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32 Internacional MARTES 17 1 2006 ABC Quince años en el Sahara Occidental con su principal objetivo sin cumplir. La misión en la ex colonia española se ve ensombrecida por la creciente violencia y por un referéndum de autodeterminación cada vez más lejano La ONU en el laberinto marroquí TEXTO Y FOTO LUIS DE VEGA. CORRESPONSAL EL AAIÚN (SAHARA OCCIDENTAL) La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental (Minurso) nace en 1991 tras la firma del alto en fuego entre Marruecos y el Frente Polisario. Sus principales objetivos son velar por el alto el fuego y organizar el referéndum de autodeterminación. La Minurso, formada por unos 230 miembros entre civiles y militares, no es ajena a las polémicas que rodean un conflicto al que ni los más optimistas ven una salida cercana. Frank Ruddy, que fue segundo de a bordo de la misión en los noventa, denunció en noviembre en una sesión del Congreso de Estados Unidos el abuso por parte de Marruecos de los saharauis y su manipulación abierta y notoria de la misión de Naciones Unidas Añadió que la ONU, lejos de ser independiente, era un instrumento controlado por Marruecos, lo que hacía imposible el referéndum. El Gobierno marroquí, según ha dicho a ABC su representante ante la Minurso, Hamid Chabar, habla de buenas relaciones aunque no reconoce el mandato de la Minurso para organizar el referéndum y añade que su única misión desde el año 2000 es mantener el alto el fuego. Los propios integrantes de la Minurso hoy, según los testimonios recogidos por este corresponsal, son conscientes de que su presencia no ha servido de mucho. Sabemos que la gente espera más de nosotros después de quince años explican. Un empleado de un hotel prepara una bandera de Marruecos delante de un vehículo de la Minurso Chabar asegura que toda expresión de la opinión está permitida siempre que no altere el orden público Pero la realidad, como ha comprobado este corresponsal, es que los saharauis no pueden reclamar pacíficamente la independencia sin ser reprimidos. Los vehículos de la Minurso no se detienen ante los enfrentamientos y cuando lo intentan, según denuncian fuentes saharauis, han sido obligados por agentes marroquíes a seguir su marcha. Tomamos nota de todo lo que pasa e informamos a Nueva York, que es donde se decide qué hay que hacer. Mientras tanto nos ceñimos a nuestro mandato argumentan en la Minurso. El último documento hecho público en octubre de 2005 por el Consejo de Seguridad advierte de la preocupación que despiertan las denuncias de violaciones de los derechos humanos por ambas partes Sin embargo, la misma nota recoge que la Minurso no dispone de mandato ni de los recursos necesarios para ocuparse de esta cuestión Mohamed Dadach, uno de los líderes de la disidencia saharaui, y otros militantes independentistas van más allá y acusan a la Minurso, que tiene una bandera del Reino alauí en su cuartel de El Aaiún y está rodeada de agentes marroquíes, de estar en manos de Rabat. Todo el personal local que trabaja para Naciones Unidas son colonos (en referencia a marroquíes llegados tras la Marcha Verde de 1975) Y muchos lo hacen a la vez para los Servicios de Seguridad Chabar dice que todos tienen carné de identidad marroquí y que si los eligen es en función de su perfil o competencia La situación actual de bloqueo dialéctico y fatiga diplomática tiene un claro beneficiario: Marruecos, que gana tiempo con el estancamiento de un conflicto que no levanta pasiones. Para desesperación de los saharauis, la R de referéndum de la Minurso parece cada vez más hundida en las arenas del desierto. La intifada saharaui A falta de esos avances la misión pone en marcha lo que denomina medidas de confianza como las visitas de familias separadas por el conflicto que viajan de las ciudades de la ex colonia a los campos de refugiados de Tinduf (Argelia) y viceversa. Pero esas medidas de confianza se ven ensombrecidas por el recrudecimiento de las tensiones. En mayo de 2005 estalló la denominada intifada saharaui y la violencia ha alcanzado sus mayores cotas desde el fin de la guerra. Las Fuerzas de Seguridad marroquíes, según organizaciones internacionales, hacen un uso desproporcionado de la fuerza. Rabat, en una medida sin precedentes, ha sacado a las calles al Ejército y ha encarcelado a la cúpula de los activistas saharauis. La ONU, según miembros de la Minurso, no considera que se esté violando el alto el fuego aunque durante los altercados haya muerto un joven saharaui y varios centenares hayan resultado heridos. El Polisario, sin embargo, acusa a la misión de cobardía e incapacidad según su responsable de relaciones con la Minurso, Mohamed Hadad. La presencia de los militares fuera de los cuarteles tal vez directamente no sea una ruptura del alto el fuego pero en realidad lo es a nivel moral y político añade. UNA INFAMIA JAVIER REVERTE Periodista y escritor legar a El Aaiún por carretera, siguiendo la línea de la ribera del mar, supone un largo y fatigoso viaje. El desierto corre a tu izquierda, impregnado de una capa de vapor o de polvo que apenas te deja ver las formas borrosas de las lejanas montañas. A la derecha, el brioso Atlántico se abalanza sobre los acantilados como si tuviera ganas de comerse la piedra. A veces, los cadáveres de cargueros naufragados pintan las arenas de las orillas con el patetismo de sus armaduras comidas por el óxido. L Estremece la visión de esta costa. El paisaje humano también es singular. Los nombres empiezan a sonar en tus oídos rescatados del pasado: el vigoroso Tan Tan, el bello Sidi Ifni, la luminosa Tarfaya (que antes fue Cabo Juby) y, al fin, El Aaiún. Suenan a historia antigua de la España colonial. Pero en El Aaiún, ese sonido adquiere una escala emotiva. Porque la gente, en cuanto descubre tu origen, te habla en español, te muestra con orgullo que conoce tu lengua, te afirma sin decirlo que, para ellos, los saharuis, el idioma es una seña de identidad nacional que les diferencia de los marroquíes. El acento es a menudo canario y asoman modos de expresión del argot de los años cincuenta y sesenta. Los niños juegan a pídola y al mos- cardón, y las niñas al tejo y a la comba, igual que en los barrios de las ciudadees españolas de la postguerra. En el Aaiún, como en los campamentos de refugiados de Tinduf, hay aromas españoles. Y sin embargo, los sucesivos gobiernos de nuestro país- -franquistas, socialistas, populares y otra vez socialistas- -no han querido respirarlos. Y han dado la espalda a las resoluciones de la ONU y a la justicia internacional, olvidando a un pueblo con el que tienen una deuda histórica, mientras corren a besar las babuchas al rey- tirano de turno que se sienta en el trono de Rabat. La posición oficial de España en el Sahara no es una tradición política; es una infamia. Y eso lo sabemos igual los ciudadanos de izquierdas o de derechas de nuestro país.