Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 Nacional BAUTIZO DE LA INFANTA DOÑA LEONOR DOMINGO 15 1 2006 ABC La Infanta, que tenía un pequeño arañazo en la nariz, recibe las aguas bautismales de manos del cardenal Rouco Varela POOL bre radiante y pletórico. Aún Don Juan Carlos no era Príncipe de España. Era el Príncipe de Asturias de los monárquicos, con una situación tan delicada como incómoda. Representaba a su padre, el Rey en el exilio, sorteando con discreción y silencios los odios que Don Juan generaba en los ambientes oficiales del Régimen dirigido por una Prensa falangista ferozmente antimonárquica. Ya lo hemos recordado en alguna que otra ocasión. El nacimiento de su heredero le supuso a Don Juan Carlos tal cúmulo de fuerza y esperanza que hizo una apuesta tan valiente como arriesgada. Para ser padrinos de bautismo de Don Felipe nada mejor que seguir los eslabones de la dinastía: madrina, la Reina Victoria Eugenia, bisabuela del recién nacido; padrino, su abuelo, Don Juan, jefe de la Casa Real española. Pero los dos estaban en el exilio. La Reina Victoria no había vuelto a España desde abril de 1931. Don Juan vivía desterrado en Estoril, en abierta ruptura con Franco. Organizar aquel bautizo fue un auténtico encaje de bolillos donde se aunaron diplomacia, tensiones, esperanzas, suspicacias, generosidades y cicaterías. UN BAUTIZO SINGULAR SANTIAGO CASTELO nal Pacelli (futuro Pío XII) Fueron sus padrinos, sus abuelos la Reina Victoria Eugenia y el Infante Don Carlos. Como cronista, César González- Ruano. La ceremonia fue sencilla y breve. reinta años más tarde fue el bautizo de Don Felipe, hoy Príncipe de Asturias. Las circunstancias habían cambiado, pero aquel bautismo sí que fue el detonante para que las decisiones sucesorias se agilizaran. A Don Juan Carlos el nacimiento de su hijo varón, tras las dos niñas, le tenía exultante. Aparecía, en aquellos días de enero y febrero de 1968, como un hom- P ues claro que no es un bautizo cualquiera. Dejando aparte los tiquismiquis de si es varón o hembra, y si hay que reformar la Constitución, lo cierto es que la Infanta que ayer recibió las aguas bautismales es la primera hija y heredera de los Príncipes de Asturias y, por tanto, en este momento, la sucesora de la Dinastía histórica. Así de sencillo. Como tampoco debe de extrañar a nadie que el bautizo sea su primer acto digamos oficial. La Monarquía española goza desde el siglo XV del privilegio de ser llamada Católica y los Reyes de España han ostentado siempre, con profundo orgullo, ese título. O sea que si en el 90 de las casas españolas el bautismo sigue siendo el primer acto importante en la vida de una persona, el de la Infanta heredera no iba a serlo menos. Además se da una circunstancia: hace más de un siglo que no había una ceremonia como ésta con un Rey reinando. Cuando Don Juan nació reinaba su padre el Rey Alfonso XIII, pero era el quinto hijo de los Reyes, después de dos varones y dos hembras, y nadie pensaba que aquel Infante al que bautizaron a los cuatro días de nacer y pusieron Juan en honor del santo del día, andando el tiempo, iba a ser, en el exilio, el titular de la Dinastía. Don Juan había nacido el 20 de junio de 1913 en La Granja de San Ildefonso, en Segovia, a donde la Familia Real se había trasladado para sobrellevar- -sobre todo la embarazada Reina Doña Victoria Eugenia- -los calores del verano. La ceremonia del bautizo, contada con todo lujo de detalles en una página de ABC, fue solemne y sencilla. Nadie imaginaba que aquel quinto Infante encarna- P ría de derecho la Monarquía española de 1941 a 1977 con el nombre de Juan III y gracias a cuya generosidad y sacrificio pudo reconducirse la historia en la persona de su hijo y heredero. T E l bautismo del Rey Don Juan Carlos se celebró en el exilio romano, en una de las etapas más amargas de la historia de España. La nación se desangraba en medio de una espantosa guerra civil y la Familia Real vivía exiliada en Roma. Los españoles pudieron enterarse del nacimiento y bautizo del heredero del entonces Príncipe de Asturias gracias al ABC de Sevilla. (El de Madrid seguía requisado por el Gobierno de la República) El ABC sevillano se permitió el atrevimiento de publicar el 23 de enero de 1938- -día del bautismo de Don Juan Carlos- -una fotografía bellísima de Doña María en portada anunciando la ceremonia que se iba a celebrar en Roma. Ofició el carde- Después de tantas amarguras, cuando la Monarquía reinante ha dado 30 años de paz y prosperidad a España, este bautizo quiere ser como un bálsamo ero Don Juan volvió a Madrid. Al día siguiente regresó del exilio la Reina Victoria Eugenia. Resultó tan impresionante el recibimiento en Barajas que el hecho fue detectado tanto dentro de España, nerviosamente, como, expectantes, por las cancillerías extranjeras. Era la primera vez que se veía en Madrid- -en casi cincuenta años- -tan rotunda afirmación monárquica. Allí, entre los miles de personas que abarrotaban el aeropuerto, la Reina hizo la reverencia a Don Juan en presencia de un Don Juan Carlos emocionado y satisfecho. Tres generaciones de la Familia Real al encuentro con su pueblo y con un niño- -cuarta generación- -que aseguraba la dinastía. No nos han olvidado susurraba la anciana Reina. No nos han olvidado Todo era tan increíble y tan exacto. Y, sin embargo, estaba ahí. Se palpaba. Había una sensación aleteante y extraña. Algo estaba cambiando. Era como un pulso en el aire donde no se veían las fuerzas, pero cortaba el aliento. l bautizo se celebró. Don Juan Carlos y Doña Sofía estaban orgullosos. Se hicieron fotografías en color con las Infantas niñas y el recién nacido en brazos de su madre con la que obsequiaron a los leales días más tarde. No era una foto más ni había sido un bautizo más. El bautizo de Don Felipe, aquel febrero de 1968, supuso un antes y un después en la historia de la dinastía que es lo mismo que decir en la historia de España. Un año más tarde, Don Juan Carlos sería nombrado sucesor a título de Rey. Son recuerdos vividos. ¿Comprenden los lectores por qué éste no es un bautizo más? Después de tantas amarguras, cuando la Monarquía felizmente reinante ha dado treinta años de paz y prosperidad a España, este bautizo de ayer quiere ser como un bálsamo suavísimo y un rayo de esperanza. E