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4 Opinión MIÉRCOLES 18 1 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil ESPAÑA- ISRAEL, UNA ALIANZA IMPRESCINDIBLE E BATASUNA SIGUE SIENDO ETA E L juez Grande- Marlaska ha resuelto la polémica jurídica sobre la celebración de la Asamblea de Batasuna con la sencillez que impone la realidad de que Batasuna es ETA y ETA es una organización terrorista. El auto judicial dictado ayer por el magistrado de la Audiencia Nacional prohíbe el acto de la izquierda proetarra previsto para el próximo sábado y decreta nuevamente la suspensión de actividades de Batasuna por dos años. La disolución de esta formación, decidida por el Tribunal Supremo, no ha sido obstáculo para las nuevas medidas cautelares impuestas por Grande- Marlaska, porque, como se motiva ampliamente en el auto, lo importante es el carácter materialmente ilícito de los actos y no la inexistencia de personalidad jurídica. Batasuna es una organización clandestina y terrorista que contamina de criminalidad sus actos orgánicos, como la asamblea del próximo sábado. El auto actualiza todos los datos que utilizó Garzón en 2002 para justificar la primera suspensión del entramado batasuno y demuestra cómo esta formación sigue siendo el frente político electoral de ETA y cómo la cita de Baracaldo habría de poner fin al ciclo de ilegalización en el marco de un proceso de renovación- Bide Eginez Haciendo camino -de la cúpula proetarra, organizado con las directrices de los terroristas. Los informes elaborados por los servicios de información de la Guardia Civil y de la Policía han sido decisivos para demostrar que Batasuna controlaba la asamblea del día 21 y que ETA sigue controlando a Batasuna. La tozudez de los hechos es, otra vez, muy superior al voluntarismo político de quienes pretenden abrir por decreto un nuevo tiempo en el que, al parecer, Batasuna es la joven promesa de la democracia vasca. La realidad es otra muy distinta y sigue ventilándose en los tribunales, porque el problema que representa Batasuna no es político, sino terrorista, frente al cual sólo es posible oponer la Ley, como le va a suceder nuevamente a Otegi, citado la próxima semana como imputado por enaltecimiento del terrorismo durante el homenaje a la etarra Idoia Castresana. Es lamentable que algo tan obvio como prohibir a una organización terrorista que celebre un acto público sea objeto de una controversia entre instituciones del Estado, Gobierno y oposición. La resolución judicial de ayer ha de servir al Ejecutivo para replantearse seriamente su actitud ante Batasuna y ETA. No tiene justificación alguna que el Gobierno y el fiscal general del Estado desvíen la atención sobre sus continuos errores arremetiendo contra el PP. Conde- Pumpido ha sido el último en llegar a la fila de los que se han planteado la prohibición de la asamblea proetarra, y lo ha hecho con un escrito frío y sin convicción ni interés en propiciar la prohibición del acto. Al fiscal le han precedido el Supremo, las víctimas, el alto comisionado del Gobierno, la opinión pública, la mayoría de los medios y, por supuesto, el primer partido de la oposición. La pasividad del fiscal general del Estado, que es la misma del Gobierno, ha sido flagrante en estas semanas y sólo ha salido de ella por la fuerza de los informes policiales, la presión social y la obligación de pronunciarse ante Grande- Marlaska. En efecto, el Estado de Derecho ha funcionado, como decía ayer el ministro de Justicia, pero no gracias al Gobierno ni al fiscal general del Estado, sino a pesar de su calculada quietud frente a la izquierda proetarra y de sus arriesgadas valoraciones sobre el derecho de reunión de los seguidores de Batasuna. Aunque ahora el Ejecutivo y el PSOE se apresuren en mostrar satisfacción y respeto por la decisión judicial, se apuntan a un éxito del Estado de Derecho al que no han contribuido. En el desafío que el terrorismo plantea al Estado, la paz es la imposición de la ley y de la justicia sobre la violencia, y no la condonación de sus crímenes. En el año 2002 se hicieron trágicos augurios sobre las consecuencias de la ley de Partidos Políticos que se acababa de aprobar y ninguno de ellos se cumplió. Quienes hoy renuevan los temores ante la aplicación de esta norma carecen por completo de crédito. Y no lo recuperarán si caen en la tentación de insinuar que estas acciones judiciales, pilar básico del Estado, pueden frustrar la paz. BAROJA Y EL SECTARISMO L AS juntas generales de Guipúzcoa no consideran necesario recordar- -como sin duda merece- -el cincuenta aniversario de la muerte de Pío Baroja, colaborador ilustre en las páginas de ABC en los umbrales del siglo pasado. Los socialistas han retirado su propuesta al respecto con el pretexto de que el PNV y sus socios consideran prioritario que se conmemore a ciertos autores que escribían en lengua vasca, aunque ciertamente su repercusión a escala nacional o internacional sea muy limitada. El nacionalismo excluyente es el peor enemigo de una sociedad abierta y democrática, porque construye su discurso a partir de una distinción radical entre nosotros y ellos En particular, el sectarismo cultural es fiel reflejo de una mentalidad dogmática que también se ha manifestado con fuerza en la Administraciçón catalana. Existen, sin embargo, situaciones que conducen al más absoluto ridículo. La grosería intelectual alcanza, en este caso, a Pío Baroja, cuya condición de vasco y a la vez español le sitúa en territorio enemigo a los ojos de quienes practican una política miope y estrecha. Para los nacionalistas, el autor de la Tierra vasca no merece el homenaje y la conmemoración que reciben, en cambio, otros autores desconocidos fuera de su ámbito local. Lo peor de todo es que los socialistas vascos se apuntan de forma indirecta a una decisión tan peregrina, en un nuevo ejercicio de oportunismo y de táctica coyuntural. La mala fe política se combina con el desatino cultural. La calidad literaria o artística no conoce fronteras ni admite otra distinción que la que otorgan la crítica seria y la repercusión de la obra publicada. Sin El árbol de la ciencia sin personajes como Zalacaín y Santi Andía, sin tantas páginas brillantes surgidas de la pluma de Baroja o de cualquier autor catalán que escribió o escribe en castellano- -D ors, Pla, Vázquez Montalbán, Mendoza, Marsé, Gimferrer- marginados por el oficialismo nacionalista, la historia de la literatura queda mutilada sin remedio. Es significativo que Unamuno, otro de los grandes del 98, haya sido también víctima de la intolerancia. Así se reducen la facultad de comprender el mundo de las nuevas generaciones y sus posibilidades de situar la realidad política contemporánea en su contexto histórico. Porque- -conviene no olvidarlo- -la ignorancia no es la única razón para orillar a los mejores representantes de la cultura española. El objetivo consciente y deliberado consiste en que una sociedad abrumada por la ideología asuma como propia esa gigantesca falsedad que pretende convertir a España en una realidad ajena y opuesta al País Vasco o Cataluña. SPAÑA tiene que hacerse más visible en Oriente Próximo y, en concreto, en Israel. Su proximidad histórica con los países árabes y con la diáspora judía sigue siendo un activo que puede movilizarse eficazmente, tal y como se vio en 1991 durante la Cumbre de Madrid. Entonces, el Gobierno de Felipe González contribuyó a despejar decisivamente algunos de los obstáculos que dificultaban el proceso de paz, abriendo cauces de comunicación bilateral entre Israel y sus vecinos más renuentes: Líbano, Siria y Jordania. Pero para lograr este objetivo hace falta que el Gobierno de Rodríguez Zapatero dirija nuestra capacidad de interlocución en la zona adecuadamente. Por de pronto, debería aprender de la experiencia y evitar los traspiés producidos hasta el momento en nuestra política exterior. De hecho, con Israel, España no puede incurrir en los errores mostrados en la gestión de nuestras relaciones con Cuba y Venezuela. Los intereses españoles aquí son de naturaleza muy distinta y requieren de altas dosis de delicadeza y tacto. Virtudes ambas, por cierto, que hasta ahora no han brillado en las actuaciones exteriores de nuestro Gobierno. La conmemoración del vigésimo aniversario del inicio de relaciones diplomáticas entre Israel y España puede ser el punto de partida para que recuperemos parte de la visibilidad perdida en Oriente Próximo. Sobre todo después de que la pasada Cumbre Euromediterránea de Barcelona confirmara que nuestro país ha reducido ostensiblemente su capacidad de maniobra e influencia en la región, incluso entre los países árabes. Los motivos son múltiples, pero basta apuntar el principal: el perjuicio que ha sufrido nuestro crédito tras la precipitada retirada española de Irak y el consiguiente deterioro de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos. Con todo y con eso, la visita del ministro Moratinos a Israel abre una ventana de oportunidad diplomática para nuestro país. Sobre todo ahora, cuando el proceso de paz entre el Estado de Israel y la Autoridad Nacional Palestina está rodeado de incertidumbres debido al ínterin político provocado por el coma de Ariel Sharón y a las amenazas de destrucción nuclear proferidas desde el Irán de los ayatolás. En este sentido, las declaraciones del ministro Moratinos sobre el perjuicio que causaría al proceso de paz israelo- palestino una victoria de Hamas en las elecciones palestinas del próximo 25 de enero van en la buena dirección, como también el gesto de decir que con el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel- -sumado a nuestra entrada en la UE- -se devolvió a España a la normalidad internacional que se había perdido durante el régimen de Franco. Y es que, mientras nuestro país no vuelva a ser un interlocutor fiable para Israel, cualquier iniciativa que adoptemos en la región estará condenada de antemano al fracaso.