Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
44 Madrid DOMINGO 15 1 2006 ABC Son las once de la noche. Dos docenas de hombres se adentran en un club con luces de neón. En el piso de abajo medio centenar de mujeres lucen sus encantos. En los reservados, unas cuantas prometen alivio rápido a otros tantos varones. La redada acabó con 15 detenidas La vida triste de las chicas alegres TEXTO: M. J. ÁLVAREZ FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Jack ha vivido noches como esta. Miles de veces. Lleva más de 15 años en el Cuerpo Superior de Policía. A las 22 horas ha llegado a su puesto de trabajo vestido de paisano y con su arma reglamentaria en el costado. A la cita acuden otros compañeros como él y agentes uniformados. El dispositivo se pone en marcha. Dos docenas de hombres y sólo una mujer se suben en los coches, oficiales y camuflados, para dar comienzo a una misión rutinaria. Una de tantas. El objetivo es un club de alterne de un céntrico distrito. A su llegada, cada uno toma su posición y empieza la acción. Es el segundo día laborable de la semana, pero no faltan quienes pululan por las inmediaciones del lupanar. El parpadeo constante de las luces chillonas de neón auguran promesas traducidas en un alivio rápido, asegurado e inmediato. Quien paga manda. Basta un puñado de billetes para satisfacer los deseos más íntimos y urgentes. Sólo que esta noche, el cliente tendrá que esperar. Hasta que se marche el grupo recién llegado. El despliegue es sencillo y eficaz. En escasos segundos, los efectivos se presentan ante el encargado, quien pone cara de póker. Los funcionarios se colocan en las dos escaleras internas que comunican el local y en las salidas. Nadie puede moverse. Tras descender los dos tramos de peldaños revestidos de rojo con una cubitera en cada uno, nos adentramos en la penumbra. El revuelo, derivado de la presencia de los agentes es un hecho. Un corrillo de mujeres semidesnudas se arremolina en torno a la barra, expectante. Más de 650 clubes de alterne En toda la región hay más de 350 locales para practicar el sexo previo pago. Clubs de carreteras, moteles, hoteles, reservados, la variedad es inmensa. En algunos hay hasta un centenar de chicas, afirman fuentes policiales. Clandestinos. A esa cifra hay que sumarle otros tres centenares de chalés, pisos o pensiones ilegales de citas. A comisión. El funcionamiento de todos ellos es similar. Las mujeres trabajan a comisión: se llevan una parte de las copas y otra de las relaciones que mantiene con el clientes. En algunos clubes estos pagan una entrada que no incluye la copa. Las chicas pueden ganar entre 6.000 y 9.000 euros al mes Alojamiento. Cuando la prostituta se hospeda en el lugar en el que ejerce, paga por el alojamiento y la cama: 60 al día o 1.800 a mes. Suele suceder con las irregulares que, desde Barajas o los autobuses recalan en los pisos, en donde son retenidas. Cuando saldan la deuda contraída con las mafias- -1.500 euros- -abandonan el oficio; lo mismo sucede con las que logran legalizar su situación en nuestro país. puñado de hombres miran, atónitos, como si de una película se tratase. Algunos esbozan una sonrisa resignada. Otros se preguntan si han pagado la entrada- -18 euros- consumición aparte, en balde. Los precios del cava varían, en función del tamaño de la botella: benjamín (20 euros) medio litro (30 euros) litro (50 euros) Las que no tienen sus papeles en regla van a los vestuarios. Por turnos. A cambiarse. Van a emprender un viaje con destino a comisaría. Las explicaciones y las excu- sas que ponen a los agentes son variadas. ¡Venga! ¡Vístete! ¡Te vienes conmigo! zanja el agente. Según van acabando, el grupo que está ya preparado para salir a la calle aguardae en la escalinata. Las gotas de sudor caen por rostros jóvenes, hermosos, tímidos, aniñados, resabiados y asustados. ¿A dónde vamos? pregunta una muchacha, A comisaría. A identificarte responde Jack Pases a contrarreloj ¡Os lo tengo dicho! Que llevéis siempre los papeles con vosotras. Yo soy española y lo hago les recrimina la mami ¡Qué calor hace aquí! se queja un agente. ¡Hombre, es que las chicas van un poco frescas bromea la mujer, entrada en carnes. El guión se repite varias veces más. En poco más de media hora, el tiempo que dura la redada, la acción interrumpida en la planta baja y en el primer piso, donde se esconden los reservados para los pases de las meretrices prosigue, mientras la película que protagonizan poco más de una veintena- -22- -sigue en la calle. Las muchachas suben a los furgones. Unos golpes alertan a los funcionarios. Abren la puerta y asoma una cara, anegada en llanto. Es la de una chica rubísima. ¡Tiene claustrofobia! explican sus compañeras. Se sienta delante. En el local de la penumbra, otra joven explica en qué consisten los pases Su coste: cien euros por media hora de intimidad a contrarreloj. No todas lo hacen. Quien no quiere sólo ob- ¡Pasaporte! ¿Nadie más tiene? ¡Pasaporte! ¿Quién tiene? ¿No hay nadie más? intenta hacerse oír, entre el alboroto, un agente de la Unidad Central Contra las Redes de Inmigración y Falsificación (UCRIF) del Grupo VII. De forma ágil van dividiendo a las chicas en grupos. Todas tienen que ir a la taquilla añade la mami de local, que se autodefine como contable a preguntas de los agentes. Las mujeres de vida alegre tienen su cartera bajo llave. Cada una enseña su documentación. Comprueban los sellos de entrada. Las que tienen sus papeles en regla retornan de nuevo al salón, en donde hay un escenario en que más tarde habrá un espectáculo de strip- tease y baile. ¡Regresan tan contentas! Hoy tendrán más trabajo. ¡Tocan a más! dice alguien. Así es la vida. La escena en el lugar donde se producen los contactos con los compradores de sexo se ha quedado congelada. Un Jennifer es del Este. Acabó la noche en comisaría, detenida