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56 Los domingos DOMINGO 15 1 2006 ABC PODER Y SEDUCCIÓN De la agonía de la IV República, entre la inmediata posguerra y 1958, quedan muchas historias mal exploradas de relaciones más o menos amistosas con mujeres casi siempre relacionadas con las artes y la cultura. Durante esa época, Mitterrand fue ministro conservador, tímidamente liberal, en muchas ocasiones. Sus imágenes de ministro de justicia, afirmando que Argelia es Francia vestido con empaque aristocrático, toman un toque libertino cuando los fotógrafos lo sorprenden contemplando con mucha audacia a la jovencísima Brigitte Bardot, con ávida mirada de gran predador. Con la llegada al poder del general de Gaulle (1958) comenzó para Mitterrand una larga travesía del desierto que duraría trece largos años, hasta el congreso socialista de Epinay (1971) que consumó al mismo tiempo su conversión al socialismo, su conquista del PS y su estrategia de la unión de la izquierda, finalmente victoriosa, en 1981. Durante esos diez años de larga marcha hacia el poder supremo, Mitterrand se rodeó de un sólido gineceo de mujeres socialistas, consagradas a su causa personal. De ese vivero saldrá la generación femenina (entre 40 y 50 años) que acompañó a Mitterrand durante su primer septenio. Todas eran militantes fervorosas, curtidas en la guerra ideológica permanente. Ninguna llegó a destacar más allá de la corte mitterrandiana. La primera primer ministra La que llegó más lejos, Edith Cresson, fue efímera primera ministra (la primera, en la historia de Francia) durante once meses (mayo 1991 abril 1992) Catherine Lalumiere llegaría al Consejo de Europa. Muchas otras fueron honradas ministras, como Nicole Questiaux, Yvette Roudy y Georgina Dufoix, pronto caídas o abandonadas en el fragor de la guerra política. La segunda generación de mujeres políticas, próximas a Mitterrand, es la que hoy ocupa puestos eminentes en el PS, se inició en política entre el primero y el segundo mandato presidencial. La más célebre de todas, hoy, Ségolène Royal, es la compañera de François Hollande, primer secretario del PS, y aspirante a la jefatura del Estado. Pero hay muchas otras, jóvenes (relativamente) y no menos ambiciosas, como Martiny Aubry (hija de Jacques Delors) o Elizabeth Gigou. Conquistado el Elíseo (1981) Mitterrand se rodeó de mujeres políticas. Y cultivó una corte personal, en la sombra. Durante casi veinte años, el presidente tuvo dos mujeres, oficial y oficiosa, viviendo una en el Elíseo y la otra a quinientos metros de distancia, sin encontrase nunca, oficialmente. Al mismo tiempo, hubo otras mujeres: el poder supremo tiene un poderoso atractivo erótico, carnal. Y, bien pasados los sesenta años, Mitterrand estaba acosado por una nube de señoras y se- Sus maneras de ministro conservador no ocultaron ávidas miradas de gran depredador a jovencitas como Briggite Bardot larga aventura sentimental con una estrella cinematográfica italiana. Y se han contado infinitas anécdotas sobre su gula y aficiones carnales, indisociables, en muchos casos, de los pasillos del poder. Sin embargo, en el terreno de la política, la presidencia Chirac marca el apogeo definitivo de la profesionalización femenina de la política, cuyo mejor ejemplo quizá sea el de Michéle- Alliot- Marie, actual ministra de la defensa, que ha escalado todos los peldaños de la política municipal, local, regional, nacional y gubernamental, con aspiraciones presidenciales, sin ceder nunca en su fidelidad sin tacha hacia su mentor y antiguo amigo de su padre, que fue durante muchos años alcalde de Biarritz. De las relaciones de Mitterrand con las mujeres se ha escrito mucho y se ha rumoreado hasta el infinito. Mitterrand fue un joven católico, muy conservador, anticomunista visceral, muy enamoradizo. De hecho la gran correspon- (Vienes de la página anterior) campaña a su moderado favor. De las relaciones de Giscard con las mujeres se han insinuado muchas cosas. Es leyenda una celebración nocturna, en coche, de su llegada al Elíseo. Y se ha llegado a escribir que fue padre del hijo de un antigua jefa de prensa, eurodiputada, más tarde. Son famosas algunas de sus frases más o menos íntimas sobre la belleza de las piernas de una de sus ministras, Alice Saunier- Séité, que, en su día, pudieron ruborizar profundamente a su esposa y al marido de su ministra. Los deslices de Chirac De las relaciones de Chirac con las mujeres existe ya una bibliografía y rumorología muy extensa. Fue Bernadette, la esposa del presidente, la primera en revelar públicamente las tentaciones mujeriegas del joven y maduro Chirac, que fue un hombre que tuvo mucho éxito entre mujeres de la más diversa condición. Se le ha prestado una Conquistado el Elíseo en 1981, Mitterrand se rodeó de mujeres políticas y cultivó en la sombra una corte personal. Durante casi veinte años, el presidente tuvo dos mujeres, oficial y oficiosa, que vivían a 500 metros de distancia dencia amorosa del presidente difunto permanece inédita. Se trata de unas 2.000 cartas que Mitterrand dirigió a Marie- Louise Terrase, una adolescente de la que estuvo perdidamente enamorado antes de a segunda guerra mundial. Los mejores conocedores íntimos de esa historia estiman que se trata de un documento significativo, para comprender las múltiples facetas del apasionamiento de Mitterrand por las mujeres. Tras las aventuras nada gloriosas de la ocupación nazi, cuando Mitterrand llegó a ser condecorado por el gobierno de Mariscal Petain, en Vichy, antes de participar muy confusamente en una resistencia que solo ha dejado huellas confusas, el futuro presidente de la República se casó por lo civil y en una iglesia con la hija de un amigo, una joven pizpireta, Danielle Gouze. Mitterrand era, por entonces, a juzgar por las fotos de época, un hombre alto, deportivo, vestido con mucha elegancia y que tenía modales de seductor con mucho mundo.