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ABC MIÉRCOLES 18 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EXTRANJERÍA OMO las cigüeñas ya no migran, porque con el cambio climático no necesitan bajarse a hibernar a África, los españoles hemos dejado de tener niños, y ahora la población aumenta con los adultos que llegan ya creciditos en avión, en barco, en tren y hasta en patera. De los 44 millones de habitantes que acaba de certificar el padrón, un 8,5 por ciento, esto es, 3.700.000, son extranjeros y la mayoría de ellos no vino precisamente de París: sólo entre marroquíes y ecuatorianos suman más de un millón de criaturas, a los que hay que añadir importantes contingentes de colombianos, británicos, rumanos alemanes y ese conglomerado multinacional de piel oscura que ahora se conoce con el eufemismo de subsaharianos. Nuestro moderno retrato demográfico pareIGNACIO ce un anuncio de BeCAMACHO netton. El subconsciente colectivo aún distingue entre extranjeros e inmigrantes, estableciendo una diferencia que no es semántica sino socioeconómica. En España nadie llama inmigrantes a los europeos acomodados que se compran una residencia jubilar en Baleares o en la Costa del Sol, y poca gente denomina extranjeros a los magrebíes de la horticultura almeriense o a los latinoamericanos que te sirven café o te cobran la compra en el híper. Lo que subyace en el distingo es una escala de integración y otra de jerarquía social. Por eso las estadísticas no acaban de servir para pintar los matices de una realidad mucho más compleja que los números. Por eso y porque la concentración territorial de los extranjeros no es uniforme. En las zonas de mayor densidad han empezado los conflictos que las autoridades prefieren ignorar amparándose en la generalidad de las cifras. Pero el fenómeno está ahí: del millón corto de personas que ha incrementado el padrón del último año, dos tercios proceden del exterior. Y ése es un dato que exige definir una política. Acabamos de ver cómo Francia, que viene de vuelta, se ha desencuadernado en sus estructuras bajo una grave crisis de cohesión social, y seguimos creyendo que eso sólo les pasa a los otros y agarrándonos al dudoso argumento retórico de que los inmigrantes de hoy pagarán las pensiones del mañana. Mañana quizá, aunque tampoco está claro, pero hoy lo que ocurre es que la presión que ejercen ya sobre los servicios públicos- -sanidad, educación, transporte- -está comprometiendo la viabilidad del sistema. Las cifras del padrón exigen una agenda racional que atienda a las señales y frene la proporción geométrica de este flujo humano antes de que se produzca un colapso. Por ahora, vamos en dirección contraria: brazos abiertos, regularizaciones masivas y una infinita e ingenua confianza en el ritmo económico. El día en que la economía pare de crecer al 3 por ciento habrá problemas de demanda en los empleos que ahora todo el mundo deja a los inmigrantes, y éstos serán desplazados del mercado laboral. Si alguien quiere saber lo que viene a continuación, que se compre cualquier periódico francés y le eche una simple ojeada. C LA SOBERANÍA, DE VACACIONES OS censos de comparaciones populares, latifundio que Chiquito de la Calzada puso en regadío y al que sacó tan buenas rentas, deberían ser puestos al día continuamente, como las actualizaciones del GPS. Que si no las tienes, tiras por la autovía que acaba de inaugurar Magdalena Álvarez y te dice el navegador con su voz de madera: -Vuelve inmediatamente a la carretera, tío, que vas a campo través, so carajote... Sí, hay GPS muy mal educados. El mío, por ejemplo. Es un GPS que lo aprendió todo con la LOGSE. Es un nolaco no- la- conoce, a la educación. ¡Vaya lengua! Cuando me paso de un giro, me dice: ¡Tío, tenías que haber tirado a la izquierda, imbécil! Y cuando llegamos a casa, se le oye el suspiro de alivio: -Ea, ya estás en tu casa, pero buen trabajo que me has dado, torpe, ANTONIO más que torpe. BURGOS El GPS de los diputados les ha ordenado estacionamiento y punto en boca. Lo están cumpliendo divinamente. Su GPS no les insulta nada, nada, nada. Y están actualizando la nómina de comparaciones populares. Sus señorías superan a la matrona de Fabiola o al sastre de Tarzán en las comparaciones populares. Trabajan bastante menos que ellos. ¡Qué mili se pegan! Son los únicos españoles para quienes la cuesta de enero es hacia abajo. No la doblan a lo largo del año y en enero, vacaciones. No semana blanca, como escolares de febrero: mes blanco. Bien ganadas vacaciones. No saben ustedes lo que se cansa la mano de darle a la llave de votar el come y calla Y, claro, como el Congreso de los Diputados está de vacaciones, pues por eso se está trapicheando el Estatuto Catalán entre el PSOE y los partidos nacionalistas de espaldas al pueblo soberano y fuera de la Comisión Constitucional, de manera tan lamentable. L ¿Qué dice usted, que la soberanía nacional reside en el Congreso? Eso será cuando sus señorías vuelvan de vacaciones. Ahora, por lo visto, la soberanía nacional también está de vacaciones. De momento la soberanía nacional reside en esa mesa de negociaciones donde cinco amiguetes, sin luz, sin taquígrafos, sin molestos testigos de vista, sin control de la oposición y sin vergüenza están pactando no sólo lo de nación y lo de espanyol, parla la llengua del Imperi sino el dinero de nuestro bolsillo que nos va a costar el dichoso estatutazo a los que somos españoles porque no podemos ser otra cosa. Empezando por los españoles de Andalucía, de Extremadura y de Castilla- La Mancha, a los que paradójicamente les da la gran puñalada presupuestaria el Gobierno que llegó al poder gracias a los trenes baratos del granero de votos de esas regiones. El dinero de nuestro bolsillo. Esta es otra. Tengo la sensación de que me están metiendo continuamente la mano en el bolsillo y me están desplumando. Verbigracia: la Junta de Andalucía tendrá que pagar 1,4 millones de euros a una madre, por quitarle indebidamente la custodia de sus dos hijos. Los pagará porque lo hicieron muy mal. ¿Y va a pagar Chaves de su bolsillo esos 233 millones de pesetas? No. Si tuvieran que pagarlo de su bolsillo, otro gallo cantaría en la contención del gasto público. ¡Hala, a gastar! ¡Echa vino, montañés, que lo paga Luis de Vargas! Y Luis de Vargas somos usted y yo, que vemos cómo no sólo tiran nuestro dinero, sino que, además, se limpian en las cortinas del Congreso de los Diputados, órgano de la soberanía nacional, trapicheando a caño libre y por lo bajini (como en la negociación- claudicación con la ETA) la destrucción de la Constitución y de España. Que tendremos encima que pagar usted y yo. Como habremos pagado el baptismal gorro carísimo de Yaquelín, digo, de Sonsoles. ¿No van de laicos? ¿Qué pintan entonces en un sacramento del bautismo, y más de tiros largos que la augusta madrina?