiones entre grandes piezas de chatarra espacial se convertirá en la principal fuente de nuevos fragmentos y basura en órbita JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. Desde el lanzamiento del Sputnik 1 a mediados de los años cincuenta, el cielo sobre nuestras cabezas se ha llenado de basura, en forma de fragmentos de satélites y naves espaciales de todos los tamaños, desde pocos centímetros a varios metros de longitud. Tornillos, piezas de repuesto, herramientas perdidas, guantes, botas, paneles averiados, secciones enteras de cohetes y satélites completos ya en desuso son solo algunos de los miles de objetos que pueblan el espacio alrededor de la Tierra. En la actualidad, la Red de Vigilancia Espacial Norteamericana tiene registrados (y localizados b A partir de ese año, las en órbita) más de nueve mil objetos fabricados por el hombre, con un peso total que supera los cinco millones de kilogramos. Esta ingente cantidad de chatarra constituye, cada vez más, un riesgo para la navegación espacial y un peligro muy concreto para naves y tripulaciones de todo tipo. La velocidad relativa de estos objetos, además, los convierte (incluso a los más pequeños) en auténticos proyectiles capaces de dañar gravemente, incluso de perforar, el casco de una misión o transbordador tripulado. O de colisionar entre ellos dando lugar a nubes de nuevos fragmentos mucho más pequeños, pero no menos peligrosos. Los ejemplos no faltan. Sólo durante los últimos quince años, entre 1991 y 2005, se han registrado por lo menos tres colisiones entre alguno de estos náufragos del espacio. La más recientemente documentada, ocurrida en enero de 2005, se produjo entre el cuerpo principal de un cohete norteamerica- no de hace treinta años y el tercer estadio de un lanzador chino CZ 4, que explotó tras despegar en marzo de 2000. El continuo aumento en el número de lanzamientos de satélites en las diferentes órbitas posibles ha incrementado, según un estudio que publica hoy la revista Science, el riesgo de que se produzcan esta clase de colisiones. Y eso a pesar de que la propia degradación orbital hace que muchos de estos objetos vayan perdiendo altura y caigan a la tierra o se desintegren en la atmósfera. Y si aumentan las colisiones, opinan J. C. Liou y N. L. Johnson, los autores del estudio, también aumenta el número total de fragmentos individuales en órbita. Simulaciones informáticas Aplicando una simulación informática que tiene en cuenta tanto el ritmo de lanzamientos como la cantidad de fragmentos que degradan su órbita y caen, los autores creen que el número actual de objetos peligrosos se mantendrá más o menos estable hasta el año 2055, fecha en la que se disparará y hará que el espacio se vuelva virtualmente intransitable. Ese año, en efecto, la generación de nuevos fragmentos a causa de las colisiones del tipo de la citada anteriormente superará con creces el número de los que caen a tierra. Y al haber nuevos fragmentos volverá a aumentar el riesgo de colisión entre ellos, dando lugar, en un círculo vicioso dificil de controlar, a nuevos restos. El resultado, según los autores, es que se alcanzará una media de 18,2 colisiones anuales (10,7 de ellas calificadas como catastróficas de aquí a los dos próximos siglos. y que cerca del 60 por ciento de todas esas colisiones catastróficas ocurrirá entre los 900 y los 1.000 kilómetros de altitud, es decir, en órbita LEO (entre 700 y 2.000 km) donde se encuentran precisamente los satélites de comunicaciones.