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ABC DOMINGO 15 1 2006 Cultura 71 RYTHM BLUES Van Morrison Concierto de Van Morrison. Lugar: Palacio de Congresos y Exposiciones de la Comunidad de Madrid. Fecha: 14- I MAESTRO MORRISON LUIS MARTÍN l público de la música popular, por fortuna, no sólo le interesan los malabares de esos personajes que, habitualmente, encabezan las listas de los discos más vendidos, copan grammys y se entregan a toda clase de zarandajas televisivas. Hablo de réplicas de desecho que, con gran aparato, los telediarios anuncian con el sello del acontecimiento He aquí un concierto en el que anoche el público procuró grandes y sonoras ovaciones al campeón del soul y el rhythm blues Van Morrison. Y no diré que no le he disfrutado en otras ocasiones en noches más inspiradas, pero también es cierto que quien temiera un nuevo recital rutinario de esta leyenda de la música de nuestros días, se encontró con noventa minutos de concierto de expresión mayúscula. Este hombre se mantiene en rematada forma; sigue contando con una voz de amplia tesitura y, con ella, tocaba ahora volver a estrenar nueva sensibilidad con un temario que, en buena medida, se dedicó a recoger varias de las canciones incluidas en el que sigue siendo su último álbum, Magic time Arrancó la banda e, inmediatamente, la rítmica del blues se ajustó como un guante al recital. Keep mediocrity at bay Carry on regardless y This love of mine se fueron sucediendo, haciendo evidente que las cualidades de Morrison descansan, sobre todo, en una buena dicción, en la persuasión de su fraseo y en la sabia opción que ejerce en cada instante. Morrison se allega a los escenarios con un conocimiento ciclópeo de toda la música de la que ha sido testigo y protagonista desde los años gloriosos de su debut en Them. Tal vez por eso en el concierto tampoco faltaron estándares como Days like this la fatswalleriana Lonely and blue o Moondance este último a un compás diferente, marca de Morrison y marca también de la banda que le acompaña. Cada uno de los músicos de este grupo estuvieron, cuanto menos, a la altura. Sonaron francamente bien los metales de Martin Winning y Matt Holland, que fueron sintiéndose más seguros a partir de números como Magic time o Sold me out Y suelta, muy versátil, estuvo la guapa percusionista Teena Lyle, que también probó con el soprano. El piano, en cambio, trabajaba a trasmano con el director musical Ned Edwards, cuya guitarra actuaba como marcapasos de las melodías. Habían trascurrido sesenta minutos cuando Morrison mostró su caudal de conocimientos country. Nota tras nota, comenzó a adivinarse el dibujo de The stands the glass autoría de A Webb Pierce. Si alguien buscaba una lección de sutileza, aquí la encontró antes de que aparezca la próxima primavera en el disco Pay the devil Siguió luego una suerte de encadenados de blues y, de nuevo, una salva de clásicos- Precious time Have I told you lately y The healing game con los músicos ya completamente desinhibidos. Y, en la traca final, la hímnica Gloria con el personal en pie y bailando en el patio de butacas. Van Morrison sigue siendo tremendo. Y su mal humor también: golpeó varias veces el micro, abroncó al técnico de sonido y, por supuesto, no hizo ademán de saludo ni de despedida. Nadie es perfecto. Van Morrison supo estar a la altura de su leyenda ÁNGEL DE ANTONIO