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ABC LUNES 16 1 2006 Sociedad 45 Medio Ambiente El cambio climático, responsable de la extinción de miles de anfibios tropicales Dos tercios de las especies de rana arlequín han desaparecido en 20 años b Un estudio proporciona la prime- El Inventario Forestal revela un aumento del arbolado dañado b Se ha detectado un acusado ra prueba clara de que el cambio climático causa focos de enfermedades infecciosas que destruyen poblaciones enteras de ranas A. ACOSTA MADRID. El calentamiento global está provocando la proliferación de enfermedades infecciosas, que están causando extinciones de especies de anfibios en todo el mundo, de acuerdo a un estudio publicado en la revista Nature La investigación revela una fuerte correlación entre la desaparición de la rana arlequín (Atelopus) en Centroamérica y Suramérica y cambios en la superficie del mar y la temperatura. El equipo dirigido por J. Alan Pounds, del Centro de Ciencia Tropical de Costa Rica, tenía la intención de determinar la relación entre enfermedades epidémicas y calentamiento global. Demostraron un vínculo directo entre brotes de un hongo patógeno (Batrachochytrium dendrobatidis) provocados por las condiciones de calor, con la extinción de esa rana. Se estima que el 67 por ciento de las aproximadamente 110 especies de Atelopus han corrido la misma suerte. Aunque la relación entre el cambio climático y la desaparición de algunas especies ya había sido planteado, el nuevo estudio aporta una prueba clara y una teoría de cómo actúa. Los autores del estudio sugieren que el calentamiento global acelera la formación de nubes en los trópicos americanos, disminuyendo la temperatura diurna pero aumentando la nocturna. Estas son las condiciones óptimas de crecimiento para el hongo, que se vuelve más patógeno en temperaturas frías y más letal en condiciones húmedas. La enfermedad es la bala que mata a las ranas, pero el cambio climático es el que aprieta el gatillo afirma Pounds. decaimiento y muerte puntual a causa de la sequía, sobre todo en el Levante, sureste peninsular y en áreas centrales de ambas mesetas ABC MADRID. El Inventario de Daños Forestales (IDF) de 2005 muestra un empeoramiento en el estado del arbolado con respecto al año anterior. El deterioro más acusado se observa en las frondosas, con una disminución importante en el porcentaje de arbolado sano (76,7 por ciento de árboles en esta categoría) a la vez que aumenta el porcentaje de arbolado dañado (21,3 por ciento) Así las cosas, el 78,5 por ciento de árboles estudiados presenta un aspecto saludable, mientras que el 19,5 por ciento tiene defoliaciones superiores al 25 por ciento y el resto son muertos o desaparecidos. Entre las causas detectadas están las de origen abiótico, las defoliaciones de primavera y la sequía. El Inventario de Daños Forestales consiste en la revisión de los puntos de una red de 16 x 16 kilómetros, sistemática y aleatoria, tendida sobre la superficie forestal europea. El número de puntos revisados en España durante el año 2005, al igual que el año anterior, ha sido de 620, evaluándose un total de 14.880 árboles. Aunque la peor parte se la llevan las frondosas, las coníferas también experimentan un empeoramiento, aunque algo menos acusado, con una disminución del porcentaje de arbolado sano respecto al año anterior, ya que este año se sitúa en un 80,6 por ciento, y un aumento en el porcentaje de arbolado dañado, que llega a alcanzar un 17,6 por ciento en esta categoría. Los registros obtenidos para este grupo de especies son los peores obtenidos desde el inicio de los inventarios. Una de las 110 especies de rana arlequín que están desapareciendo de anfibios (1.856) están clasificadas como amenazadas El débil agarre que estas especies tienen con la vida es especialmente evidente en las áreas tropicales de América donde el 67 por ciento de las 110 especies de la rana arlequín endémicas de la región han desaparecido en los últimos 20 años. Este declive de anfibios, por ejemplo en áreas vírgenes y protegidas de Costa Rica, había asombrado a los biólogos desde 1990. En los bosques de neblina de este país, NATURE La enfermedad es la bala que mata a las ranas, pero el cambio climático es el que aprieta el gatillo ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO la rana arlequín de Monteverde desapareció a finales de los 80, igual que había ocurrido con el sapo dorado, cuya desaparición dio la señal de alarma. Los autores definen la extinción a partir del tiempo desde que una especie de rana fue observada por última vez. La mayoría de las extinciones (78- 83 ocurrieron en años que fueron inusualmente cálidos en los trópicos. La probabilidad de que esta correlación se deba a la casualidad es menor de una entre mil. Es más, los patrones de extinción observados varían con la altitud, al igual que lo hacen los efectos del cambio climático. Las especies de la rana arlequín de montaña, que viven entre 1.000 y 2.400 metros, presentan niveles más altos de extinción que aquellas que viven en tierras bajas (donde las extinciones son raras) Vivir con la amenaza Este estudio demuestra que el calentamiento global está causando la extinción de especies, y que las epidemias provocadas por cambios en el clima son una amenaza inmediata para la biodiversidad. Ésta era precisamente una de la principales preocupaciones en torno al cambio climático, y Pounds ha logrado aportar evidencias de que el cambio climático antropogénico ha alterado la transmisión de un patógeno que afecta a los anfibios, conduciendo a un declive de sus poblaciones y, en último término, a la extinción. No es de extrañar, por tanto, que en 2004 el mundo científico mostrase su preocupación ante los resultados que arrojó el Estudio Global de Anfibios: alrededor de un tercio de las especies TREPARRISCOS Y UROGALLOS D esde las altas montañas de la cordillera Cantábrica, desciende por el frío el treparriscos hacia los acantilados marinos, y hacia los roquedos del norte. El treparriscos- -Trichodroma muraria- -se agarra a los cortados como una lapa, y trepa por ellos con las alas abiertas a modo de libro, buscando con su pico largo y curvado las arañas rupícolas que viven en las grietas. Igual que un albañil, silba siempre la misma estrofa mientras asciende sin andamios. En invierno se calla. Por eso resulta muy difícil localizarlo a primera vista pues tiene el tamaño de un mirlo y el gris de las piedras, y el macho un poco de carmín en las cobertoras del ala. En los veinte años que lleva trabajando de guía José Enrique Remís en el Parque Nacional de los Picos de Europa, sólo ha visto una vez al treparriscos, de casualidad, sobre la cueva de Covadonga, en un día de invierno. Se mezcla con la piedra como el urogallo con las hojas. Hace unos días, una hembra de urogallo saltó delante de José desde la rama baja de un haya y, teniéndola a un metro, sabiendo que estaba allí, no se veía entre la hojarasca. Causas de la desvitalización En cuanto a las principales causas de desvitalización y decaimiento cabe destacar los daños de origen abiótico, que junto a las fuertes defoliaciones primaverales, que puntualmente han afectado a muchas frondosas, y el continuado incremento del muérdago, agrupan la mayor parte de los síntomas identificados. El estudio ha detectado también un acusado decaimiento y muerte puntual relacionados con el déficit hídrico continuado y sequías puntuales, principalmente en el Levante, sureste y en áreas centrales de ambas mesetas. Las especies más afectadas han resultado ser los Quercus entre las frondosas, y el pino carrasco dentro de las coníferas.