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ABC JUEVES 19 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA CUESTIÓN MILITAR N su afán por rescribir con renglones torcidos el limpio palimpsesto de la Transición, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha logrado reabrir la cuestión militar, que estaba razonablemente encauzada tras digerir un golpe de Estado, el debate de la OTAN, varias ofensivas de ETA, dos guerras en Irak y la reconversión del Ejército. Hacía un cuarto de siglo que las Fuerzas Armadas no se involucraban tan abiertamente en el debate político. Desde que el teniente general Mena abriese en Sevilla la caja de los truenos, no pasa día sin que algún militar dé un paso al frente incruento de la opinión pública para decir lo que por otra parte todo el mundo venía intuyenIGNACIO do: que la gente de uniforCAMACHO me está muy preocupada, intranquila, desasosegada con la irresponsable deriva del modelo de Estado. O sea, como la mayoría de los españoles. Para este ostensible alboroto de cuarteles, para esta ola creciente de recelo, para esta inconveniente escalada de indisciplina, Bono es poco dique por más que intente recrecerse a sí mismo con arengas superficiales, huecas y con menos fondo que una lata de anchoas. Sus compañeros de Gobierno piensan que el ministro ha dado alas a los militares con su retórica de confuso patriotismo, y lo acusan de negligencia política y descuido por dejarse colar el discurso de Sevilla. En los cuartos de banderas se le considera tibio y sospechoso de compartir, aunque sea pasivamente, el proyecto soberanista de Zapatero y sus socios. Está en un brete, tratando de soplar y sorber al mismo tiempo. Mena lo puso en ridículo mientras sacaba pecho delante del Rey, y él se vengó mandándolo arrestar en un gesto de humillación innecesaria después del cese, que el propio general consideraba obvio. Con ese arresto convirtió en malestar corporativo unánime lo que hasta ese momento era una opinión dividida ante un pronunciamiento fuera de reglas. Desde entonces no da pie con bola mientras la milicia se rebrinca sin tapujos en los papeles, carta va, manifiesto viene, hasta de capitanes de Infantería. Y eso no puede ser. Pero el problema va bastante más allá del ministro, aunque sea él quien está a merced del oleaje. El problema de fondo es que Mena, con su improcedente exhibición de galones, sacó a flote una desazón patente y espesa que estaba subiendo la temperatura en los cuarteles. El problema es que gente que ha sido educada para luchar por algunos conceptos- -nación, patria, esas bagatelas- -sufre al oír al presidente lamentar esta batalla por las palabras El problema es que, si faltaba algún callo que pisar, algún conflicto que fabricar, ya tenemos también el de un Ejército cabreado. Y que, aunque se trate de un Ejército moderno y constitucional, aunque ya no esté acantonado territorialmente, aunque sea un cuerpo fiable y democrático, no es lo mismo que se cabreen los generales que los ingenieros agrónomos. E LA GUERRA NUCLEAR NO ES IMPOSIBLE veces las situaciones endemoniadas son, además, particularmente movedizas. Los asuntos difíciles crean interminables matices. En el caso del presidente George W. Bush, su norte en 2002 era invadir Irak. No se calcularon los riesgos, ni se entrevieron las posibles reacciones de los invadidos, ni el rechazo al papel de liberadores que nunca tuvieron los soldados americanos. En pocos meses apareció el terrorismo, también se organizó la resistencia. Peligró la unidad del país, se deterioró la alianza occidental... Ahora surge, en Irán, junto a Irak, un problema quizá mayor: nuevo y viejo. Hibernado por el presidente Sistani. Activado por su sucesor. La diplomacia americana (otra cosa es la administración Bush) mantiene dos hipótesis. En ambas creemos que le asiste la razón: el Tratado de No Proliferación, TNP, debe ser cumplido por sus firmantes, DARÍO Irán entre ellos. Segundo, una situaVÁLCARCEL ción mundial con quince o veinte estados en posesión del arma atómica es difícilmente gobernable. Máxime en un tiempo en que dos o tres grupos terroristas, no sólo Al Qaida, tratan de hacerse con un arma de pequeña dimensión, suficiente para destruir Ankara o El Cairo. En los próximos cuatro años, Estados Unidos y la Unión Europea han de encontrar una solución diplomática, es decir política, pactada. Sin ella, Irán tendrá la bomba en 2012 o 2014. Irán maneja argumentos: son inaplicables hoy. Recuerda la desenvoltura con que EE. UU. ha actuado ante Israel, Pakistán o India. Recuerda su derecho a contar con una fuerza protectora frente a un ataque israelí. Pero atención: en el fondo de esta crisis hay, envuelta, una buena sorpresa, muy lejana, no imposible. En diez o veinte años ¿habrá comprendido Estados Unidos las ventajas, sobre todo para él, de un completo desarme nuclear? Sólo la hiperpotencia tendría credibilidad para proponerlo y conseguirlo. La A Unión Europea ha tratado de poner unas gotas de humanidad, en parte gracias a Javier Solana, representante europeo para la Política Exterior. En medio de su modestia, la pobre Unión Europea afirma como puede la razón de sus tesis, que el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, rechaza por la mañana y vuelve a aceptar por la tarde. Europa, sin embargo, pesa en Irán. Europa necesita, digámoslo de paso, aprobar antes de 2008 su tratado constitucional. Sólo gracias al tratado podrá tener un presidente del Consejo nombrado para cinco años y un ministro de Asuntos Exteriores. Se acabaría así con la ficción de las presidencias semestrales. Pero volvamos a lo nuestro: en esta columna sólo podemos advertir de la fuerza de la realidad y de sus desbordamientos. Irán no es una sociedad unida. El consejo de los clérigos manda. Un gobierno, con su extraño presidente, dirige la política muy mediatizado. La clase media y el bazar pesan de modo creciente. Las tonterías en letra impresa sólo enturbian el panorama. Refuerzan en este caso a Teherán. En el emergente problema se mezclan enormes fuerzas: la sed de petróleo de los chinos; el papel mediador de Europa, de un lado, y de Rusia, de otro; la potencia americana, a veces bien dirigida, no siempre. En 2006 las piezas están colocadas de modo distinto a 1980, cuando Israel hizo su incursión aérea contra una instalación en Irak. China ha advertido oficiosamente a Estados Unidos: los israelíes no pueden bombardear doscientos tubos de aluminio, dispersos en 14 laboratorios, en un país con más de un millón y medio de kilómetros cuadrados. Paréntesis final: durante sus dos mandatos, François Mitterrand vivió obsesionado ante la eventualidad de un ataque nuclear. Al lado de otras, Francia tiene una modesta fuerza: puede disparar 32 vectores múltiples desde cuatro submarinos, con posibilidad de destruir 128 ciudades. La total abolición nuclear sería la única salida de la pesadilla.