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ABC MIÉRCOLES 18 1 2006 Internacional 29 EE. UU. ejecuta a un hombre de 76 años, ciego, casi sordo y en silla de ruedas Para acabar con su vida se tuvieron que utilizar dos dosis de inyección letal b Con el visto bueno del goberna- Condenado un hombre por no matar a la mujer que le pagó para ello b Christine Ryder, una mujer de 53 años con depresiones, denunció al asesino que había contratado porque no la mató como habían convenido E. J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La máxima de que los negocios son los negocios y los contratos, sagrados, se ha cumplido de un modo bien curioso en el Reino Unido, donde un hombre fue multado y condenado a quince meses de prisión después de no matar a la mujer que le había pagado para que llevara a cabo ese trabajo, según la historia a la que ayer The Times dedicaba toda una página. Christine Ryder, una mujer de 53 años con depresiones, llegó a entregar 22.000 euros a Kevin Reeves, a quien conoció en 2003 en un centro de salud mental de Kent, para que éste buscara un asesino a sueldo que terminara con su vida de sufrimiento. Reeves llegó a dar a Ryder una fecha en la que sería asesinada, pero el día pasó sin que nada ocurriera. Tras reiterar que la persona a la que había que matar era ella, Reeves se ofreció para ejecutar personalmente el encargo, para lo que volvió a pedir dinero a la mujer. Tras un regateo, ésta aceptó entregar otros 7.500 euros, pero tampoco vio cumplido su deseo. Después de meses de no tener señales de vida de su previsto ejecutor, Ryder le denunció por no haberse ajustado al trato y haberse llevado el dinero. En el juicio quedó probado que el hombre no tuvo intención de cumplir su palabra, pues el día que tenía que asesinar a su víctima se encontraba con su esposa de vacaciones en Tenerife. El tribunal únicamente le condenó por estafa y ha debido reembolsar a la mujer 7.500 euros. tor Ray Allen se convierte en el ajusticiado de mayor edad en California desde la restauración de la pena de muerte en 1976 PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. A medio camino casi entre la pena de muerte y la eutanasia, California ajustició ayer a Clarence Ray Allen. Un anciano legalmente ciego, casi sordo, diabético, confinado a una silla de ruedas y que justo en la víspera de su inevitable cita con la inyección letal en la prisión de San Quintín había cumplido 76 años. Edad y condición que han generado algunas protestas y un cierto debate similar al planteado en su momento por la pena de muerte para asesinos juveniles. El impedido preso, condenado por ordenar hace un cuarto siglo un triple asesinato desde la cárcel, ha tenido que ser subido a la camilla utilizada para su ejecución con ayuda de cuatro musculosos funcionarios de prisiones. Anticipando otro posible infarto por la tensión del momento, Allen había solicitado a las autoridades carcelarias no ser reanimado. Pero al final, se le ha tenido que administrar una dosis adicional de cloruro de potasio para detenerle el corazón. Un abolicionista de la pena de muerte, ayer frente a la prisión de San Quintín REUTERS El gobernador Arnold Schwarzenegger insistió en que la edad y salud de Allen eran algo irrelevante han reprochado a Allen haber jugado todo lo posible con el sistema judicial para burlar su debido castigo. Al negar el pasado viernes una conmutación de pena, el gobernador Arnold Schwarzenegger insistió en que la edad y salud de Allen eran irrelevantes: Su conducta no fue el resultado de juventud o inexperiencia sino producto de las decisiones de un hombre maduro, calculador y curtido de cincuenta años En sus dos años al frente de California, el gobernator ha rechazado tres peticiones de clemencia. Para el último antecedente de un perdón de este tipo hay que remontarse a la etapa Indio choctaw Perteneciente a la tribu de indios choctaw, el reo aprovechó su turno de despedida en la cámara de ejecución para decir: Mis últimas palabras serán Hoka Hey es un buen día para morir. Muchas gracias, os quiero a todos. Adiós El preso lucía una típica banda de los indios en la cabeza, un saquito medicinal al cuello y una pluma ceremonial de águila. Dos nativos, en calidad de asesores, espirituales le habían visitado horas antes de la ejecución. Además, el preso ha dejado saber que le gustó mucho su última cena compuesta por filete de búfalo, pollo frito, pan frito, y dos postres, pastel y helado. Curiosamente sin azúcar por su problemas de diabetes. Entre los cuarenta testigos de la ejecución se encontraba el congresista estatal Todd Spitzer, que forma parte de un comité legislativo que estudia la posibilidad de una moratoria a la pena de muerte en California. Según el republicano, Allen no parecía tan enfermo como se le ha presentado en informaciones periodísticas Los abogados del condenado han argumentado sin éxito que a este preso se le había negado la debida asistencia médica y que su ejecución contravenía la octava enmienda de la Constitución de Estados Unidos que expresamente prohíbe castigos crueles e inusuales Sin embargo, familiares de las tres víctimas mortales en este caso de Ronald Reagan en Sacramento. Por todos los Estados Unidos, las canas y la edad empiezan a acumularse en los corredores de la muerte, con un lapso mínimo de diez años entre crímenes y ejecución. Solamente en California existen otros cinco candidatos a la pena capital que ya han cumplido más de setenta años. Aun así, las diversas legislaciones penales de Estados Unidos no contemplan la posibilidad de jubilación ante la pena de muerte. El mes pasado, el estado de Missisisippi ejecutó a un reo de 77 años, John B. Nixon. Ese convicto asesino a sueldo sería el ejecutado de mayor edad en Estados Unidos dentro de lo que se considera como la era moderna de la pena de muerte tras una trascendental decisión del Tribunal Supremo que en 1976 terminó con una temporal moratoria. Con anterioridad, el reo más anciano que se recuerda es Joe Lee, de 83 años, ejecutado en 1916 en Virginia. Londres permitirá miniburdeles atendidos por dos prostitutas E. J. B. LONDRES. El Gobierno de Tony Blair anunció ayer sus planes para la reforma de la ley que afecta a la prostitución. Finalmente no autorizará la creación de zonas de tolerancia en determinadas áreas de ciudades, pero sí legalizará miniburdeles en los que podrán estar dos prostitutas y una recepcionista. El objetivo de esta última medida, que sólo afectará a Inglaterra y Gales, es que las prostitutas puedan no estar solas en su trabajo y así mejorar su seguridad. De acuerdo con la ley vigente, quie- nes ofrecen sexo en pisos u otros recintos sólo lo pueden hacer de forma legal si actúan individualmente. La nueva legislación pretende perseguir más a quienes consumen el sexo. Así, las autoridades podrán retirar el permiso de conducir a las personas que conduzcan despacio junto a la cera en busca de prostitución. La primera vez que sean arrestadas se les obligará a participar en un programa de reeducación, que correrá a expensas de los afectados. El Gobierno ha rechazado su primera intención de crear zonas de tolerancia ya que ello sería enviar un mesaje equivocado a la sociedad, según Fiona Mactaggart, responsable de la nueva ley. Mactaggart indicó que esas áreas generan miseria para las personas que viven en ellas y además no suponen un avance en el objetivo de reducir la explotación, mejorando la seguridad de las personas que están envueltas en esa ocupación y de las comunidades de residentes Fiona Mactaggart añadió que los miniburdeles, en cambio, son una operación a pequeña escala que no tiene por qué causar molestias en el vecindario, y además permitirían que las prostitutas gestionen su propio negocio y no sean manejadas por grandes redes En cualquier caso, no habrá una mayor dotación económica para la Policía en el nuevo plan presentado por el Gobierno.