Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 15 1 2006 Los domingos 61 HISTORIA Y PREJUICIO Centenario de una patraña Los Protocolos de los Sabios de Sión y la superchería de una conspiración judía internacional tuvo sangrientas consecuencias en el siglo XX, sobre todo en la Alemania nazi, fue alentada por Henry Ford y goza de amplio eco en el mundo árabe POR ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ ay calumnias que tienen las piernas largas como el miedo. Una que se resiste a morir es la de la historia como conspiración, que una internacional judía maneja los designios del mundo. Esa formidable patraña sirvió y sirve para atizar prejuicios: propició la matanza de 60.000 judíos en Rusia bajo la acusación de que estaban tras la Revolución de Octubre, alimentó el delirio racial de Adolf Hitler y sigue hallando eco en el mundo árabe. Aunque el antisemitismo- -en realidad el miedo al otro- -goza de amplia raigambre en la historia, la especie de la gran conspiración judía internacional fue perpetrada en París en 1895 bajo las instrucciones de un siniestro personaje, vinculado a la Okhrana, la policía secreta zarista: Piotr Ivanovich Rachkovsky buscaba una coartada para las medidas anti- judías de Moscú. Los protocolos de los sabios de Sión inició hace un siglo su difusión internacional después de que en 1905 fuera publicado en Rusia como apéndice a Lo grande y lo pequeño obra de un oscuro místico conocido por el sobrenombre de Seguéi Alexándrovich Nilus, quien adujo que había traducido al ruso unos papeles que demostraban la doblez, cinismo y ambición del judaísmo: un manual para dominar el mundo. Aunque la superchería fue desmontada en 1921 por Philip Graves, un redactor del diario londinense The Times que encontró en Estambul un viejo ejemplar de los Diálogos en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, o la política de Maquiavelo en el siglo XX la mentira no expiró. El original francés parecía anónimo- -lo firmaba un contemporáneo pero como probó Graves en tres artículos publicados el 16, 17 y 18 de agosto de 1921, había sido redactado en realidad por el abogado Maurice Jol en 1858. Graves demostraba en La verdad sobre los Protocolos: una falsificación literaria que Nilus no sólo había transplantado párrafos enteros del texto de Jol sino plagiado también escritos del antisemita H Jacobo Israel, presidente de las Comunidaes Judías de España y de la Comunidad Judía de Madrid, en la principal sinagoga de la capital, situada en la calle Balmes. Abajo, una boda judía celebrada en Madrid en junio de 1931. decimonónico Hermann Goedsche. Lo que el reportero británico dejaba claramente al descubierto era la insostenible falsedad de que los Protocolos eran fruto de una logia secreta de sabios judíos, los anales de una conferencia sionista internacional presuntamente celebrada a fines del siglo XIX. Entre los propagandistas de esa teoría conspiratoria jugó papel estelar el magnate del automóvil Henry Ford, que financió varias ediciones del libro- -para León Klenicki, rabino argentino afincado en Nueva York y miembro de la Liga Antidifamación, un manual de odio antisemita -e impulsó una revista The Dearborn Independent dedicada a alertar de una amenaza judía que, como en la España de Franco, se asociaba al peligro comunista. El escritor estadounidense Philip Roth plantea en su última novela, La conjura contra América la hipótesis de que otro famoso antisemita, el aviador Charles Lindbergh, admirador de Hitler, ganaba en 1942 las elecciones frente a Franklin Delano Roosevelt y cambiaba el curso del siglo XX. Con motivo del primer centenario de esta sangrienta patraña, la jurista israelí Hadassa Ben- Itto ha publicado un esclarecedor estudio sobre la peripecia del libro. Desataron la curiosidad y el celo profesional de Ben- Itto las menciones a los Protocolos que varios diplomáticos hicieron en su presencia cuando representó a su país en dos asambleas generales de la ONU. En La mentira que no ha querido morir Ben- Itto, de 78 años, ex diplomática y juez del Tribunal Supremo de Israel, ha probado más allá de cualquier duda razonable que los Protocolos eran una falsificación remacha Frank Cass, de Vallentine Mitchell, su editora británica. Jacobo Israel (Tetuán, 1942) presidente de las Comunidades Judías de España y de la Comunidad Judía de Madrid, recuerda que las teorías conspiratorias tienen un origen medieval. Escéptico sobre la capacidad del libro de Ben- Itto para iluminar a quienes se alimentan de prejuicios, recuerda que desde Quevedo el antijudaísmo es una tradición nacional La primera edición española de los Protocolos es de 1927. Se volvió a publicar, en 1932, con prólogo del falangista Onésimo Redondo, y después de la guerra- -cuando la propaganda franquista metía en el mismo saco a rojos, judíos y masones hubo nuevas ediciones en 1948, 1963 y comienzos de los setenta, cuando entró a formar parte de la parafernalia ideológica de grupúsculos de extrema derecha, donde sigue confinada. En su despacho de la principal sinagoga de Madrid- -sita en la calle Balmes, en el centro de una recoleta plazuela de Chamberí- Jacobo Israel se explaya acerca de las contradicciones simultáneas del franquismo ante los judíos, ya que no dictó leyes raciales, pero creó un arhivo de judíos. Aunque admite que no hay antisemitismo fuerte en la actual sociedad española parte de la izquierda alienta un nuevo antijudaísmo al calor de la crítica a la política del Gobierno israelí hacia los palestinos. En La mentira que no ha querido morir la jurista Ben- Itto ha probado más allá de cualquier duda razonable que los Protocolos eran una falsificación