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ABC LUNES 16 1 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ÍÑIGO MORENO A VUELTAS CON LOS TÍTULOS NOBILIARIOS Un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio y afecta a un sector muy reducido de la sociedad, que no parece disconforme con la ley que rige: ¿No sería conveniente renunciar a modificar esa normativa? E L 5 de septiembre del año 2005, el Boletín Oficial de las Cortes Generales, Congreso de los Diputados, publicó el acuerdo de admitir a trámite la proposición de ley sobre la igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios. La propuesta consta de solamente dos artículos y aunque lo bueno, si breve, es dos veces bueno, en esta ocasión no se cumple el aforismo. El primer artículo expresa la voluntad del legislador de igualar los sexos en la sucesión de las mercedes. El segundo anula las previsiones que pudieran contener las Reales Cartas de Concesión que contradigan lo anteriormente expuesto, e insta a jueces y tribunales a que actúen de acuerdo con la norma propuesta. Y ahí empieza y ahí termina la propuesta de ley sin otras explicaciones. Como quien pregunta no ofende, voy a plantear varias cuestiones. Si la norma llega a cumplir todos los trámites establecidos y es finalmente aprobada, ¿no van a considerarse la situación actual y los posibles derechos adquiridos? ¿La redacción presentada no atenta contra el artículo 14 de la Constitución? Y por último, ¿es realmente necesaria? Tanto los legisladores como la sociedad tienen asumido que los Títulos del Reino y las Grandezas de España son una distinción meramente honorífica que tienen un valor puramente simbólico y por ello no están en contradicción con una sociedad regida por el principiio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley tal y como se reconoce en el preámbulo de la propuesta de ley. Sin embargo, no son distinciones tan inanes cuando los dos partidos mayoritarios y Coalición Canaria han decidido unificar esfuerzos para presentar conjuntamente esta propuesta. Si quienes han llevado y llevan sobre sus hombros el gobierno de la nación desde que se aprobó la Constitución que regula España han considerado necesario legislar sobre esta materia, deben esas mismas personas comprender que para otros ciudadanos tiene también considerable entidad, y entender que un cambio significativo en sus principios puede producir daños e incluso conculcar derechos expectantes. ¿No es justo que el legislador contemple la situación de quien ha nacido y vivido bajo una legislación que le ampara sobre determinados derechos? Las Cortes tienen plena potestad para modificar las leyes existentes y promulgar otras nuevas, pero ¿cabe olvidarse de situaciones anteriores y eventuales derechos adquiridos? Existe un antecedente histórico que puede ayudar a acertar en esta ocasión: es lo acontecido en España cuando se abolieron los vínculos hereditarios, ya que el orden de sucesión en aquéllos era el mismo que rige en los Títulos y Grandezas y existe bastante similitud entre ambos casos. El 11 de de octubre de 1820, en los inicios del trienio liberal, se publicó la ley de supresión de los mayorazgos, que fue anulada en 1824 durante el decenio absolutista y restablecida de forma definitiva el 30 de agosto de 1836, muy pocos días después de que María Cristina, la Reina gobernadora, publicara la Constitución de 1812. La nueva norma buscaba liberalizar los bienes sujetos a esas instituciones, que eran inalienables, consolidando la propiedad en quienes ostentaban la posesión. Hasta entonces el dueño de un vínculo o mayorazgo era mero usufructurario del mismo por lo que tenía únicamente el goce de las propiedades, pero no los propios bienes de los que no podía disponer y cuyo disfrute había de transmitir a sus sucesores. La medida iba a afectar a muchas personas y lo hacía de dos maneras muy diferentes, con un beneficio grande para el que tenía el derecho y con un perjudicio evidente para quien había de heredarlo. Se aceptó entonces que el inmediato sucesor y heredero en el vínculo tenía un derecho adquirido que era necesario contemplar y salvaguardar. La decisión final fue dividir los bienes amparados por un vínculo, entre el titular, a quienes se le adjudicó el cincuenta por ciento del total, y el heredero del mismo, para quien se reservó el otro cincuenta. Como en el caso actual no hay bienes que repartir, pues se trata de una distinción única e indivisible, un modo de tener en consideración los derechos adquiridos podría ser que la ley entrara en vigor en los descendientes del actual heredero y sucesor según la normativa vigente. Pero aún queda un interrogante en pie: el interés porque no se discrimine a la mujer que impulsa la comentada propuesta está ya recogido en el artículo 14 de la Constitución, que dice textualmente: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social Una lectura atenta de ese texto descubre que tampoco es aceptable una discriminación por edad o nacimiento, es decir, si las Cortes promulgaran una ley para que la mujer no esté preterida frente al varón en la sucesiones de los títulos nobiliarios, deberán recoger forzosamente que tampoco se prefiere al primogénito frente a sus hermanos menores, so pena de incurrir en inconstitucionalidad. Con la redacción actual, la ley quedaría coja modificando un solo condicionante, la discriminación femenina y olvidando el otro, la primogenitura. Si no se regula esa segunda circunstancia, el precepto produciría confusión y podría acabar en el Tribunal Constitución. Aunque también pudiera escogerse la solución conciliatoria de que cada titular designe a su sucesor. A la vista de todo ello, y de que un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio como afirma el preámbulo de la propuesta, que afecta a un sector muy reducido de la sociedad, que, por otro lado, no parece disconforme con la ley que rige el asunto desde hace quinientos años, ¿no sería conveniente renunciar a modificar esa normativa? Marqués de Laula REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ZAPATERROR E INSIGNIFICANCIA La España profunda despierta pasiones y admiración tan profundas como insondables son las dudas que suscitan sus gobernantes y diplomacia. El Sunday Times publica varios artículos significativos, que presenta con una introducción de Chris Stewart, que fue el primer batería de Génesis, antes de convertirse en un escritor viajero, instalado en las Alpujarras, donde escribió un libro delicioso, Driving over lemons. An optimistic in Andalucia del que se han vendido más de 500.000 ejemplares, sólo en inglés. En su artículo del Sunday Times, Stewart habla con pasión de Córdoba, Jérez de la Frontera, Cádiz, Granada, Aracena, del perfume del azahar, de los vinos gallegos: un canto lírico a la España profunda. En el mismo periódico, John Carlin intenta resumir el arco iris de problemas nacionales de fondo y termina su artículo citando a un diplomático europeo, que declara: Hay que rendirse a la evidencia. La joven democracia española continúa frágil e inmadura Vista desde Washington, la inmadurez gubernamental toma proporciones liliputienses. En su artículo mensual para el Washington Post, Robert Kagan se pregunta si, en verdad, Europa misma no está renunciando a sus responsabilidades históricas, de inquietante manera: reduciendo sus presupuestos de defensa- -haciendo más vulnerable su dependencia- siendo incapaz de armonizar una diplomacia común, que Angela Merkel, continúa Kagan, intenta apuntalar, en los antípodas de la diplomacia monclovita. En ese marco, la simpatías gubernamentales (Chávez- Morales) se perciben muy alejadas de los intereses nacionales más profundos. La Nación, por ejemplo, publica un largo análisis de sus corresponsal en Washington, con este titular: EE. UU. cree que Chile es un ejemplo para la región La Tercera recoge unas declaraciones del presidente de México, Vicente Fox, que insiste en las diferencias de fondo entre los más que distintos socialismos sudamericanos. Ante tales perspectivas, las llamaradas racistas e indigenistas alimentan no siempre sutiles formas de rencor a flor de piel. El Universal destacaba ayer esta efeméride del día: España se anexa a Cuba en 1539 En el terreno chismográfico, en París, Le Figaro Magazine subraya que la más popular de las socialistas francesas, Ségolène Royale, es calificada de Zapaterror por sus subordinados en la región de Poitou, inquietos por sus imprevisibles manías autoritarias.