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64 Los domingos DOMINGO 15 1 2006 ABC LIBROS PREPUBLICACIÓN. Sólo el índice onomástico de Cambio de Destino (Seix Barral) es ya una invitación- -más bien una provocación- -para lanzarse a recorrer con Jon Juaristi el volumen de sus memorias. Se centran en sus primeros años y en sus militancias en el País Vasco. Juaristi, poeta, ensayista, catedrático y también presidente de la Fundación Papeles de Érmua, recuerda, con zumbona ironía, historias de familia, y con distancia de entomólogo, los febriles años de la Transición. Parte de esos años los vivió en ETA, tiempo que rememora con espíritu crítico, sin falsos arrepentimientos, pero con toda la artillería argumental de quien fue capaz de evolucionar, por convicción, y afrontando riesgos s trasladaron precipitadamente a la Comisaría Central en un furgón, para evitar que aquella bestia nos asesinara, supongo. No hay mal que por bien no venga- -le dije a Josepe- podrás alegar tortura ante el juez Nos sentíamos tan deprimidos que ni se nos ocurrió aprovechar el trayecto entre comisarías para preparar una coartada. Al llegar a Gordóniz nos separaron. Bienvenido, Juan Juaristi, de ETA VI- -me dijo Luis Ceitegui- Tu amigo y tu novia han cantado todo, o sea que no nos guindes. Ceitegui era el inspector de la Social que se encargaba de la universidad. Un chulo al que le gustaba pavonearse en los asaltos policiales a las facultades con un subfusil colgado del hombro. Pero también un acomplejado y, por lo que pude comprobar, un imbécil. En el mismo instante en que habló, supe que Josepe y Arene no le habían contado nada de provecho. Un policía inteligente habría dosificado la información. Pasó dos días tratando de que admitiera mi pertenencia a ETA VI, y finalmente tuvo que conformarse con una magra declaración en que reconocía mi participación en la asamblea de distrito y en la manifestación de Arenal. Me zurró a conciencia, eso sí. Mientras pasaba a limpio mi declaración. el del pelo rizado me dijo: Con que de Filología, ¿eh? seguro que yo se más latín que tú, chaval. Pasé diez años en el Seminario. Me tendió la hoja para la que la leyera y se la devolví tras echarle un somero vistazo, diciéndole con el tono más desdeñoso que pude: En latín, Cristus y Christi se escriben con hache. me lo tendió de nuevo. Mientras yo lo leía, se levantó, rodeó la mesa y me arreó un puñetazo en la cara que me derribó de espaldas, con silla y todo. Volvió a sentarse, pausadamente, y me dijo: Cristo y Dios Padre se escriben como me sale de los cojones. Humpty Dumpty, pensé, limpiándome la sangre de la nariz. No Jugando a la lucha de clases Una vez firmada la declaración, me permitieron ver a Arene, que esperaba en el vestíbulo con sus padres y Lide. Ander y Maitena estuvieron muy amables conmigo y me invitaron a visitarles cuando terminara todo aquello. Los policías me devolvieron después el reloj, las llaves y la cartera y dejaron entrar a mis padres. Mi madre me abrazó emocionada y mi padre montó el inevitable número del qué poco fuste tienes y qué disgustos nos das. Ceitegui se presentó a despedirse y me tendió la mano ante mis padres. Adiós, Jon- -me dijo- A ver si te encarrilas y no te vemos más por aquí. Adiós, Luis- -le contesté- Ya nos veremos en Cervera. Fue una venganza algo cochina, lo admito. Por pura casualidad me había enterado meses atrás, a través de un amigo carlista, Javier Laviña, de la que madre de Ceitegui vivía en Cervara de Alhama y él la visitaba a menudo. Retuve el dato sólo porque Cervera estaba a tiro de piedra de Corella. No tenía intención alguna de organizar ni de facilitar un atentado contra Ceitegui o su familia, por supuesto, pero me encantaba la idea de que aquel hijo de puta perdiese el sueño durante una temporada. Lo cierto es que acerté de lleno. se quedó helado, balbuciendo incoherencias. pasó varias veces por casa de mis padres, preguntando por mí, mientras yo estaba en la mili, y la registró a conciencia en diversas ocasiones, hasta que debió pensar que lo mejor era olvidarse del asunto. Nos metieron en un furgón: Arene esposada con Josepe, y yo con un tipo grande y gordo que se presentó como Bengoa, del partido En estos casos, es de mala educación preguntar de cuál. El juez lo puso en la calle y ordenó nuestra prisión incondicional. Me separé de Arene, ante sus padres y los míos, con un caso beso. A Josepe y a mí nos metieron en un furgón diferente. En la cárcel de Basauri, pasé el periodo de aislamiento leyendo el Quijote, lo que emocionó no poco al funcionario que me pasó la lista del fondo de la biblioteca. Nadie lo pide, con lo bueno que es este libro y el bien que les haría a muchos de los sinvergüenzas que vienen por aquí me dijo. desde la celda oí cantar, el domingo por la mañana al coro de la prisión: Prometo ser bueno y honrado, Olvidar el pasado, Ser digno de Tí. ¡Virgen de la Merced Aunque delincuente, también tengo fe! Cuando Josepe y yo salimos, por fin, al patio, fuimos recibidos con un amistoso abucheo por los presos políticos. Había dos grupos, el de ETA V, bastante numeroso, y el de ETA VI. Los de este último estaban al tanto de mi llegada por un aviso que les había mandado Martín Etxebarría. Lo curioso era que convivían, en la misma comuna, los últimos terroristas de ETAS VI (los participantes en el atraco de Derio) y los primeros de la ETA nacionalista reconstituida, que habían caído tras el secuestro de un empresario eibarrés, Lorenzo Zabala. Los de ETA VI eran seis, para no desmerecer de las siglas: Jesús Begoña, el Txo de Bermeo; José Luis Eguireun, Misko, de Galdácano; Salva González Bátiz, de Sopuerta; Aner Aramberri, de Éibar, y dos de Valmaseda, Pascual y Canive. De muchos de los de la ETA V ni me acuerdo. Allí estaba José María Muñoa, un ejecutivo de la Caja Laboral de Mondragón, que escaparía años después de la cárcel de Segovia. Fue el único de los evadidos que consiguió llegar a Francia, donde se unió a los polimilis. Joseba Urkizu, de Lezo, era el responsable del frente militar. Bajito y fornido, con grandes patilla a lo Zumalacárregui, no se quitaba, ni para ducharse, el anorak azul marino y la boina de ala ancha. se me presentó como hermano del escritor Patri Urkizu, que estudiaba por entonces en Salamanca. Estaba también Tellería, mi compañero de celda de Gordóniz, con su in- Nos metieron en un furgón: Arene esposada con Josepe, y yo con un tipo grande y gordo que se presentó como Bengoa, del partido En estos casos, es de mala educación preguntar de cuál