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46 Sociedad ABC EN EL CORAZÓN DE LA GRIPE AVIAR EPIDEMIA EN TURQUÍA SÁBADO 14 1 2006 ABC (Viene de la página anterior) dos hijos del segundo, que son los dos pequeños hospitalizados. Pero su casa no puede verse desde aquí. Está, sí, a orillas del pantano, pero a un par de kilómetros de distancia. Y es zona de cuarentena, cerrada y prohibida a todos excepto a los especialistas del ministerio que, protegidos en sus trajes especiales, la revisan de arriba abajo cada dos o tres días. Más de 500 millones contra la epidemia El brote de Turquía sigue preocupando al resto del mundo que se prepara para la temida pandemia. Varios organismos internacionales aprobaron ayer fondos extraordinarios para combatirla. La Comisión Europea destinará 100 millones de dólares (unos 80 millones de euros) para ayudar a los países de fuera de la UE y el Banco Mundial ya ha prometido 500 millones de dólares (unos 414, en euros) Además la Comisión Europea quiere adelantar fondos a Turquía, donde desde hace un par de semanas se produce un goteo continuo de casos entre sus habitantes. Ayer no se conoció ningún contagio nuevo; sólo Indonesia confirmó su duodécima víctima mortal. Pero se investiga si la muerte de una niña de 4 años en Turquía podría deberse al letal virus H 5 N 1. El padre de la niña fallecida aseguró ayer que la pequeña apenas podía respirar cuando se la ingresó en el Hospital de Diyarbakir. Se han enviado muestras de su tejido pulmonar a Ankara para conocer si es la cuarta víctima mortal del brote en Turquía. Gallinas, juguetes para los niños En dirección opuesta, por fin, aparece Kayabuku. Tres decenas de casas, destartaladas, como si no hubiera habido tiempo de terminar de construirlas, sucias, con chatarra en las calles y también en los patios. Aquí se aprovecha todo, se hace de todo, aunque la actividad principal es el cultivo de toda clase de verduras. Todo el mundo, eso sí, tiene tres o cuatro gallinas en casa. No en el patio, ni en el corral, ni cerca, sino dentro de casa. Y eso es porque dan huevos a la familia. Y carne. Y compañía. Y son estupendos juguetes para los niños. Ahora no queda ni una sola gallina en todo el pueblo. Ni en los alrededores. Hace dos días que todas fueron sacrificadas por los hombres del ministerio. Ningún vecino participó en la matanza. Ellos las cogieron, las encerraron todas juntas en un establo y después las fueron introduciendo en unas cámaras de gas portátiles que traían consigo. Después, fuera del pueblo y lejos de las fuentes de agua, cavaron un agujero de cuatro metros y las enterra- Muammer Köksal, alcalde de Kayabuku ron allí. Miembros del grupo de Defensa Biológica y Nuclear, una agencia privada al servicio del Gobierno, desinfectaron los cadáveres y también la tierra de la fosa común. A las puertas del café de Hayati Aydogan nos reciben dos funcionarios (esta vez de paisano) del Ministerio de Agricultura. Y el alcalde en persona, un hombre de cincuenta años (en realidad aparenta muchos más) que responde al nombre de Muammer Köksal. Los primeros insisten en acompañarnos a todas partes. El segundo nos habla de los Canak, una familia humilde y que ahora sólo quiere recuperar su vida. Hablé ayer con Ahmet (el tío de los pequeños) y los dos niños están bien. Sólo esperan el resultado de los análisis para volver a casa ¿Que a qué se dedican? Pues a cultivar, como todos los habitantes del pueblo. También tienen un par de bueyes y tenían gallinas. Ah, y cazaban. Cazaban patos salvajes. Ojalá no lo hubieran hecho nunca...