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20 Nacional VIERNES 20 1 2006 ABC Siria entrega a Rabat a un marroquí al que se vincula con la célula del 11- M ABC RABAT. Siria ha entregado a las autoridades marroquíes de Rabat a uno de los terroristas más buscados por los servicios de seguridad de medio mundo y cuyo testimonio se considera importante sobre los atentados de Casablanca y 11- M. Se trata de Said Hussaini, el Químico experto en la elaboración de artefactos explosivos. Este individuo estudió en la Universidad de Barcelona en los años 90 y se cree que su conocimiento sobre España pudo haber servido para planear los atentados de los trenes de la muerte De hecho, Hussaini está vinculado al Grupo Islámico Combatiente Marroquí, organización a la que pertenecen los hombres clave del 11- M. Said Hussaini fue detenido en Siria y se cree que su destino era pasar a Irak para cometer atentados. La misma ruta y objetivo tenían las dos células desmanteladas recientemente en Madrid y Cataluña. En concreto, el jefe de estos grupos, Omar Nakcha, ayudó a tres de los implicados en el 11- M a huir. Uno de ellos, Mohamed Afallah, murió en Irak en un atentado suicida. La Policía Local de Játiva ha identificado a tres menores, dos de ellos de ocho años, que el pasado martes robaron en una papelería de la localidad. La dependienta, con la que jugaron al despiste, sufrió lesiones cuando cayó al suelo persiguiéndoles para evitar su huida Aventuras y desventuras de la banda del chupete de Játiva TEXTO: ROSA ROMERO VALENCIA. Apenas han cumplido los ocho años, pero son maestros del despiste; no se valen de más armas que la picardía y la mala fe para asaltar a sus víctimas y explotan hasta el límite la benevolencia que inspira su aparente inocencia y el paraguas de impunidad que les regala una ley de Responsabilidad Penal del Menor que a buen seguro no han leído pero cuya eficacia práctica conocen al detalle. Ocurrió el martes, en la localidad valenciana de Játiva. En la tienda, una papelería situada en pleno centro, no había ningún cliente. Aprovechándose de esta circunstancia entraron en el establecimiento cuatro menores, dos de ellos de ocho años, que dieron un buen susto a la única empleada que en ese momento se encontraba en el local. Primero jugaron al despiste; pero en seguida dejaron al descubierto sus intenciones: querían la caja registradora, aunque el botín de su asalto se redujo a un teléfono móvil que sustrajeron del bolso de la empleada, quien sufrió heridas leves cuando salió tras ellos para retenerlos. La entrada en la tienda de los jóvenes, dos chicos y dos chicas, todos ellos de nacionalidad rumana, no levantó las sospechas de la mujer, que sí se percató de sus intenciones minutos después, cuando descubrió que mientras uno la entretenía otros dos habían conseguido acceder a un altillo del establecimiento. Su primera reacción fue llamarles la atención, pero dejó descubierto un flanco que sirvió para que el cuarto de los menores, que revoloteaba por la tienda, se hiciera con su bolso y le robarara el teléfono móvil. Tras ser descubierto, los chavales salieron corriendo de la tienda y los intentos de la empleada de darles alcance se saldaron con un tropezón que la hizo darse de bruces contra el suelo. Sufrió una pequeña contusión. Estaba atolondrada según el concejal de seguridad, Juan Carlos Crespo. Pero sus gritos sirvie- ron para poner sobre aviso a los transeúntes que en ese momento paseaban por la céntrica calle, y que consiguieron retener a uno de los menores, hasta que llegó la Policía Local. Los agentes comprobaron que tenía un billete de tren con destino a Valencia, ciudad de la que procedía. Y en la estación encontraron a dos de sus cómplices. No fue fácil localizar a sus padres porque los menores se negaban a hablar, pero tras ser identificados quedaron bajo su custodia. Para los de ocho años esto quedará como una travesura más. Las dos adolescentes, cuya edad no se ha sabido (una no ha sido localizada) sólo tendrán que responder por este intento de hurto si tienen más de 14 años. En caso contrario no pueden ser imputadas, No puede ser que cuatro niños estén rondando a sus anchas por ahí, en horario escolar, sin que nadie, ni revisores del tren ni otro tipo de seguridad, se interese por el caso se quejó el edil.