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ABC DOMINGO 15 1 2006 73 FIRMAS EN ABC MARIO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ- BARBA CATEDRÁTICO EMÉRITO DE LA COMPLUTENSE. CRONISTA OFICIAL DEL VALLE DE MENA ria, Siria, Irán, India, China, Senegal, Perú, Guatemala, México, Cuba, Venezuela, Argentina, Vanuatu, entre otros muchos. La gestión y realización de estos Festivales es un éxito personal de Andrés Gil a base de un trabajo tenaz, constante, de relación directa y personal con centros artísticos, universidades y entidades juveniles, que forman parte de una Asociación Internacional de Festivales, mediante consultas formales con la UNESCO, organización que, como sabemos, exige unos parámetros de calidad artística y de gestión con constantes inspecciones y seguimiento de resultados. Lo más llamativo de esta ardua labor por parte del concejal de Cultura es la entusiasta y desinteresada ayuda de jóvenes meneses de ambos sexos, la ayuda de otros miembros corporativos y el apoyo del empresariado local para proporcionar a cada uno de los grupos folclóricos el ejercicio de sus necesidades culturales, religiosas e idiomáticas. A cambio de que ellos exhiban su arte y su folcore ante la comunidad local y los turistas que acuden masivamente al espectáculo, se les presta manutención, alojamiento y sobre todo amistad y atención en convivencia con los meneses, de modo que, con posterioridad a su marcha, esos grupos son capaces de mantener un recuerdo vivo de su estancia en esa entrañable tierra burgalesa. Hace poco, un diario de Colima (México) cuya universidad tomó parte en la VI edición del Festival con un grupo de cuarenta y dos artistas y una espectacular coreografía, daba testimonio del recuerdo imborrable de los universitarios mexicanos compartiendo emociones con los jóvenes meneses y de otros países. Otro ejemplo lo constituye el caso del joven ucraniano, Dimitri Nazarenko, quien todos los veranos regresa a Mena para dejar constancia de su gran preparación como director artístico de los Festivales de Folclore. Estos son, en definitiva, testimonios de aproximación y convivencia de jóvenes del mundo entero con los meneses, un brillante y antiquísimo rincón de la Vieja Castilla, cuyo folclore compite en euritmia, el lenguaje que mejor comunica ideas y sentimientos, desde la profundidad de la cultura. Es obligado, por ello, hacer un alegato público de cuanto ha conseguido Andrés Gil García, prácticamente sin ayudas, contando sólo con su entusiasmo y dedicación, pero sobre todo promoviendo, impulsando, abanderando y gestionando toda esta actividad de reflejo universal. Y lo que más vale, transmitiendo su entusiasmo a un extenso grupo de jóvenes y compañeros de corporación municipal que, en sus vacaciones laborales o escolares prestan su apoyo y ayuda desinteresada para que el Real Valle de Mena- -una micro parte de España- -sea en el mundo de los cuatro vientos y de los cuatro continentes expresión de la alabanza del hombre de aldea, tal como explicó fray Antonio de Guevara: que todos los aldeanos puedan andar por toda la aldea solos, sin que cesen en caso de hermandad, ni pierdan cosa de su gravedad Hoy, como en el siglo XVI, el universalismo brota en quien quiere elevar el mundo local a su plenitud. LA PROYECCIÓN DEL REAL VALLE DE MENA EN LA HISTORIA CULTURAL Entiéndase la política como la organización de la convivencia; y la cultura como su resultado creador... netti y Miguel Delibes, hijos adoptivos de la provincia de Burgos a la que pertenece el Real Valle de Mena. Es éste un municipio con cuarenta y dos entidades locales menores (antiguas tierras de realengo, señorío y abadengo) de tres mil ochocientos habitantes, situado al norte de la provincia y que actualmente vive una decisiva transformación económica para pasar de una estructura milenaria agro- pecuaria, a una diversificación hacia el sector servicios y turismo medio ambiental y cultural. En éste último aspecto, el alcalde Robredo ha sabido elegir al colaborador más eficaz para el desarrollo del conocimiento cultural en todos sus niveles: el concejal de Cultura, Andrés Gil García que, en diez años de actuación, ha llevado a cabo un trabajo ingente con unos resultados espectaculares, lo que ha convertido al municipio en un referente mundial por medio, sobre todo, de la institucionalización del Festival Internacional de Folclore del Valle de Mena, que se celebra todos los años en el mes de agosto. Hasta ahora, se han celebrado seis festivales, con participación de veinticinco países o regiones, lo que supone más de mil artistas de los cinco continentes. Algunos de estos países y regiones que recuerdo han intervenido en los Festivales son Rumania, Ucrania, Servia, Chuvasia, Buriatia, Bashki- F RAY Antonio de Guevara, que conoció con intensidad y amor la vida rural y sufrió con resignación la de la Corte, escribió un canto emocionado de las virtudes y acomodamiento que adornan a los hombres y mujeres del campo tanto en la convivencia política como en la comunidad social, subrayando las diferencias que existían entre unos y otros. En su obra, la España del siglo XVI aparece transparente en un momento en el que nuestra cultura- -sin matices diferenciales- -es proa de la civilización occidental. Fray Antonio de Guevara fue un excepcional observador de las formas de vida cotidiana, del sentido de la convivencia política y de la intelectualidad espiritualista de la sociedad de aquel tiempo. Entiéndase la política como la organización de la convivencia; y la cultura como su resultado creador, porque orden y entendimiento, identidad y representación son los fundamentos de esa convivencia. En ambos casos se necesita disponer de guías para el orden, luces para el entendimiento, el cimiento de la cultura, modos de entender la vida, aco- modamiento a la realidad, estilo de educación, sistema de convivencia, espíritu comunitario, respuesta a los desafíos universales, sentido del arraigo, instancia de identidad: todos los contenidos que constituyen la realidad en un espacio histórico concreto. Llegados a este punto, quiero llamar la atención sobre quienes hoy mantienen en un pequeño rincón de España de rancia estirpe histórica y cultural, como es el Real Valle de Mena, junto con los de Angulo, Ayega y Tudela, los ideales democráticos municipalistas sin decaer en el mantenimiento de la tradición y sin cejar en su propósito de establecer vínculos con otras culturas. El objetivo no es otro, naturalmente, que subrayar cómo, en el mundo real, se generan fuerzas profundas en las que hay que concebir el más alto sentimiento de un acendrado espíritu patriótico con apertura a los aires renovadores y desafiantes de lo universal. Así lo ha entendido quién ocupa, desde hace veintiséis años, la alcaldía del Valle, Armando Robredo Cerro, recientemente nombrado, junto con Vela Za- HERMENEGILDO ALTOZANO ESCRITOR LAS TARDES ÚLTIMAS STOS últimos atardeceres son de color sepia. Hay un tamiz de bruma que filtra la luz del sol y la deja, adormecida, sobre los tejados, sobre las copas de los árboles. Donde las torres. Las fachadas de los edificios, los objetos, los árboles, se desdibujan como si los esmerilara el vaho que se nos escapa cuando respiramos. Traemos el frío atornillado a las manos. Una bufanda gris alrededor del cuello. Las solapas del abrigo subidas. Caminamos con prisa, como si de este modo alcanzáramos a dejar a nuestra espalda las temperaturas bajas. Pero el frío pertinaz nos prende y te arrebujas, entonces, entre los pliegues de un chal. A pesar del improvisado chador el vaho que rebasa los muros de tela me habla de que sigues ahí. También la mañana ha sido fría y, sin que lo notáramos, ha dejado caer la niebla sobre las calles. La niebla se despliega como si una mano gigante que no vemos hubiera cerrado los visillos. No sabemos si los demás pue- E den vernos. Poco importa. Tal vez nosotros tampoco seamos capaces de distinguirlos de los árboles, de las farolas, de los postes que jalonan las aceras. Esta tarde el viento no es tan violento como días atrás y sólo puede agitar, breve, los papeles caídos y las hojas caídas. El viento de estos últimos atardeceres hace temblar apenas un charco perdido. Sólo de vez en vez el viento reclama su nombre con ímpetu y no deja lugar a la duda, como no la dejara sobre el farallón que se asomaba al mar embravecido otro atardecer cualquiera. Eran otros crepúsculos y eran, también otros vientos. ¿Dónde la línea que distingue el aire del viento? ¿La brisa, del aire? Cuando nos sentamos en algún café lo hacemos con la esperanza doble de que el olor de la tinta del periódico nos traiga los argumentos que precisamos para colonizar las páginas en blanco del cuaderno y de que aquellos a quienes aguardamos- -aunque ni nosotros, ni ellos, sepamos quié- nes son- -vengan a sentarse a nuestra mesa. Hemos subido a lo alto. Para ver cómo se refleja el sol en los cristales. Para apurar la conversación y las bebidas a sorbos cortos. Para agarrar la tarde por la cintura. Para contemplar la ciudad desde arriba. Sabemos que en unos minutos las luces postreras del sol de invierno emprenderán una retirada silente. Cuando sólo quede el reflejo en las ventanas superiores, en la linterna de las catedrales, sabremos que, más abajo, otras luces- -las lámparas, las farolas- -comenzarán la colonización de la noche madrileña. Pides un café para que te sirva de estufa improvisada. Y rodeas la taza con las manos. Me invitas a que haga como tú. Que ponga las manos sobre las tuyas. Y, de este modo, salimos a la terraza para clausurar otro atardecer porque las torres no han sido capaces de atrapar las últimas luces. Van encendiéndose las linternas, las lámparas, las farolas, las ventanas. Nos dejan sentir que la ciudad está viva. Y volvemos a sentarnos, al cabo, junto al ventanal. Con la luz prendida y con el doble anhelo de que el olor de la tinta nos renueve los argumentos y de que aquellos a quienes esperamos vengan a sentarse a nuestra mesa.