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ABC DOMINGO 15 1 2006 Los domingos 65 separable Lopategui, Pandu, que moriría asesinado por los GAL. El único campesino euscaldún puro era Garro, un casero de Oyárzun, excelente versolari. Imaz, un obrero de Gatica, conocía a mi familia de los veraneos en su pueblo. Goio Larrazábal y Narci Artabe, dos sindicalistas, terminarían años después en Euskadiko Ezkerra. Estaban, en fin, dos del PNV que habían cooperado en el secuestro los Azaloa, Jokin padre y Jokin hijo. El padre desbarató años después una operación de ETA militar para atentar contra el rey durante una visita de éste a Roma y tuvo la debilidad de vender la exclusiva a Interviú. Fue asesinado a la puerta de su casa, en Algorta. Salvo Azaola junior y algún otro, los de ETA V podrían clasificarse dentro de lo que para mí era entonces edad madura; entre los de ETA VI, llamábamos a Pascual el Viejo, y eso que estaba en la treintena. las relaciones entre los grupos no eran malas, aunque habían sido mejores unos meses antes. Se echaba de menos a Luciano Rincón, antifranquista sin partido que había sabido pastelear con los de ETA V para crear una comuna que incluyera a todos los presos políticos, los de una y otra ETA, y a un puñado de troskos, que ya habían salido a la calle. Luciano había sido trasladado a Carabanchel, para uno de sus múltiples juicios pendientes. la comuna se mantenía, pero ahora que los únicos presos ajenos a los dos grupos principales eran Josepe y un sindicalista de Comisiones Obreras, miembro del PCE, los roces entre quintos y sextos se hacían más frecuentes. Mis camaradas de ETA VI consideraban a los de ETA V buena gente, pero con Cuando Josepe y yo salimos, por fin, al patio, fuimos recibidos con un amistoso abucheo por los presos políticos. Había dos grupos, el de ETA V, bastante numeroso, y el de ETA VI un nivel político ínfimo. Les parecía escandaloso que parte de ellos se hubiera apuntado al coro de la cárcel (aunque lo cierto es que algunos tenían voces maravillosas, sobre todo Gorro, que se pasaba el día repentizando versos, y habría sido cruel impedir que las luciesen) Hacían una excepción con Muñoa, al que consideraban bastante listo: un cabrón con pintas que manipulaba a las honradas bases. La discusión política entre unos y otros era tabú. Alguna vez que se planteó con anterioridad a nuestra llegada, la comuna estuvo a punto de romperse. había, no obstante, un sucedáneo: charlas sobre temas de interés general. A mí me encargaron dos. la primera, sobre lingüística vasca, transcurrió sin problemas. Sólo me interrumpió Joseba Urkizu, para informarnos de que su hermano Patri tenía en casa un armario lleno de estructuralismo La especialidad de Joseba eran los explosivos, aunque no se perdía en sofisticaciones científicas. Me explicó, por ejemplo, cómo hacer pequeñas bombas incendiarias con masilla de cristalero, gasolina y paquetes de Ducados. No supo explicarme las proporciones y se quedó pensativo cuando le pregunté si no sería posible sustituir los Ducados por Celtas, que salían más baratos. Era todo un empírico. Pero en mi segunda charla, sobre estalinismo y trosquismo, se empeñó en atribuirme la definición leninista de los nacionalismos como movimientos burgueses, y me prometió un par de hostias, a pesar de que Muñoa y Artabe intentaron aclararle que mi exposición era de tipo histórico y totalmente neutral. En Basauri había otros políticos, pero separados de nosotros. El cura Félix Vergara, implicado en el secuestro de Zabala, tenía la celda en otra galería. Sólo le vi una vez, cuando los de la comuna me eligieron para llevarle una cazuela de chipirones de Ondárroa. En el comedor, nos cruzamos con un grupo de viejos presos socialistas (entre ellos, Ramón Rubial) que cumplían condena. A los comunes, sólo los veíamos en la biblioteca y la sala de televisión. Nuestro enlace con ellos era Benito Gómez, un jovencísimo atracador de bancos que había sido militante de Comisiones y que representaba algo así como la aristocracia del bronce. según se decía, benito era un virtuoso de la lupara, la escopeta recortada. Vestía un traje de terciopelo negro, estilo Travolta, que se había llevado directamente del escaparate de galerías Preciados. Entre los comunes había una rígida jerarquía sexual, cuyo nivel inferior lo ocupaban los chorvitos, quinceañeros sodomitas por inclinación u obligación. De éstos, destacaba por sus habilidades Sapito Sesúmaga, un desgraciado subnormal de un caserío pobre de Lejona, al que pagaban incluso por suspirar. la droga todavía no había entrado en las cárceles, pero se cotizaba bastante alto un destilado de alcohol de quemar y peladuras de naranja. Los políticos flotábamos por encima de este fondo de humanidad sórdida, sin entrar en relación directa con sus habitantes. se me ocurrió que podría aprovechar la estancia en la cárcel para hacer un estudio del lenguaje del hampa, pero mis compañeros me lo desaconsejaron. Habla con Benito, si quieres. Con los demás es peligroso Título: Cambio de Destino Autor: Jon Juaristi Editorial: Seix Barral Páginas: 413