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66 Los domingos DOMINGO 15 1 2006 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI MAHMUD AHMADINEYAD Presidente de Irán Pocos meses han bastado para convertir al nuevo presidente iraní en uno de los dirigentes más deslenguados y furibundos del planeta. ¿Qué busca en realidad Ahmadineyad? Profeta de desgracias ndo Mahmud Ahmadineyad ganó las elecciones presidenciales iraníes en junio del año pasado, como único rival del viejo zorro Rafsanjani, todo un ejército de acólitos se apresuró a quitar hierro a las credenciales de islamista radical que se había forjado durante su paso por la Alcaldía de Teherán. Ahmadineyad no participó, se dijo, en el asalto a la Embajada de Estados Unidos y en la toma de rehenes cuando su barba aún no lucía canas. Tampoco partió de él la propuesta de pintar los pasos cebra de la capital con la bandera norteamericana. Su director de campaña llegó incluso a desmentir en la televisión que Mahmud Ahmadineyad hubiese hecho la promesa de bañarse en caso de ganar las elecciones, un rumor que hacía correr esos días la malicia popular por los barrios que se abstuvieron masivamente de votar. El paso de los meses ha servido para confirmar que otros temores respecto a la personalidad del flamante presidente sí eran acertados. Ahmadineyad ha roto todos los puentes con un posible diálogo con Estados Unidos que su predecesor, el malogrado Jatamí- -reciclado hoy en musa de Rodríguez Zapatero para el diálogo de civilizaciones -intentó trenzar durante ocho años de espejismo reformista en Irán. El nuevo presidente abogó en un reciente discurso por borrar del mapa a Israel y, para hurgar más en la herida, declaró días después que el Holocausto es un invento sionista jaleado por los países europeos para legitimar el Estado hebreo. Mahmud Ahmadineyad tiene 49 años y una meritoria carrera de autodidacta. Hijo de albañil, completó sus estudios de Ingeniería sin perder un ápice de ardor revolucionario durante los años dorados de Jomeini. Su compromiso con el régimen islamista comenzó en la guerra irano- iraquí de la década de los ochenta, en la que luchó como basiyí (voluntario) en el cuerpo de élite de los Guardianes de la Revolución. Su celo le hizo destacar entre los clérigos chiíes en el poder. Durante la campaña electoral corrió el rumor, no desmentido, de que Ahmadineyad tenía como oficial el honor de dar el tiro de gracia a los ejecutados. ANORMALIDAD DE LO NORMAL Cua POR FRANCISCO DE ANDRÉS U Después de trabajar como instructor de los basiyí -una suerte de monjes guerreros dentro del aparato ideológico del régimen jomeinista- -Ahmadineyad se convirtió en gobernador de Ardebil, una ciudad ultraconservadora del noreste de Irán. Hace tres años emergió por sorpresa en Teherán, al convertirse en el candidato del Líder Supremo- -el ayatolá Jamenei- -para presidir el ayuntamiento. Estaba abierta la veda contra los reformistas de Jatamí, y una masiva abstención popular en las urnas como protesta otorgó a Ahmadineyad las llaves de la macrourbe persa. Los dos años de alcalde fueron la crónica de una frustración: la de islamizar Teherán después de ocho años de aperturismo. El alcalde reinstaló en los edificios públicos la norma islámica de la separación de hombres y mujeres, pero proyectos como la construcción de cementerios en los parques para dar ejemplo a la juven- tud, o los esfuerzos por extender el chador- -el hábito negro femenino- -no tuvieron éxito. La resistencia pasiva ante la Sharía, el código de conducta islámico, es casi visceral entre la juventud urbana en un país que cuenta con una de las tasas de crecimiento demográfico mayores del mundo. Ahmadineyad se crece, no obstante, con la oratoria populista e incendiaria, con la que cree poder remover a sus conciudadanos como Jomeini en los años 70. No lo logró con la política local, y ahora lo intenta tocando la vena nacionalista al retomar el programa nuclear que puede y debe conducir a la bomba atómica. El problema es que, como aprendiz de brujo y absolutamente bisoño en materia de diplomacia internacional, el discurso chulesco e iconoclasta del presidente iraní puede producir mucho daño a un país que intenta salir, poco a poco, del aislamiento y de varias décadas de oscurantismo. na mujer y su pequeña hija han muerto asesinadas en Zaragoza, y los compañeros de las víctimas han declarado que el homicida era un hombre normal. Por otro lado, según los padres y amigos de los jóvenes que mataron a golpes a una mendiga en Barcelona, aquellos energúmenos eran chicos normales. Los vecinos de los presuntos miembros de AlQaeda detenidos en diversas ciudades de España, también aseguraron que los arrestados eran personas normales. Asimismo, todos los pedófilos que trafican con pornografía infantil por internet, son percibidos como gente normal en sus barrios, trabajos y hogares. ¿Por qué es tan difícil demostrar que ciertos adolescentes abusivos se divierten acosando y agrediendo a sus compañeros? Porque nunca faltan directores, maestros y padres dispuestos a declarar que en realidad son niños normales. Sospecho que una de las cosas que está fallando en nuestra sociedad es el concepto de normalidad ¿Cómo es posible que nadie detecte a los matones y acosadores en las escuelas? Porque las conductas agresivas y antisociales ya forman parte de lo normal Si el vigilante que asesinó a sus compañeros en Madrid no se hubiera presentado en el trabajo con una escopeta, tal vez nadie habría advertido que se trataba de un anormal. ¿Cuántos compañeros de trabajo se odian mutuamente todos los días? Es obvio que lo anormal es asesinar, pero tampoco es normal que tantas personas se calienten hasta chamuscarse en el sofrito de sus odios cotidianos. Ser educado, respetuoso y comedido al hablar debería ser lo normal, pero basta ver cualquier teleserie española para advertir que ya lo normal es emplear un lenguaje soez, vulgar y supurado de obscenidades. ¿Quiénes son los referentes de la normalidad en España? Los concursantes de Gran Hermano los personajes de las teleseries y la quincallería humana de la prensa rosa. Por eso hasta que no sucede una desgracia mortal e irreversible, nadie es capaz de distinguir a los normales de los anormales. Si trasladamos estos razonamientos al tráfico los resultados son más desalentadores todavía, pues lo normal es circular con exceso de velocidad, meterse alguna que otra vez en dirección prohibida, saltarse las colas de respeto a la hora de girar en los semáforos, hablar por el móvil sin dejar de conducir y- -por supuesto- -aparcar en doble fila. De hecho, quienes arrollaban a los peatones en los pasos de cebra dejaron de ser anormales en cuanto descubrimos que el inculpado del caso más sonado de atropello y fuga resultó ser un joven de lo más normal. ¿Qué le ocurre a los que circulan moderadamente y que no huyen cuando tienen un accidente? Por desgracia, pueden terminar acribillados a balazos. Por eso no me extraña que el último anuncio del Seat Ibiza sea toda una exaltación de la vagancia, la cretinez y la conducción temeraria, pues el anormal es un joven que estudia, trabaja y ahorra; mientras que el normal es un niñato creído, pasota e irresponsable. Toda la necedad contemporánea está resumida en esa publicidad del Seat Ibiza, que pretende demostrar que los macarras normales siempre adelantan- -en la carretera y en la vida- -a los sosos anormales El que esté libre de normalidades que encaje la primera piedra. www. fernandoiwasaki. com