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ABC SÁBADO 14 1 2006 45 Sociedad La ley antitabaco británica, tan dura como en España, divide al Gobierno de Blair quen proseguimos hacia Kayabuku, la aldea (de apenas treinta y cinco familias) en cuyas afueras vivían Iskender y Muharren Canak, los niños de dos y cinco años de edad que permanecen ingresados en el hospital Kecioren, en Ankara. Dos casos muy especiales Mucho más que cualquier otro de los 18 pacientes infectados por el virus de la gripe aviar en Turquía, estos pequeños traen, literalmente, de cabeza tanto a las autoridades sanitarias como a los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que han visitado el país. El motivo es que, a diferencia de los demás, no han desarrollado síntoma alguno de la enfermedad, y eso a pesar de que un primer análisis dio positivo en ambos a la presencia del letal virus. Los dos se habían contagiado tras jugar con los restos de dos patos que su padre había encontrado muertos en el pantano junto al que viven. El progenitor ocultó los cuerpos de las dos aves, junto con los guantes que utilizó para manipularlos. Pero los pequeños lo descubrieron todo. Y se infectaron. Los padres, al enterarse, acudieron rápidamente a consulta. Los análisis dieron positivo en los dos niños, a pesar de la ausencia de síntomas. Este hecho hizo que se especulara con la posibilidad de un nuevo tipo de H 5 N 1 o, por lo menos, de nuevas y peligrosas capacidades del virus desconocidas hasta el momento. Los especialistas están ahora a la espera de un segundo análisis, que realiza el laboratorio londinense de la OMS, antes de extraer conclusiones definitivas. Militares y personal del Ministerio de Agricultura controlan los coches que salen de la zona infectada FOTOS: J. M. NIEVES Turquía blinda las zonas con casos de humanos infectados por el virus de la gripe aviar ABC visita la pequeña aldea, a cien kilómetros de Ankara, en la que vivían dos de los niños contagiados con la peligrosa cepa H 5 N 1 JOSÉ MANUEL NIEVES. E. E. KAYABUKU. El primer soldado da el alto a pocos cientos de metros del cruce que lleva a Kayabuku, una pequeña aldea campesina que pertenece al término de Beypazari, a poco más de cien kilómetros al oeste de Ankara. Parece un control militar corriente, rutinario. Pero no lo es. Asoma la cabeza dentro del vehículo, observa, sonríe y hace una seña para que continuemos. Despacio, entre dos filas de conos na- Zona prohibida El camino, helado, serpentea durante varios kilómetros entre secas lomas y montones de tierra y barro. Ni un hilo de vegetación alegra este paisaje marrón y gris hasta el horizonte. Al fondo, un pantano del color del acero con varias hileras de cedros mortecinos en su orilla, y un pequeño grupo de casas. No es la aldea, sino cuatro o cinco viviendas aisladas. Igual de aisladas que el caserío en que habitan los Canak, hoy famosos en todo el mundo, una familia de siete miembros en total: el abuelo, sus dos hijos, Ahmet y Muhammet, con sus respectivas esposas y los (Pasa a la página siguiente) ranja, llegamos al puesto de control. Aquí, los militares llevan mascarillas en vez de cascos, y están acompañados por personal del Ministerio de Agricultura de Turquía, funcionarios enfundados en amplios monos blancos, con la capucha calada hasta las cejas, gafas protectoras y botas impermeables. Todo es poco con tal de defenderse del invisible enemigo contra el que se libra esta guerra, el mortal virus H 5 N 1. Armados con llamativos fumigadores de color naranja, los funcionarios rocían cuidadosamente todos los vehículos que salen de la zona infectada. Los que entran, como el nuestro, serán desinfectados al salir. Si no tienen mascarillas, no pueden continuar anuncia un oficial del que sólo se pueden ver los ojos. Las tenemos, así que tras un nuevo examen del vehículo y una serie completa de consejos y prohibiciones no toquen nada manténganse dentro del camino no se detengan en el campo si ven un animal muerto, no se acer-