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50 DOMINGO 15 1 2006 ABC Sociedad Las otras víctimas del virus Oguz Yildirim vendía diariamente una tonelada y media de pollo y tres mil huevos desde su negocio en el centro de Ankara. Ahora su mostrador, igual que su tienda, están vacíos. Como nadie quiere pollo- -se lamenta- -tuve que destruir más de 2.000 kilos Ilker Yavuz es empleado en una tienda de animales de la capital turca. Tuvo que retirar todas las aves del establecimiento porque al ver pájaros, los clientes no entraban Ahora, en su lugar sólo queda un montón de jaulas vacías y un cartel de advertencia. Millones de personas viven en Turquía aún sin noticias y sumidos en la incertidumbre sobre la gripe aviar No las mato porque estas aves son lo único que tenemos TEXTO Y FOTOS: J. M. NIEVES ENVIADO ESPECIAL KAZAAN. Lo dicen las autoridades de Ankara, tanto el Ministerio de Sanidad como el de Agricultura. Lo dice también la Organización Mundial de la Salud. Y la FAO. Y hasta el hombre del tiempo... Este invierno será difícil de olvidar en Turquía. Tanto por el intenso frío, que superará en muchas zonas los veinte grados bajo cero, como por la psicosis creada alrededor de la gripe aviar, la enfermedad que ya ha matado a tres personas e infectado a quince más en este enorme país de más de ochenta millones de habitantes y que amenaza (nadie sabe qué será peor) con dejar en la más absoluta miseria a un sector de la población que se calcula (aunque es difícil precisarlo) en más de un tercio del total. Avicultores y ganaderos se han apresurado ya a cuantificar sus pérdidas económicas. Cuarenta millones de liras turcas (unos veinticinco millones de euros) al mes, como apuntaba ayer mismo en Ankara el jefe del sindicato de productores avícolas, Kemal Akman, es lo que perderá la industria al descender la venta de aves un 70 por ciento. de Kazaan, unos cien kilómetros al norte de Ankara, sus sesenta gallinas, ocho palomas y dos ocas son la única manera de sustentar a su familia (su madre, su hermano, dos sobrinas, su mujer y cuatro hijos) durante el invierno. Con el frío- -explica con gesto de preocupación- -todas las obras se paralizan y no tenemos dónde trabajar. Estas aves que usted ve son la única forma que tengo de dar de comer a los míos hasta la primavera Ahora, por supuesto, nadie en esta casa come huevos. Ni tampoco gallinas. No, no las comemos porque tenemos miedo. Pero tampoco las matamos, porque estas aves son lo único que tenemos Tanto Ali Hingal como su hermano mayor, Yasar, están contra la espada y la pared. Sacrificar sus gallinas y quedarse sin nada o correr el riesgo y esperar a que escampe. Lo peor, desde luego, son los niños. Les hemos prohibido que se acerquen a las aves y que no se les ocurra tocarlas. Pero es difícil, sobre todo para el pequeño, Ismail, Ismail, de cuatro años, se entretiene dando de comer a las gallinas con una vieja lata. Una tarea que su padre no le dejará realizar a partir de ahora por miedo al virus Enfermedad mortal, aléjese Si hay algo que abunda en Kaazan, son las granjas avícolas, una de las actividades principales de esta localidad de la Turquía central. Casi toda la producción se destina a los mercados y comercios de Ankara. Pero ahora la demanda es cero y las granjas, como Bak Pilig, en la imagen, permanecen cerradas. Halit Yilmaz, el propietario de uno de estos negocios, con 80.000 pollos que ahora engordan sin producir nada, está a la expectativa: Aún no sabemos lo que debemos hacer. Creo que el lunes (por mañana) el Gobierno nos dirá algo, seguramente que reduzcamos la producción. Estamos a la espera de instrucciones Mientras, este empresario, que está convencido de que el H 5 N 1 puede expandirse con el viento, ha cerrado a cal y canto su granja, con vallas metálicas, carteles de Peligro de muerte y Enfermedad mortal, aléjese No permite a absolutamente a nadie, cruzar esa verja. Ni hacer fotos. Permanece así, atrincherado, esperando a que alguien le diga lo que tiene que hacer... Menos de tres euros por gallina Pero eso sólo afectará a 100.000 personas, que son los puestos de trabajo que, según el propio Gobierno, genera este sector. Luego están los demás, todos los demás. Los que tenían (y los que aún tienen) gallinas en casa no para hacer negocio, sino porque era la única manera de tener huevos y carne para dar de comer a los suyos. La mayor parte de ellos ni siquiera sabe todavía que a cambio de sacrificar sus animales sólo recibirá las cinco liras (menos de tres euros) que el Gobierno piensa pagar por cada gallina muerta, las quince (unos ocho euros) que dará por cada ganso o pato o las veinte (doce euros) en que ha valorado el sacrificio de cada pavo. Para Ali Hingal, por ejemplo, un albañil que vive en las afueras de la localidad Bak Pilig, la mayor granja avícola de Kaazan